Según la profesora de derecho del trabajo y seguridad social de la Universitat de les Illes Balears, María de Mar Crespí, “los datos no dejan lugar a dudas: el absentismo por incapacidad temporal lleva años creciendo en España”. Esta sería una realidad innegable. De ahí que las fuerzas empresariales y conservadoras hayan iniciado ya su particular cruzada: hace poco escuchamos al presidente de la patronal en Castilla-La Mancha llamar memos a los jóvenes que piden la baja por problemas de salud mental, leímos al presidente general de la CEOE solicitar al Gobierno que las bajas las pague la Seguridad Social al completo y oímos a Feijóo prometer que reducirá los sueldos durante las bajas si gobierna.
Hay varios factores que explican este aumento del absentismo. Entre ellas, escribe la propia Crespí, el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas. Sí, gracias al desarrollo de la medicina, vivimos más años, parte de ellos con dolencias que ya no son mortales, pero condicionan muchísimo la vida. Sin embargo, las críticas por parte de la patronal se centran principalmente en un factor: las enfermedades psicológicas. Es una cortedad de miras, pero, pese a todo, conviene prestarle atención. El problema no es la obsesión de la CEOE y las empresas con ellas. Es más bien el enfoque desde el que lo hacen: la criminalización y la banalización. Ahí es donde nos estamos atascando.
Porque en lugar de criticar a los trabajadores, especialmente a los trabajadores jóvenes, las empresas deberían abordar este fenómeno desde la prevención. A fin de cuentas, detrás de muchas de esas enfermedades mentales se esconden condiciones de trabajo cuestionables: “elevada intensidad laboral, jornadas irregulares, estrés, acoso o agotamiento, que aumentan la probabilidad de bajas médicas”. Y aquí es donde aparece el empresario de turno y dice “pues toda la vida de dios se ha trabajado duro y nadie se daba de baja”. Bueno, ya, porque no podían. Por desgracia, nuestros abuelos no contaban con los derechos laborales con los que contamos nosotros ahora. Pero la culpa no es nuestra.
De hecho, la propia especialista lo aclara: “En este ámbito todavía existe un amplio margen de mejora en prevención y vigilancia epidemiológica. Por ejemplo, un estudio realizado en Navarra estimó que un 17% de los trastornos mentales podían tener un origen laboral no detectado”. En lugar de faltarle el respeto a los trabajadores, la CEOE haría bien en promover que las empresas cuiden a sus trabajadores, además de apoyar la sanidad pública, de cuya calidad depende la velocidad de recuperación de las personas de baja médica. ¿O es que pretende que la gente trabaje bajo condiciones durísimas, sin acceso a una atención médica adecuada y sufriendo emocionalmente en silencio?
