El coronavirus ha vaciado el Everest de turistas, ahora falta limpiar la basura

Ante la posición del gobierno de Nepal de cancelar todos los permisos para ascender el Everest los sherpas se organizan para reclamar la mayor limpieza de basuras de la historia de la montaña

Hace casi un año el mundo se horrorizaba cuando un atasco en la cima del Everest provocaba la muerte de ocho alpinistas por congelación. Lo de llamarlos alpinistas es casi una ironía ya que, en realidad, parte de las 200 personas que se agolparon aquel día en el techo del mundo no eran más que occidentales adinerados (algunos de ellos de 60 años) que habían pagado entre 30.000 y 115.000 euros por formar parte de una de las muchísimas expediciones que ascienden la vía nepalí con ejércitos de sherpas (habitantes de las montañas de Nepal) cargando todo el material, oxígeno en cantidades industriales, etc.

Entre abril y mayo, cuando las condiciones suelen ser más propicias para atacar las cumbres, solían concentrarse en el famoso campo base unas 1.000 personas. Sin embargo, ahora el panorama es muy diferente. “Ahora no habrá nadie. Es un gran contraste. Sólo hay una expedición China en e Everest. Y en la cara norte el gobierno chino está estudiando dar permiso a una expedición solo para ellos”, ha explicado al diario MundoDeportivo la alpinista vasca Edurne Pasaban, la primera mujer en la historia en ascender los 14 ochomiles.

La crisis del coronavirus ha llegado al lugar al que solo unos pocos elegidos consiguen llegar y el gobierno nepalí no ha querido correr riesgos: ha cancelado todos los permisos para ascender el Everest esta primavera perdiendo con ello los ingresos que suele generarle esta actividad. “Para la economía del Nepal es muy duro que no haya expediciones. Viven del turismo, y se han eliminado los permisos del Everest a otras montañas y actividades como el trekking, afectando a personas para las que el turismo es clave. El nepalí es un pueblo muy pobre”, ha añadido Pasaban.

El Everest se ha quedado solo, sí, pero quizá los sherpas encuentren otra manera de ganarse la vida si el gobierno nepalí se lo permite. Se trata de organizar una expedición de limpieza de la ruta al Everest que, por desgracia, se había convertido en las últimas décadas en el vertedero a mayor altura del mundo. Solamente en los tramos finales hay más de 200 cuerpos de alpinistas fallecidos y que no han podido ser recuperados debido a la dureza de las condiciones. Por si fuera poco, el deshielo provocado por el cambio climático ha comenzado a exponerlos junto a toda la basura generada por cientos de expediciones que se calcula que alcanza las 50 toneladas.

Aunque no es la primera expedición que se ha organizado para limpiar parcialmente el Everest, el año pasado la mayor expedición hasta la fecha consiguió recoger 11 toneladas y cuatro cadáveres. Es cierto que si la inversión del gobierno de Nepal es firme (en 2019 gastaron 180.000 euros en organizar la expedición de limpieza), esta vez no solamente podría asegurarse una forma de ingresos a la población local, sino que podría llevarse de una forma mucho más eficiente ya que no habrá multitudes que continúen generando basura y que el campo base estará despejado.

Resulta evidente que la pandemia del COVID-19 apenas traerá buenas noticias pero quizá una gestión inteligente de esta parálisis permitirá remendar muchos errores que han estado acumulándose sin remedio. Los esfuerzos de Nepal para evitar convertir a la mayor montaña del planeta en un espejo de nuestra falta de conciencia ecológica (desde 2014 los montañeros están obligados a bajar con 8 kilos de basura y cada equipo paga una tasa de 4.000 dólares por desechos) habían sido insuficientes pero ahora tienen una oportunidad única de revertir años y años de vista gorda. El Everest se ha quedado solo, ahora solo falta que también quede limpio