"Muchas mujeres que han sufrido abusos luego no se atreven a ser jefas, a pedir nada"

Irene Moray, directora del corto Suc de Síndria (‘Zumo de Sandía’, en castellano), cuenta cómo la meditación ayuda para que los actores puedan trabajar papeles profundos y dolorosos

No es una chica trendy y no ha terminado la universidad; es una outsider entre fotógrafos y cineastas, pero su trabajo habla solo. Empezó a hacer foto fija en rodajes a los 16; a los 26, Irene Moray (Barcelona, 1992) acaba de presentar su segundo corto, Suc de Síndria (‘Zumo de Sandía’, en castellano) y sacude donde pisa. En la Berlinale fue nominada a los próximos Premios EFA del Cine Europeo, en el festival de Medina del Campo se ganó un billete a los Goya y en Málaga conquistó al público y la prensa.

Unos abandona la sala, otros tildan su trabajo de pornografía, pero la admira este trabajo por lo que es: una representación directa y delicada de una realidad cruda: una de cada tres mujeres en el mundo han sido violadas, pero no llevan una bandera que lo indique, ni un cartel en la frente, ni un trauma visible. No todas, en cualquier caso. Una violación es un instante en la vida, pero una mancha negra en tu interior, tienes que volver a iluminar. Así lo trabajó Irene con su protagonista, la actriz y directora Elena Martín. 

1. ¿Qué tienen que ver el reiki y el cine?

Fui terapeuta y la espiritualidad es muy importante en cómo vivo y cómo trabajo. Durante el rodaje, guiaba a los actores a través de meditaciones para llegar a un sentimiento que no tenían en su interior. A Elena le expliqué las cosas básicas de su personaje, cómo había sido la violación, la terapia posterior… y ya. Luego hacíamos meditaciones. Yo la guiaba a través de sus sentimientos ante el sexo. Cuando iba a llegar al orgasmo lo que veía era una mancha negra que se iba haciendo más grande y se bloqueaba. Era un trabajo un poco chamánico de ir a un lugar espiritual muy concreto, que existe y del que puedes volver. La llevaba de la mano y le decía: esta es la puerta, entra en esta habitación, luego sales y lo dejas todo allí. Una noche ella tuvo pesadillas muy heavys de que la violaban. Eso era que algo había salido mal y tuvimos que hacer un poco de reiki. Hay que ser valiente para aceptarlo.

2. El reiki te permitió también conocer las historias de muchas mujeres que habían sufrido.

Eran experiencias muy pequeñas y sutiles pero que tenían un peso enorme. Que el novio, mientras tenían relaciones sexuales había hecho algo sin permiso; que tus padres te obligaban a darle dos besos al señor que a ti te daba mal rollo. No paraban de venir mujeres que no podían tener orgasmos. Eso me inspiró mucho a la hora de escribir. No sabía que era un problema tan extendido. Aprendí mucho sobre cuáles son las consecuencias de un abuso, de la culpa que sientes, que coges lo que es tuyo… muchas mujeres que han sufrido abusos luego no se atreven a ser jefas, a pedir nada… todo esto lo trabajamos mucho. El trabajo venía de antes y siguió después.s

Victor Puigcerver

3. "Si te hubieran violado no lo dirías así", lanza un personaje.

Hay un arquetipo que es “la mujer violada” y si no encajas con él, "no te ha pasado". Se presenta como prueba en un juicio, por ejemplo, que has ido de fiesta (después de la violación). Si no estás en casa traumatizada, sintiéndote culpable, tapada y sin follar eres “una mala violada”. Quería aportar una visión más sanadora. El corto te acompaña de una forma dulce a ver ese dolor, derribando algunos tabús. Es un abrazo, en lugar de una hostia.

4. Más allá de preguntarse si se puede correr una mujer después de ser violada, ¿qué dice el público?

En Medina del Campo, la mitad de la gente se fue (a mitad de la película). Mujeres riéndose. Otros luego me decían que había escandalizado, que a algunos les había parecido tan explícito que lo vieron como porno... aunque en las escenas de sexo solo enseño las caras. En Berlín pasaron el corto en una sesión especial para jóvenes de 13 y 14 años porque les parecía interesante que lo vieran. He visto también hombres muy emocionados, llorando porque los ha tocado mucho. Esto es muy bonito. Y luego me he sorprendido mucho con algunas preguntas de periodistas hombres: “quiero que me digas si esto te a pasado a ti”, insistía uno. ¿Y si me hubiera pasado qué te importa? Ha habido situaciones muy exageradas pero en general el público ha sido bastante receptivo.

Irene Moray

5. Condensas en 20 minutos los reclamos de millones de mujeres en el 8M.

Como mujer, aunque no te hayan violado, llevas una herida colectiva y sientes todo el tiempo que se sobrepasan los límites de tu cuerpo. Todas tenemos una historia de un momento en que se ha cruzado una barrera y no lo veo representado en el cine desde una perspectiva de la superación o la sanación. Cuando vemos una violación suele ser súper explícita y con un morbo raro. Piensas: “si a alrededor del 30% de la población le ha pasado, se lo estás haciendo revivir, y de una forma erotizada”. Si no es así, te enseñan a la típica mujer traumatizada. No estoy de acuerdo. Sí, puede que le haya pasado, pero el abuso no la define. Puede tener una herida, pero también tiene derecho a ser feliz.

6. Hablas de tu rodaje en femenino.

En el rodaje había más o menos 60% mujeres, 40% hombres y en la postpo 50-50. Yo no concibo no trabajar así. No necesito que todo sean mujeres, pero equilibrar el equipo, aporta una energía súper diferente. Busqué gente talentosa pero también sensible. Me da igual que vengas de eléctrico, necesito que sepas qué estamos haciendo porque en este set los actores están trabajando desde un lugar muy profundo y hay que respetarlos. Y funcionó: todo fluyó, no hubo un grito en todo el rodaje, todo fue muy tranquilo, gente que lloraba, se abrazaba…

7. En realidad, lo que vemos es una relación idílica.

Todos los personajes se equivocan y tienen conflictos, pero intentan ser la mejor versión de ellos mismos. Cuando la cagan, piden perdón y buscan su espacio. Yo intento ser así y me relaciono con gente también lo es o que al menos lo intenta. En general, empieza a haber algo de conciencia, pero también hay mucha insensibilidad. Mucha gente vive en una realidad en que piensan que las mujeres se inventan las violaciones. Cuanto más cambiamos, más sale la contraparte. La gente que se resiste al cambio.

La princesa Mononoke

8. Lena Dunham te gusta porque "te dio permiso" para explicar tu historia como mujer.

No he podido estudiar cine por motivos económicos y por eso pensaba que no podía hacer cine. La gente que tengo más cerca es la que más me inspira porque me puedo identificar. Y Lena Dunham, cuando vi Girls, pensé “es mi sentido del humor”. Ahora estoy escribiendo un largo y como referente tengo a Hayao Miyazaki y eso no significa que vaya a hacer algo similar. Hoy en día para mí Carla Simón, que además la conozco, es un ultrareferente porque la tengo muy cerca, es muy talentosa y pienso que si ella lo puede hacer, por qué yo no. Kubrick me encanta, pero no es un referente. Es una eminencia.

9. ¿Y Japón?

Nos criamos con el manga. De jovencita, me gustaba porque había ahí algo oscuro, arquetípico. En general, en Asia, los dioses y los humanos están mucho más integrados. Me encantaba Utena, una cosa ultraloca, muy arquetípica... son dos niñas en un instituto, pero tienen algo mitológico, como de cuento popular. A veces es así, el personaje más bueno se muere, ojalá no, pero pasa y no hace falta que te lo justifiquen a nivel cinematográfico. Viene la bruja, te echa un hechizo y no hay más que hablar. En el cine que ves la espiritualidad no está tan integrada y a mí me interesa.

Elena Martín y Max Grosse

10. Suc de Síndria es como espiar a esa pareja por una mirilla.

Pensaba que mis dos cortos no tenían nada que ver: el primero (Bad lesbian) es una comedia súper punk y explícita y esta, mucho más sensible.... pero un amigo me hizo notar que coincidían en la manera de ver la temporalidad. El primero es una noche, el segundo, un finde. No me lo había planteado. El largo que estoy haciendo tampoco es un personaje que crezca a lo largo de los años, sino que me lo imagino todo muy juntito. Es verdad que tengo este sentido de la temporalidad. Tal vez porque soy joven.