Qué puedes hacer para viajar sin destrozar el país que visites este verano

Masificación turística, sin experiencias únicas, consumiendo recursos naturales y contaminando. Eso es lo que cuesta el turismo 'low-cost'. Pero hay alternativas

Llegar a otro país que no es el tuyo, dispuesto a vacacionear. Pero hacerlo sin guías de viaje, excursiones masivas programadas, estancias en pisos en barrios gentrificados o restaurantes con menú para guiris en el centro. Es decir, huyendo del turismo low-cost tan típico de esta década, ese turismo que destruye ecosistemas, capitaliza ciudades y no te aporta ninguna experiencia única porque estás viviendo lo mismo que tantos otros millones de turistas.

Me pasé años practicando este tipo de turismo —por ejemplo, la primera vez que visité India acabé cogiendo tours rápidos para ver las maravillas de Agra (ciudad del Taj Mahal) o cenando en restaurantes italianos donde todos los comensales eran blancos—. Sin embargo, cuando descubrí el turismo lento, el ecoturismo y el voluntariado, mi forma de viajar cambió radicalmente. Pude aplicar este tipo de turismo en muchos países del mundo, y así llenar mis vacaciones de experiencias únicas y gratificantes. Por ejemplo, en Grecia, donde pude trabajar en un campo de refugiados codo con codo con personas griegas. Ahí descubrí no solo el país de la mano de autóctonos, sino también por parte de personas migradas que habían vivido en su piel la crisis de los refugiados y la guerra. Una experiencia enriquecedora que iba más allá del turismo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Me di cuenta de que lo importante no era solo viajar por viajar. Hacía falta algo más. Que mis vacaciones me aportasen algo a mí y a la tierra que visitaba. Porque, ya que me acogía un país, lo mínimo que podía hacer era darle algo significativo a cambio —y no solo dinero, que suele acabar en los bolsillos de los empresarios—. Para ello hay muchas organizaciones y formas de turismo que te animan a reducir el impacto negativo de tu viaje y crear vínculos sinceros con esa tierra.

1. Turismo de conservación o ecoturismo

Muchas veces viajamos a sitios naturales sin tener en cuenta que estamos participando en su desgaste y deterioro. Todo ecosistema que visites es el hábitat de muchos animales, que con la llegada masiva de turistas son desplazados. Cada año hay noticias de nuevos paisajes destruidos por el turismo: desde corales que pierden vida por el submarinismo constante, playas que se llenan de plástico tras fiestas o bosques que se incendian por barbacoas o cigarrillos mal apagados.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El turismo de conservación se propone lo contrario. Abandonar los viajes low-cost y pasarse al ecoturismo o a los voluntariados medioambientales, donde puedas encontrar esa deseada conexión con la naturaleza mientras aportas activamente a su conservación. Las ofertas disponibles de este tipo de turismo son muchas. Puedes apostar por este turismo a través de organizaciones locales como Sos Nicaragua, que trabaja por la conservación de las tortugas carey, Care for Wild, el mayor orfanato de rinocerontes del mundo (en Sudáfrica), Bifengxia Panda Base, un centro en China para el cuidado de los pandas y su entorno, o internacionales, como Free the Bears, una organización que cuida a los osos asiáticos, Kowabunga, un voluntariado con elefantes y tortugas en México o Camboya, o Greenpeace.

2. Voluntariado internacional

Además del turismo de conservación, está la opción del voluntariado internacional. En lugar de apostar por hacer turismo conectando con la naturaleza, este tipo de voluntariado se centra más en crear vínculos con la sociedad y las personas que componen el país que visitas. Organizaciones como Servicio Civil Internacional ofrecen voluntariado en todo el mundo de muchos tipos: por ejemplo, participando en la reconstrucción de patrimonio destruido en Europa, ayudando a las autoridades locales en campos de refugiados, asistiendo a grupos de diversidad de género por todo el mundo, etc.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Esta forma de viajar se ha popularizado mucho en las últimas décadas y las posibilidades son infinitas. Desde asociaciones locales hasta grandes organismos internacionales como UNICEF, Cruz Roja o Intermón Oxfam, que promueven estos voluntariados para descubrir mundo a la vez que proporcionas ayuda a colectivos que, desgraciadamente, no reciben ayudas suficientes de los estados para llevar a cabo su necesario trabajo.

3. ‘Slow tourism’

El slow tourism (turismo lento, en inglés) es, según el diario.es, el turismo que quiere combatir el “estoy más cansado que cuando me fui”. Es decir, rehúye de los viajes pactados, rápidos y sin descanso que solo acaban cuando lo has visto todo. Literalmente todo. Hasta esa sección mediocre del museo sobre pintura local de una región a 1000 km de tu casa que no te interesa demasiado. Un turismo agotador que no te hace bien, porque no te permite desconectar y descansar. 

Por eso existe el turismo lento, para irte de vacaciones sin descuidar tu bienestar. Esta tendencia surgió en Italia en los 80 para “apostar por acumular vivencias y zafarse de ese sentimiento de culpabilidad que nos invade si no hemos podido visitar algún punto histórico”, explica el artículo. Vamos, que si te dicen “¿fuiste a París y no viste esa iglesia?”, podrás responder “no, pero disfruté del viaje”. No quedan más viajes medidos al milímetro, ni zonas masificadas, ni experiencias turísticas prefabricadas, el turismo lento prefiere tomar una cerveza en un bar de la periferia con un local.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La mejor forma para apostar por el slow tourism es conociendo a locales. Una de las herramientas más populares es couchsurfing, que te permite contactar con personas que conozcan bien la cultura local y que te enseñen la verdadera esencia del lugar al que visites. Por ejemplo, si viajas a Berlín, puedes encontrar personas que te redescubran los bares grunch y punk que tan famosos se hicieron en los 80 y que todavía perduran en la periferia, porque los del centro tienen más parecido con un parque temático del Berlín “oscuro” que poco representan la vida de la noche real de los jóvenes alemanes. Otra más es la guía Slow Food, que se centra en comida de kilómetro cero y posadas de familias. Lo importante es que busques opciones adaptadas a tus intereses y trates de huir de los viajes superficiales.