Insultos, rechazo y homofobia: el acoso a una pareja gay con covid en un pueblo de Málaga

Rafa y Mario contrajeron covid mientras estaban en el pueblo de visita familiar y rápidamente empezó el acoso. Sin embargo, el covid solo era una excusa para lo que realmente estaba sucediendo: homofobia 

Después de la larga cuarentena, Rafa y Mario, un malagueño y madrileño que viven en Barcelona, decidieron ir de vacaciones a ver a sus familias. La primera parada, Málaga, la segunda, Madrid. Sin embargo, la pareja fue diagnosticada de covid, así que tuvo que cancelar la segunda parte del viaje. Lo que parecía que iba a ser una anécdota más del covid, se convirtió en uno de los episodios más surrealistas para ambos. “En el pueblo en el que estoy confinado por dar positivo en Coronavirus se están pasando fotos mías y de mi pareja por grupos de WhatsApp. Lo cuento para que cuando alguien de positivo (que pasará) no se le criminalice”, contaba Mario en Twitter.

“A pesar de toda la solidaridad y los aplausos y los ‘estamos juntos en esto’ que repetíamos durante la cuarentena, nos hemos encontrado con una falta profunda de empatía”, reflexionan, por videollamada. Se dieron cuenta que es fácil ser solidario cuando el covid parece que son solo cifras, pero que cuando el virus llama a tu puerta, llega el egoísmo y el rechazo.

Confinados de vacaciones

Pero, ¿cómo empezó todo? “Vivimos en Barcelona, pero viajamos unos días a mi pueblo de Málaga, donde crecí y donde ahora viven mis padres”, cuenta Rafa que, además, fue el primero en tener síntomas. “Empezaron cuando llegamos: problemas de olfato, gusto, mucosidad… pensábamos que era el típico resfriado de verano”. Pero luego, Mario también cayó: “tuve fiebre y parecía demasiada casualidad, así que fuimos al hospital, nos hicieron las pruebas y dio positivo”.

Decidieron quedarse confinados en el pueblo, 15 días de aislamiento social y avisando a todas aquellas personas con quienes tuvieron contacto. Llamaron a aquellos que podían haberlos contagiado, cuatro amigos que visitaron a su casa, pero que dieron negativo, y algunas vecinas que se cruzaron de lejos y que, aunque no hubo riesgo (contacto de menos de diez minutos, con distancia social y mascarilla), por respeto y responsabilidad decidieron informarlas. También lo comentaron con algunos amigos íntimos cuyos planes tuvieron que cancelar. “Pensábamos que se quedaría ahí, pero fue cuando empezó la locura”.

Persecución por redes sociales

Como su pueblo es pequeño, la alcaldía transmite todas las noticias relevantes para el municipio en directos de Facebook. Por puro protocolo de sanidad, se hizo un comunicado explicando que había dos casos, pero sin decir nombres. “Nosotros pensábamos que no estaba sucediendo nada fuera de lo común, pero entonces empezamos a ver como las visitas a los stories de Instagram subían y eran gente del pueblo, gente que ni tan siquiera conocíamos. Nos pareció raro”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Los días siguientes, sus amigos empezaron a decir cosas como “ánimos”, “no hagáis caso a lo que dice la gente”, “la gente es muy mala”, “no habéis hecho nada malo…”. Cada vez era todo más raro. “No entendíamos nada, ¿qué estaba pasando?”. Entonces, la alcaldesa sacó otro comunicado diciendo que el foco estaba controlado y que no enviasen fotos de la gente en grupos privados, que dejasen de señalar a personas. “Cada día había un comunicado porque era todo muy dramático”.

Ahí fue cuando entendieron lo que sucedía: a raíz del primer comunicado, algunos vecinos empezaron a especular, querían saber quiénes eran los infectados. Llegaron, incluso, a llamar al ayuntamiento. En cuanto se descubrió quiénes eran los infectados, fue cuando empezaron a enviar fotos y datos personales por los típicos grupos de WhatsApp. El nivel de paranoia fue tal que el centro médico se colapsó y el ayuntamiento tuvo que llamar a la madre de Rafa para contarle la situación.

“Se creó una gran bola de exageración. El nivel de exageración fue tal que algunos nos llamaban, con buena intención, para saber si habíamos estado ingresados. Hay gente que incluso llegó a culparnos de haberlo hecho a propósito. Todos se pensaban que era más grave de lo que era. Nosotros dimos positivo, hicimos la cuarentena obligatoria y no tuvimos contactos de riesgo”, detallan.

El virus como excusa para ser homófobos

“Nuestras amigas, cuando nos daban apoyo, también nos decían cosas como ‘ya sabéis, en el pueblo la gente es más homófoba’. Nos resultaba curioso que nos apoyasen porque éramos pareja. Nos decían ‘sois libres, felices, no hacéis nada malo’ y nos enviaban el Emoji de la bandera gay. Nos parecía raro que por haber dado positivo en el coronavirus nos apoyasen por ser una pareja. Entonces entendimos que parte del odio y de todo lo que se dijo de nosotros (como descubrimos después, muchas barbaridades), estaba agravado por ser dos hombres”, explican. Al final, resultó que no era tanto el estigma del coronavirus (y el “nos habéis traído el virus al pueblo”) sino que era un acoso homófobo.

El mismo patrón se produjo cuando Mario escribió el tweet denunciando su situación, que rápidamente se hizo viral. “Se hizo tan grande que nos llegaron respuestas de vecinos LGTBI dándonos apoyo, demostrando que el estigma era por nuestra orientación. El covid fue, en el fondo, la excusa para la discriminación. ‘Encima de que son gays, nos traen el covid’”.

La culpa no es de los jóvenes (ni de nadie)

Durante estos días han tenido tiempo de sobras para reflexionar. Mario, por ejemplo, se ha dado cuenta de que los medios y campañas publicitarias no dejan de hablar de los rebrotes provocados por fiestas y jóvenes, “como si siempre fuéramos a sitios de riesgo ni respetásemos las medidas de seguridad. Así que si das positivo se te mete la responsabilidad: si te has contagiado es porque has sido irresponsable. Y eso conlleva mucho estigma y culpa para los jóvenes que nos contagiamos. Los medios están perpetuando un discurso que culpa a los jóvenes de contagio y la propagación, cuando no lo sistemático”.

El Consejo de la Juventud de España (CJE) coincide: hay una “imagen negativa y discursos dañinos que se están vertiendo sobre los jóvenes”. Ahora que, como informa eldiario.es, hay más rebrotes en jóvenes que al principio de la pandemia, “sitúa a este colectivo en el epicentro de campañas, advertencias y reproches”, a pesar de no ser el único que ha protagonizado los rebrotes veraniegos. “La solidaridad del principio… ¿dónde está? Nos hemos sentido muy solos. Lo que más nos ha impactado es que siempre estuvo en segundo plano si estábamos bien o mal”, se lamenta Mario.

Por supuesto, creen que haber estado en un pueblo no ha ayudado. Como explica Rafa, “nos ha pasado en una comunidad pequeña donde todos se enteran de todo. No sé si en una ciudad grande pasaría, pero si no pasa será porque no te enterarías, no porque estemos más sensibilizados. Este egoísmo y miedo está en todos lados”. Para Mario, la clave de todo lo que les ha pasado es que “el tema de la culpa es lo principal en el covid. Y no solo en el ámbito de pueblos, sino en todos lados. A pesar del apoyo, inevitablemente te sientes culpable, piensas el virus te ha caído porque te lo has buscado. Y, claro, no es así, y como el covid ha venido para largo (por lo que mucha más gente se contagiará), es un sentimiento que tenemos que desterrar, por el bien mental de todos”.