Esta docuserie hará que nunca más vuelvas a ver las drogas con los mismos ojos

'El Negocio de las Drogas', una docuserie de Netflix de seis capítulos, intenta alejarse del estereotipo de "drogas malas" y "drogas inofensivas" y representar una visión más completa sobre el narcotráfico

La “guerra contra las drogas” es la frase que se utiliza en los telediarios para hablar de cómo las autoridades intentan luchar constantemente contra un enemigo grande, malvado e invisible: el narcotráfico. El discurso general es, como bien sabemos, “las drogas son malas”, pero luego todos consumimos alguna, desde las más duras, hasta las recreativas, comunes o legales (como el alcohol y, en algunas partes del mundo, la marihuana). Pero no todo es cuestión de blancos y negros.

Netflix acaba de estrenar una docuserie, El Negocio de las Drogas, en la que intenta aproximarse a este tema tan recurrente desde una perspectiva un poco diferente. Por ejemplo, eliminando el estigma de “los traficantes pequeños son criminales peligrosos sin escrúpulos”. En el primer capítulo, dedicado a la cocaína, entrevista a un vendedor, Ray (un nombre falso que usa para no ser reconocido), que explica que él es de los eslabones más pequeños de la cadena del narcotráfico, pero, a su vez, es quien recibe más violencia policial y más persecución de las autoridades.

Por supuesto, el documental no excusa la responsabilidad de Ray, pero tampoco lo convierte en un enemigo público, sino en un humano con una vida complicada y profundas contradicciones. Con su entrevista intenta buscar la perspectiva humana: en un negocio tan gigante, un drug dealer pequeñín (que vive en Estados Unidos, sin seguridad social ni ayudas a familias necesitadas) es tan víctima como el que se enganchó a esta droga y tiene que gastarse más dinero del que tiene para satisfacer su necesidad. Ray ha entrado en este negocio para poder ayudar a una familia en riesgo de exclusión que solo encuentra esta salida en un ambiente marginal, mientras que el gobierno se gasta más dinero en reprimirlos que en ayudarlos a salir de la pobreza. "No tengo ni agua potable y vendiendo heroína puedo comprar una nevera y un microondas para mantener a mi familia", explica otro vendedor anónimo, atrapado en las redes del narcotráfico, engañado por una promesa de salir de la marginalidad, en el capítulo dedicado a la heroína. 

En el mismo episodio también intentan señalar a todos los que provocan que la cocaína se mueva en el mundo, porque todos los peldaños tienen la misma responsabilidad. Es decir, no solo culpa a los grandes cárteles y los pequeños traficantes que la mueven de mano en mano. Según la presentadora, son igual de responsables los empresarios de Wall Street que, bajo la excusa del “hedonismo de su estilo de vida”, como lo define, generan la demanda.

La presentadora en cuestión es Amaryllis Fox, exanalista de la CIA que, viajando por el mundo y a través de seis capítulos dedicados a una droga en concreto (cocaína, MDMA, heroína, metanfetamina, cannabis y opiáceos), intenta crear una visión general del mercado de la droga sin estereotipos: ni es fruto del demonio, ni tampoco es inofensiva, como a veces creemos. Este último aspecto queda reflejado, sobre todo, con el quinto capítulo, el documental dedicado a la marihuana.

“Por supuesto que es una droga accesible y poco peligrosa, pero su producción ilegal también produce víctimas”, explica. Tras exponer los beneficios de legalizar la producción de marihuana viajando a plantaciones legales de California, el mayor productor mundial, se traslada a los focos más violentos del tráfico ilegal de esta droga que, al igual que el tráfico ilegal de cocaína, es violento aunque no ocupe tantos titulares. ¿La conclusión? Legalizar la marihuana ha reducido la violencia porque prohibirla “no es la mejor opción cuando su consumo parece prácticamente inevitable”, concluye uno de los expertos que la acompañan.

Las entrevistas a expertos, además, no se limitan a agentes de policía y figuras de gobierno, con una opinión sesgada y crítica contra el uso, producción y tráfico de drogas. Por ejemplo, entrevista a comunidades que sobreviven de ello, traficantes pequeños que, como explicábamos antes, aportan una perspectiva humana, doctores para contar los efectos que tienen a corto y largo plazo (y por qué algunas son muy adictivas pero otras, con un consumo reducido, no son para tanto), y hasta economistas y expertos en marketing que analizan por qué son tan provechosos los grandes imperios de la droga.

El cártel de Pablo Escobar funcionaba igual que IKEA, por eso ambas han sido empresas de éxito”, explica un economista a cámara. “Entender por qué están tan bien montados estos imperios es crucial para entender por qué nunca acabará la guerra contra la droga”, asegura otra entrevistada. ¿La conclusión de la docuserie? Las drogas son peligrosas, sí, pero además los métodos usados hasta ahora para reducirlas han resultado inútiles y han creado tanta violencia como el propio mercado ilegal. Y nuestra visión está muy estereotipada y toca replantearnos muchas cosas que sabemos para entender todo este fenómeno en su complejidad.

CN