La surrealista experiencia de un español viajando a China demuestra por qué ya han vencido al coronavirus

Es obligatorio pasar una cuarentena de 15 días. Como en todos lados, claro. ¿La única diferencia? En el gigante asiático se aseguran, sí o sí, de que la cumples

China es prácticamente el único país que ha podido contener el virus y volver a la más auténtica normalidad. Fiestas multitudinarias, conciertos, turismo interior… Esa vida precovid que nos parece tan lejana. ¿Cómo? Con la Odisea de @Nyscalo, un twittero español, para volver de Madrid a Shanghái, donde reside, se entiende.

“Comenzamos en España donde, aparte del visado en regla, también necesitas presentar una PCR con resultado negativo hecho en las 72 horas previas al vuelo. Ya en Shanghái, nos van sacando del avión en pequeños grupos; el desalojo puede durar hasta dos horas. Al poner un pie en el aeropuerto, te das cuenta de que has aterrizado en otro planeta. Absolutamente todo el personal del aeropuerto viste con traje protector, capucha y escudo facial incluidos. En la terminal, nos asignan un QR. No hay nada abierto, ni se escuchan anuncios por megafonía. Parece vacío, pero está lleno de gente que, como yo, hace las colas en silencio. Todo está perfectamente organizado, tanto que comienzas a sentirte como una rata en un laboratorio”, asegura.

Después de horas esperando y coger las maletas, por fin sale del aeropuerto. Pero este es solo el inicio de la larga tortura para volver a hacer vida normal en Shanghái. “Recogida la maleta, nos van separando por grupos para enviarnos a un hotel, donde haremos la cuarentena. Por si os lo estáis preguntando: sí, el hotel lo paga el viajero. Y no, no lo elije él. Y sí, todo el mundo tiene que hacer cuarentena vigilada”, se queja el twittero.

Al llegar, le dieron un termómetro y unas pastillas de lejía para disolver las heces antes de tirar la cadena. El hotel, obviamente, estaba preparado específicamente para este uso, sirviéndole comida “pasable”, como la recuerda, en envases reutilizables para tomarla en su habitación, sin contacto con zonas comunes. Añade, además, que el control era total. Cada tía tenías que actualizar tu estado y de vez en cuando se iban pasando por tu puerta para tomarte la temperatura, y asegurarse que no había mentiras.

Teletrabajo, leer, series, dormir, y vuelta a empezar (sí, estás teniendo flashbacks de marzo, abril y mayo, ¿eh?). Incluso recuerda que un amigo suyo, en su misma situación, hacía maratones en los 8 metros de pasillo que tenía su habitación. En total, dos semanas de cuarentena. Nyscalo tuvo suerte y, como reside en Shanghái, pudo pasar la segunda en su casa. Eso sí, vigilado con un sensor en la puerta y una cámara de seguridad.

Para llevarlo a su casa, dos tipos “vestidos de astronauta” lo llevaron hasta su urbanización. Allí pedía comida a domicilio y los vecinos se la subían. Había médicos que le hacían controles dos veces diarias y, tras una última PCR, fue libre. “Muchos os preguntáis cómo es posible que un país tan grande haya sido capaz de contener el virus. Esto que acabo de contaros lo hacen con todas las personas que entran a China, nacionales y extranjeros. Cuando a finales de septiembre hice el camino inverso, lo único que tuve que hacer al llegar a Barajas fue rellenar un formulario… a mano”, concluye el twittero, denunciando la permisividad de Madrid, las escasas medidas de España para contener el virus y la falta de controles para entrar a la ciudad.

Sin embargo, esta experiencia desató un debate: ¿qué va antes, contener el virus con medidas orwellianas, o permitir las libertades individuales? Obviamente, hubo muchas opiniones al respecto, desde que en plena pandemia las libertades individuales se deberían dejar a un lado, hasta los que decían lo contrario, que la libertad individual nunca es un derecho que pueda limitarse, bajo ningún concepto. Un debate que, por supuesto, sigue abierto.