Hawái ya no quiere que los turistas volvamos a visitarlos

Un 62% de la población ha votado a favor de que no se reanude la industria turística después del parón por el covid

La masificación del turismo, algo que no hemos echado de menos en 2020 (y que, probablemente, tampoco echaremos en menos en el 2021). Barcelona, Baleares, Andalucía, San Sebastián, la costa Valenciana… son decenas de ciudades y regiones que, en el mundo precovid, se hacían insostenibles cada verano. Incluso había barrios que eran intransitables para los locales (¿cuándo fue la última vez que paseabas por el centro y estaba todo tan… paseable?). Y fuera de nuestro país, lo mismo. Miles de capitales, regiones costeras, parajes montañosos y núcleos históricos que estaban invadidos por el turismo. ¡Si hasta el Everest lo estaba! Era un conflicto que no tenía solución: depender económicamente del turismo vs. un negocio masivo que destruía ciudades y ecosistemas.

Ahora hemos probado cómo es vivir sin ello. Y muchos no quieren volver atrás. El mejor ejemplo es Hawái. ¿Qué hay en el archipiélago? Si preguntas a cualquiera, lo primero que nos viene a la cabeza es el turismo. Y es que durante años se proyectó esa imagen: una región única y exclusivamente dedicada al turismo. Como informa Xataka, cada año había 10 millones de turistas. 10 veces más que la población autóctona: un millón de habitantes. La situación era dramática para los locales, cuyas islas y ciudades se destinaban únicamente al uso turístico. Los habitantes eran el segundo plato, como denunciaban a las autoridades.

En noviembre, para determinar cómo estaban los ánimos de la población, el gobierno local preguntó qué opinaba sobre el vacío turístico. Más de la mitad de los encuestados no querían que volvieran los visitantes temporales. “A corto plazo es una cuestión crucial porque determinará las políticas y restricciones aplicadas por el gobierno en materia de visitas y protocolos sanitarios. El 62% de los cuestionados considera que es imposible reanudar el turismo de forma "segura". Como se analiza aquí, los datos, si bien puntuales, reflejan un creciente descontento local frente a la industria turística”, añade el artículo.

Pero aunque los ciudadanos estén cansados del turismo, no todo es tan fácil. Este sector representa un 21% de su PIB (en España, que tanto dependemos de él, es el 12% y aun así los vecinos de ciudades como Barcelona aseguraban que la masificación era el principal problema del municipio, así que imagina como están ahí), por lo que la caída en desgracia del sector viajes por el covid ha supuesto un 10% del aumento del paro, el mayor de los EE. UU. Ahora Hawái está planteándose cómo reorientar su economía tan centrada en el turismo a algo sostenible y que no suponga gentrificación para los ciudadanos ni masificación en sus paisajes.

¿Una de las alternativas que se baraja? La que ya aplicó Islandia y que están tanteando otros grandes focos de la masificación turística como Amsterdam: controlar el turismo y poner cupos que prioricen el de “calidad”, ese eufemismo que quiere decir turismo de los más ricos. Independientemente de la opción que tomen, hay algo que está claro: estamos hartos de sufrir el turismo, por mucho que nos guste practicarlo. Y quizá el covid ha servido para eso, resolver el asunto de forma drástica.