El cáncer de mama es el tipo de cáncer más prevalente entre las mujeres. En España, concretamente, y según los datos de GEICAM, institución especializada en la investigación en cáncer de mama, “se estiman 132 casos por cada 100.000 habitantes” y la probabilidad de padecerlo en algún momento de la vida siendo mujer es de aproximadamente el 12,5%. Aunque suele aparecer entre los 35 y los 80 años, el riesgo es particularmente elevado entre los 45 y los 65 años como consecuencia de los mayores cambios hormonales alrededor de la menopausia. La buena noticia, sin embargo, es que la mortalidad de este cáncer ha descendido un 40% en solo tres décadas.
En concreto, y como cuenta el periodista científico Antonio Martínez Ron, “la tasa de mortalidad por cáncer de mama disminuyó alrededor de un 42% entre 1990 y 2023, según el estudio Global Burden Diseases publicado este martes en la revista The Lancet Oncology”. Para que te hagas una idea del alcance de la mejora, en el año 1990 perdían la vida hasta 24 mujeres por cada 100.000 habitantes a causa de esta enfermedad, pero para el año 2023, el último analizado, la cifra había bajado hasta los 13,9 fallecimientos. Lógicamente queda mucho por hacer para reducir estos números mucho más, pero muestran una evolución favorable consistente en el tiempo.
¿Debido a qué? Hay muchos factores involucrados. Para empezar, hay mucha más concienciación alrededor del cáncer de mama que treinta años atrás. Esto conduce a más autorevisiones cotidianas, a más revisiones médicas y, por tanto, a más diagnósticos. De hecho, apunta el propio Martínez, “el número de estos ha aumentado con fuerza: 65% más hasta rondar los 29.400 nuevos casos en 2023”. Y todo ello sin que haya cambiado sustancialmente el riesgo de sufrirla. Es simplemente que ahora se detectan más casos. Y eso es un éxito de toda la sociedad. Para el oncólogo Alejandro Pérez, “un gran hito sanitario por el que deberíamos de felicitarnos”.
Y luego está el desarrollo de tratamientos más efectivos. España, por fortuna, se encuentra dentro de los países con una buena inversión en los que se dispone de métodos avanzados de detección y erradicación. Esto no ocurre en todos los lugares. Como subraya este periodista, “mientras la mortalidad disminuye en las regiones ricas, en los países de rentas bajas la tasa estandarizada de mortalidad se ha disparado un 99,3% desde 1990”. Algo que debería hacernos luchar con más fuerza por proteger la sanidad pública y evitar así que ocurran casos como los de los cribados de mama en la sanidad andaluza. La privatización nunca será el camino.
