Agosto, el mes para pensar que una juventud sin planes no es tan dramática

'La virgen de agosto' es la última película de Jonás Trueba y cuenta la historia de una mujer de 33 en el punto de inflexión

Cuando llega el verano, si vives en Madrid, lo primero que piensas es en cómo salir de allí. Pero la ciudad tiene muchas razones para quedarse en agosto: las fiestas de los barrios, museos fresquitos, programación cultural, ríos no tan lejos en los que ir a refrescarse y, sobre todo, mucha tranquilidad. Las calles, a ciertas horas del día, parecen escenarios de western, secarrales ardiendo donde no se levanta ni una mota de polvo, pero si te lo montas, Madrid es un planazo.

Eva (Itsaso Arana) es una mujer de 33 años y la protagonista de La virgen de agosto, la última película de Jonás Trueba. Ha decidido quedarse en Madrid cuando todo el mundo se va de vacaciones para pensar cómo quiere enfrentarse a un cambio de vida. Está sola en una casa prestada y aprovecha este aislamiento en su propia ciudad para reflexionar. La quietud de la película te enseña que por pequeño que sea el gesto que hagas, si quieres generar un cambio, va a pasar. Ella, simplemente, camina por el Madrid silencioso y se va encontrando con personajes que la hacen salir de su rutina, que nunca conocemos. Es como una historia de aventuras chiquitas.

Es una película lenta, rápidamente comparada con la nouvelle vague de cine francés de los años 60 (películas caseras, íntimas, políticas y de artistas jóvenes), que avanza con tanta calma que hasta sientes el aburrimiento ante la vida de una mujer tan indecisa o bloqueada por un momento en que se espera de ella que tenga planes de trabajo, de maternidad, de echar raíces después de haber conocido otros países, de tener una casa como la que no es suya. Es un retrato delicado de una generación que sufre por hacerse mayor.

Una generación se define cuando sus artistas empiezan a dar sentido a todo lo que han vivido. La virgen de agosto, escrita a cuatro manos por Jonás Trueba e Itsaso Arana, la actriz protagonista, es tan cercana a nosotros que incomoda. Te llegas a retorcer en la butaca cada vez que Eva habla, a ver si consigue decir una frase entera con convicción. Recomendable para ir, con paciencia, a recibir una dosis de realismo.