España tiene una de las mejores sanidades públicas del mundo. Y no es solo una percepción subjetiva. Como explican desde El País, “una de las variables más fiables para medirlo es la mortalidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable y, según estos criterios, la sanidad española es la novena de ranking”. No es el único: según un análisis sobre la base de datos Numbeo, España se sitúa en la décima posición de países del mundo con mejor sanidad. La cosa es que la sanidad española está gestionada por las comunidades autónomas y esto supone disparidades en los niveles de satisfacción. No son ni mucho menos los mismos en Andalucía que en Cantabria.
Así lo refleja el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre satisfacción ciudadana con la sanidad y sus servicios. Como bien apuntan desde eldiario.es, a nivel nacional el 51,6% de la población mantiene una valoración positiva del funcionamiento del sistema sanitario público. No obstante, este promedio esconde una marcada desigualdad, ya que Cantabria lidera la valoración con un 66,4% de opiniones favorables”, mientras que, “en el extremo opuesto, Andalucía registra el índice más bajo con un 38,8%”. Todo depende en buena medida de la financiación que cada comunidad destina a sus sistemas sanitarios y esto, a su vez, del partido que gobierne.
Vale, eso son datos generales. ¿Pero y qué pasa específicamente con la atención primaria? La cosa no cambia mucho. El informe del CIS revela que Galicia “registra el porcentaje más bajo de satisfacción de todo el territorio, situándose por debajo del 73%”. Le acompañan en esos niveles bajos Andalucía y Valencia. Por el contrario, y nuevamente, Cantabria es la comunidad en la que más feliz está la gente con la atención primaria, que es el servicio abrumadoramente más usado, esta vez junto con el País Vasco, ambas comunidades en torno al 90%. En cuanto a la atención hospitalaria, la media de satisfacción en España es de 7,02 puntos sobre 10. Está bastante bien, pero aún es mejorable.
El problema es que algunos gobiernos parecen empeñados en privatizar algunos de los servicios de la sanidad pública y, bajo el punto de vista de muchos, esto supone una pérdida progresiva de calidad. De hecho, lo que ocurrió en 2025 con la crisis de las mamografías en Andalucía, donde miles de mujeres no fueron informadas debidamente de resultados no concluyentes o no les fueron realizadas directamente las pruebas, es una muestra de lo que puede ocurrir si se recorta en la sanidad pública. En este sentido, un dato esperanzador para terminar: la preferencia por la hospitalización pública es mayoritaria con un 73,9% de los ciudadanos frente al 23,9% que preferiría la privada.
