El mapa de contaminación lumínica de España te enseña dónde ir si quieres ver las estrellas este verano

Hay un tipo de contaminación, la lumínica, que está profundamente silenciada. Toca hablar de ella, porque sus efectos son terribles y todavía estamos a tiempo de que no se vuelvan irreversibles 

En las primeras semanas de agosto hay uno de los fenómenos más bonitos del verano, la lluvia de Perseidas. Porque sí, el verano no es solo solecito, playita, vacaciones y cócteles, también son las lluvias de estrellas, los cielos estrellados y los avistamientos planetarios. Bueno, en teoría. Porque lo más probable es que la contaminación lumínica te va a impedir que veas estos fenómenos en su plenitud.

Por eso, ya han surgido los movimientos de activistas contra la contaminación lumínica, que creen que ver el cielo estrellado debería ser un derecho y no una excepción. "¿Sabías que durante el verano, en el hemisferio norte, deberías poder ver la Vía Láctea recorriendo el cielo de horizonte a horizonte?", se pregunta Cel Fosc (‘Cielo Oscuro’, en catalán), asociación contra la contaminación lumínica. Probablemente no, porque la capa de luz que cubre las ciudades te lo impide. Y no solo a ti, sino que son dos tercios de la población mundial los que no ven el cielo como corresponde.

La contaminación lumínica se origina por muchos factores, pero sobre todo por “la mala calidad del alumbrado exterior, tanto público como privado”. Por ejemplo, las luces urbanas más usadas no son de bajo consumo y usan mercurio y otros metales pesados. Así, “cada noche se envía su energía hacia el cielo, donde objetos microscópicos —moléculas de aire, polvo en suspensión, y gotitas de vapor de agua— reflejan gran parte de la luz desperdiciada de vuelta a la Tierra”, añade la asociación.

Si no ponemos remedio a esta contaminación, es muy probable que en unas pocas décadas “todo el globo esté envuelto en una cubierta brillante que nos impedirá ver la magia del universo con nuestros propios ojos”. Por suerte, todavía estamos a tiempo de ver las estrellas. No en las ciudades, por desgracia, pero sí alejándonos lo suficiente de las áreas metropolitanas. Para saber dónde verlas, hay muchas organizaciones medioambientales que han desarrollado mapas que señalan la contaminación lumínica en todo el globo. El Light Pollution Map es el más actualizado, pero no el único

Light Pollution Map

Para entender como leerlo: blanco es muy contaminado. Típico cielo de ciudad donde se ve una capa naranja y ni una estrella. Negro es cielo totalmente limpio, es decir, lo que encontrarás en Siberia. Para empezar a ver las estrellas más o menos bien tienes que ir a zonas amarillas. Igualmente, no verás el cielo en su plenitud, de hecho, probablemente ni la mitad. Pero, como mínimo, es más que nada. Lo ideal sería negro, por supuesto, pero en España lo mínimo a lo que puedes aspirar es a color azul.

Lo triste de estos mapas es que revelan el impacto de la contaminación. Ni yendo a sierras próximas a ciudades puedes salvarte. Por ejemplo, Montserrat o la Sierra del Garraf en Cataluña están totalmente contaminadas. Ni tan siquiera el Montseny tiene una visibilidad completa del cielo. Son espacios naturales cuyos cielos están tapiados por el área metropolitana. Si eres catalán, para ver bien el cielo, toca irse hacia el Pirineo.

Cataluña no es la única zona contaminada. Madrid, por supuesto, también. La Sierra del Hoyo está en pleno foco de contaminación, y lo más cercano para ver con cierta calidad el cielo es la Sierra Norte de Guadalajara. Andalucía está también densamente contaminada. A nadie le sorprende que la costa sea el principal foco de luz artifical. El problema está en que se expande a toda la comunidad: solo en algunas partes de Sierra Nevada y de las Sierras de Cazorla puedes salvar la contaminación y ver un buen cielo.

El mapa europeo es igual de dramático (o más) que el español. Ciudades llenas de contaminación que se expande a sus parajes naturales más próximos. Destaca el eje Bruselas-Rotterdam-Dusseldorf, una mancha blanca y roja en el mapa, y el norte de Italia, una de las zonas con más contaminación lumínica de Europa.

Toca irse fuera de nuestro continente para encontrar zonas puramente negras, sin contaminación lumínica. Rusia, Asia central, el interior de África o Australia, el Estados Unidos rural, el Amazonas o el norte de Canadá son algunos de los mejores sitios para ver el cielo en su plenitud. Y sí, es muy triste tener que irse tan lejos para ver las estrellas.

Este mapa debería ayudarnos a reflexionar: ¿cuándo pondremos remedio? La contaminación lumínica es igual de perjudicial que otros tipos de contaminación. Por una parte, están los problemas de salud: tanta luz puede provocar o reforzar trastornos del sueño. Además, es un derroche de dinero, “Cataluña derrocha más de 5000 millones anuales en iluminar en exceso y de forma poco eficiente”, añade Cel Fosc. Un gasto energético absurdo porque no hay buenos planes de iluminación ni infraestructura lumínica pensada para el bajo consumo.

Por supuesto, también afecta a los hábitos animales. Se destrozan ecosistemas porque todos aquellos animales nocturnos deben adaptarse o emigrar, rompiendo el delicado equilibrio de la naturaleza. Pero también los hábitos humanos. Los grandes filósofos, científicos y pensadores se inspiraban mirando la inmensidad del cielo. Hoy, los nacidos en ciudad no podrán ver “la mayoría de las constelaciones, el planeta Saturno, y muchas estrellas de mediana magnitud”, explica la NASA. Hemos renunciado al cielo y se lo hemos arrebatado a los animales. Pero todavía estamos a tiempo de evitarlo. Por eso, tenemos que empezar a hablar de este tipo de contaminación tan silenciada.