¿Qué hace diferente a una marca cuando llega a París sin intentar parecer parisina?

Todo transmitía esa mezcla entre naturaleza y futuro que, si lo piensas, lleva décadas formando parte del ADN creativo de BCN y también de CUPRA

París tiene algo que intimida. No solo porque sea una de las capitales mundiales de la moda, sino porque parece que todo ya está escrito. Las grandes maisons, los códigos del lujo, décadas de historia... Cuando una marca emergente aterriza allí, la tentación es evidente: adaptarse. Hablar el mismo idioma. Parecer que siempre ha pertenecido.

Anoche, durante el debut de MAM en la Paris Fashion Week, entendí que quizá la estrategia podía ser justo la contraria.

Porque si algo me transmitió el desfile fue que la colección no había viajado a París para encajar. Había viajado para enseñar otra manera de entender el diseño.

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Barcelona también tiene una forma de hacer moda

Lo primero que pensé cuando empezaron a desfilar las modelos fue que había algo profundamente barcelonés en toda la propuesta. Las melenas largas, las siluetas casi de hada o de elfa, las joyas fundiéndose con el cuerpo... Todo transmitía esa mezcla entre naturaleza y futuro que, si lo piensas, lleva décadas formando parte del ADN creativo de BCN y también de CUPRA.

Es una ciudad que siempre ha convivido con las contradicciones. La misma que construyó edificios imposibles inspirándose en las formas de la naturaleza y que hoy sigue apostando por un diseño que no tiene miedo a experimentar.

Viendo el desfile pensé precisamente en eso. Igual que hace más de cien años hubo quien miró la Pedrera y pensó que aquellas formas orgánicas eran demasiado extrañas para convertirse en un icono, las piezas de MAM también parecen llegar de un lugar que todavía no existe del todo. Son futuristas, sí, pero al mismo tiempo tienen algo orgánico que las hace familiares.

Y quizá esa mezcla sea precisamente una de las señas de identidad de la marca MAM y de CUPRA.

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Cuando el diseño habla el mismo idioma

La puesta en escena reforzaba esa sensación desde el primer momento. No era un desfile de cinco colecciones independientes, sino una historia que avanzaba de principio a fin con una narrativa. Incluso antes de empezar había una pista de que allí todo estaba pensado: sobre cada asiento esperaba una esfera completamente plateada que nadie sabía cómo abrir. Durante unos minutos fue el tema de conversación de toda la sala. Un pequeño easter egg que resumía bastante bien el espíritu de la marca: despertar curiosidad antes incluso de enseñar el producto.

Entre todas las colecciones, From Data y Evolution fueron las que más me sorprendieron. No solo por las piezas, sino por la sensación de estar viendo cómo el diseño podía moverse entre disciplinas distintas sin perder coherencia.

Y ahí fue donde entendí realmente el papel de CUPRA en este debut.

Muchas colaboraciones entre marcas se quedan en compartir un logo. Esta no. Aquí lo interesante era descubrir que ambas hablan un lenguaje muy parecido. Tanto MAM como CUPRA entienden el diseño desde la experimentación, las formas orgánicas, la innovación y la voluntad de cuestionar lo convencional. No costaba imaginar cómo un mismo proceso creativo podía terminar convertido en una joya o en un coche.

Más que una colaboración, parecía una conversación entre dos marcas que llevan tiempo mirando hacia el mismo sitio.

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Las personas también construyen el universo de una marca

Hubo otro detalle que me llamó la atención: la lista de invitados no parecía pensada para reunir nombres conocidos, sino para representar distintos lenguajes creativos.

Por un lado estaba Clakovi, cuya estética siempre ha estado ligada a una belleza muy natural, fluida y orgánica. Esa forma de vestir que parece no seguir ninguna tendencia concreta, sino un estilo personal definido. Era imposible no encontrar ese mismo imaginario en muchas de las modelos que desfilaron.

Después estaba Sita Abellán, probablemente una de las personas que mejor ha construido un lenguaje propio alrededor del futurismo, el color y la experimentación estética. Su presencia tenía todo el sentido en una colección que imaginaba cómo podrían ser los objetos del futuro sin perder la conexión con el cuerpo ni con la naturaleza.

Y cerrando ese triángulo, Brenda Hashtag, una de las figuras más interesantes de la moda editorial actual. Su universo visual, marcado por el negro, los códigos góticos, la ironía y la cultura de internet, representaba otra de las capas que también aparecían en el desfile: la más conceptual, la que entiende la moda como un lenguaje y no solo como una forma de vestir.

Pensándolo después, me dio la sensación de que las tres representaban tres formas distintas de entender el ADN de MAM. Clakovi era la parte más orgánica. Sita, la más futurista. Brenda, la más conceptual. Tres personalidades diferentes que convivían de la misma manera que lo hacían las colecciones sobre la pasarela.

Mirar hacia dentro para llegar más lejos

Después del desfile, la conversación continuó durante la afterparty, con los sets de Rebequita, Chloé Caillet y Sita Abellán. Allí se mezclaban diseñadores, artistas, estilistas, medios y gran parte del panorama creativo europeo. Pero la sensación seguía siendo la misma que durante el desfile: cuando una marca tiene una identidad muy clara, acaba reuniendo a personas que, desde disciplinas distintas, hablan un lenguaje parecido.

Al salir pensé en algo que creo que también pasa con los artistas.

Muchas veces creemos que crecer consiste en mirar constantemente hacia fuera: buscar referencias, entender qué funciona en otras ciudades, intentar acercarnos a lo que ya tiene éxito. Y las referencias son importantes. Todos necesitamos inspiración. Pero la inspiración necesita una raíz.

Quizá por eso el debut de MAM en París me pareció interesante. Porque no daba la sensación de haber construido una identidad para gustar allí. Al contrario: profundizaba en la identidad que ya tenía aquí.

Y creo que eso también explica por qué la colaboración con CUPRA funciona de una forma tan natural. Las dos marcas parten de la misma idea: el futuro no consiste en parecerse a los demás, sino en desarrollar un lenguaje propio.

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