Nuestra obsesión por viajar está destrozando el mundo

Un estudio ha descubierto que el turismo es responsable de la décima parte de las emisiones de dióxido de carbono

Viajar por encima de todo. Los mileniales hemos alcanzado la obsesión por ver mundo tras años y años de tragarnos posts viajeros de influencers en Instagram y de escuchar una y otra vez aquello de que "viajar nos salvará". De nosotros mismos. Del aburrimiento. Del vacío. Como si las respuestas estuviesen ahí afuera, en rincones perdidos de la mano de dios. Y, aunque es cierto que viajar puede ser una ventana al cambio, lo estamos haciendo mal. Un error que no solo pagamos nosotros, sino también nuestro querido planeta.

Porque según un nuevo estudio publicado a principios de este mes, del que se hace eco el medio online Arré, el turismo es responsable de una décima parte de las emisiones totales de dióxido de carbono que emite el ser humano. Es decir, que buena parte de la culpa del efecto invernadero y el cambio climático la tienen nuestras ansias por viajar. Especialmente porque la idea bohemia y sana de explorar el mundo con la que soñábamos se ha transformado en un dañino e incontenible turismo masivo que lo arrasa todo.

Lo importante, parece desde hace tiempo, es el selfie. El acceso a lugares remotos y frágiles con tal de sacarnos el maldito selfie. Y hacemos oídos sordos a la devastación ecológica que trae consigo esa necesidad de postureo. Por eso países como Tailandia o Filipinas, cuentan en Arré, se han visto obligados a cerrar algunas de sus costas a los veraneantes. Para frenar el llamado síndrome de Venecia. Aún estamos a tiempo de decir 'no a los destinos estándares de postal, los flashes y los free tours. Aún estamos a tiempo de viajar de verdad.