Le dimos vida a un pueblo abandonado y ahora nos quieren meter en la cárcel

Un grupo de jóvenes okuparon un pueblo manchego abandonado desde los años 60, pero el idilio podría llegar a su fin si el Tribunal Constitucional rechaza su recurso

Cuando Lalo, Isa y compañía recogieron el primer tomate de su huerto, Fraguas volvió a vivir después de más de medio siglo abandonado. El pueblo quedó vacío en 1969, cuando Franco limpió la zona para sembrar pinos y luego se convirtió en un espacio de prácticas de armamento. La maleza se hizo con los huertos, los techos de las casas empezaron a caerse y las maderas, a consumirse por los bichos. La mala hierba fue creciendo hasta convertirse en árboles, que aparecían también donde antes hubieron casas, pero donde ya solo quedaban paredes de piedra que empezaban a derrumbarse. Había pájaros, ciervos e insectos. Había lo que hay en los sitios deshabitados.

En marzo de 2013, cinco jóvenes de distintas partes de España llegaron al lugar. Empezaron a podar, a limpiar por dentro las casas, a separar la tierra de las zarzas, a despejar las puertas y a reconstruir. Encontraron hasta calles donde pensaban que solo había bosques. "Entramos con mucha ilusión y ganas de darle vida al pueblo", recuerda el madrileño de 34 años, Lalo Aracil. Habían pasado mucho tiempo buscando el sitio perfecto para instalarse y ese pueblo abandonado a una hora y media de Madrid, con árboles frutales, un manantial de agua y una estructura por descubrir parecía el escenario ideal para montar su proyecto.

Fraguas Revive

Lo primero era hacerse con un techo en una zona de Castilla-La Mancha donde las temperaturas bajan de cero durante los meses de invierno. Allí nieva, aunque con la chimenea, "entre el esfuerzo que haces cortando leña y el tiempo que te pasas delante del fuego, el frío ni lo notas", añade Lalo, que hace años dejó la carrera de Biología para dedicarse a una cooperativa de huertos y después a reconstruir Fraguas. 

Fraguas es un proyecto colectivo de autogestión rural comunitaria, un modelo que incluso el Banco Interamericano de Desarrollo apoya como forma para impulsar zonas deprimidas, pero no solo. En Europa, los expertos también apoyan este tipo de proyectos porque dan vida a áreas enormes abandonadas por el éxodo rural, recuperan especies y métodos de agricultura tradicionales que de otra forma se perderían y mantienen el territorio ordenado, con lo que se reduce el riesgo de desastres como los incendios.

Fraguas Revive

Del idilio a la cárcel

Fraguas fue recuperando la vida muy deprisa. En dos meses, ya eran una quincena quienes se habían sumado al proyecto. Algunos se mudaron desde Madrid para vivir de acuerdo con sus ideas. En cinco meses, levantaron el primer edificio, que ahora es la casa comunitaria. Pero la Junta de Castilla-La Mancha, propietaria del terreno que rechazó una okupación pactada, no tardó en poner freno al idilio y los denunció. Varios años después, y tras pasar por varias instancias de la justicia, seis repobladores, entre ellos Lalo, están condenados a un año y nueve meses de cárcel, además de multas para demoler el pueblo. Ahora, su esperanza es que la Junta acepte un diálogo para sacar adelante el proyecto, porque el Tribunal Constitucional, donde han presentado un recurso de amparo, no suele admitir a trámite este tipo de casos.

El sábado, el colectivo congregó en Madrid a un millar de manifestantes para intentar pedir a la junta que retire la denuncia. Pero Fraguas ya se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la despoblación del campo español y la manifestación tenía como lema "Por un mundo rural vivo y activo", apoyado por algunos políticos locales y grupos ecologistas. "Nosotros hemos presentado una alternativa a la despoblación y un modelo de vida ecológico", cuenta Isa, también madrileña y fundadora de la ecoaldea. Cree que la Junta utiliza Fraguas como ejemplo para mandar el mensaje de que no apoya estos proyectos, y tiene sentido: vivir sin pagar tan cerca de Madrid no es un modelo que quiera impulsar el gobierno local, aunque la zona esté prácticamente abandonada.

Fraguas Revive

Fraguas se levantó a base de prueba y error, aprendiendo a construir los acueductos y edificios mientras los levantaban —con las mismas piedras en ruinas— y viven con la energía que producen, con 24 placas solares. Con los frutales que recuperaron, como el membrillo, ciruelo o peral, hacen mermeladas que venden en mercados de la zona. También producen cerveza artesanal y ungüentos con plantas. Gracias a todo esto, pueden financiar la reconstrucción, que sigue avanzando pese a los tropiezos judiciales.

Parque natural protegido

Uno de los principales argumentos de la sentencia para ordenar la demolición de Fraguas alega que el pueblo se encuentra dentro del parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara, en una zona tan deshabitada que se conoce como la Laponia española, aunque ellos alegan que la zona fue desalojada de forma forzosa y que su presencia allí permite recuperar el bosque tradicional, que se perdió cuando el franquismo destinó la zona a plantar pinos para fabricar madera.

"Es parque natural desde 2011 y el pueblo aparece en el catastro del Marques de la Ensenada desde 1740. A pesar de ello, lo que hacemos es compatible con el parque natural. Por ejemplo, este sábado tenemos una reforestación de roble, que es la especie autóctona de la zona", explica Manu del Valle, de 21 años, y que llegó a Fraguas hace dos. Sigue estudiando Antropología a distancia en una universidad de Madrid, porque dice que no tiene sentido estudiar los modelos de autogestión desde el interior de un aula.

Todos son conscientes de que el futuro que les espera puede ser desde lo más esperanzador, hasta la cárcel. Están determinados a no pagar la multa, aunque hay grupos en todo el país (e incluso en Alemania) que recogen fondos para apoyar a Fraguas. También saben que si llega la orden de desalojo, muchos simpatizantes viajarán hasta el pueblo para atrincherarse e intentar evitarla, pero todo va a ser simbólico si la sentencia sigue firme. Tienen antecedentes de lo mejor y de lo peor, pero mientras tanto, Fraguas sigue recuperando su pinta de pueblo, sus huertos y sus olivos, y después de haber sido ejemplo del éxodo rural de los años 60, quiere ser ahora referente de la recuperación del campo.