Voy a hacer una confesión: sé perfectamente que debería ponerme protector solar todos los días y, aun así, muchas veces se me olvida.
Sobre todo en verano.
Me despierto, me ducho, me maquillo rápido porque, por supuesto, llego tarde y, cuando ya estoy saliendo por la puerta, pienso: “El protector solar” :’(
Y sinceramente, durante mucho tiempo no era solo despiste. También era pereza.
Porque muchos protectores solares me resultaban pesados, brillantes o incómodos debajo del maquillaje. Sentía que llevaba una capa más encima de la piel cuando precisamente en verano lo que quiero es todo lo contrario.
Por eso entendí tan rápido el fenómeno de los protectores solares coreanos.
No es que protejan de algo diferente. Es que consiguen que te apetezca usarlos.
¿Qué tienen los protectores solares coreanos que los hace tan popus?
Mi respuesta corta es: las texturas.
Mientras muchos protectores solares tradicionales siguen teniendo acabados densos o demasiado evidentes, los protectores coreanos llevan años obsesionados con una idea muy sencilla: hacer que protegerse del sol sea agradable.
Por eso existen fórmulas con textura sérum, geles ultraligeros, sticks para llevar en el bolso o incluso formatos pensados para reaplicar encima del maquillaje.
Los puedes cotillear aquí si quieres antes de seguir leyendo mis recos.
La sensación ya no es la de estar añadiendo una capa pesada a tu rutina. Es más parecida a aplicar un producto de cuidado de la piel.
Y cuando algo es agradable de usar, es mucho más fácil convertirlo en hábito.
No todos los protectores solares son iguales
Otra cosa que aprendí al entrar en el universo de la cosmética coreana es que elegir protector solar va mucho más allá de buscar un SPF 50.
Por un lado está el SPF, que protege frente a los rayos UVB, responsables de las quemaduras solares.
Por otro está el PA, que protege frente a los rayos UVA, relacionados con las manchas y el envejecimiento prematuro de la piel.
Por eso muchas fórmulas coreanas incorporan la clasificación PA++++, el nivel más alto de protección frente a los rayos UVA.
¿Los errores más comunes?
Si te sirve de consuelo, probablemente estés haciendo alguno de estos.
Pensar que el protector solar del verano pasado sigue funcionando igual. Aplicar una cantidad mínima para que no resulte incómodo. Ponértelo solo por la mañana y olvidarte el resto del día. O asumir que, si trabajas desde una oficina o desde casa, no hace falta.
La realidad es que los rayos UVA atraviesan las ventanas, que el protector pierde eficacia con el tiempo y que debería reaplicarse cada pocas horas.
Por eso precisamente los formatos cómodos importan tanto.
Los que más me han llamado la atención
Si tienes la piel mixta o grasa y buscas algo práctico para llevar encima, el Camo-Miracle Invisible Sun Stick SPF50+ de Meisani es probablemente el producto más cómodo de todos. El formato stick permite reaplicar en segundos y el acabado es mate y transparente.
Si eres de las que busca ese efecto glow saludable, el Aqua Fluid Sun Serum SPF50+ PA++++ de Slow Pure tiene una textura sérum ultraligera que prácticamente desaparece al aplicarla. Es de esos protectores que parecen más una hidratante que un protector solar.
Para pieles sensibles me parece especialmente interesante el Centella Soothing Sun Essence de Barr, que incorpora centella asiática y ceramidas. Tiene una textura cremosa ligera y deja la piel confortable durante horas.
Y si eres de las que en verano no soporta sentir producto sobre la piel o haces deporte con frecuencia, el I’M Aqua Sun Essence de Suntique es probablemente el más fresco de todos. La textura gel se absorbe rápido y funciona especialmente bien en pieles mixtas o grasas.
Si hay algún producto que te encaja o sientes que puede ayudarte a construir tu propia rutina, puedes encontrarlos todos en la web de MiiN Cosmetics con un 10% de descuento usando el código: MARINAPLOP5MIIN
La diferencia no está solo en la protección
Después de probar varios protectores solares coreanos me he dado cuenta de que el cambio no está únicamente en la fórmula.
Está en la experiencia. En que ya no siento que me estoy obligando a hacer algo que debería hacer. En que ya no tengo que elegir entre proteger mi piel o sentirme cómoda.
Porque cuando algo te gusta usarlo, es mucho más fácil acordarte de usarlo.
