Esta aldea gallega abandonada es ahora un refugio gratis para ir a pensar

The Foundry es un espacio sin ánimo de lucro para intelectuales y artistas que buscan crear fuera de los límites institucionales del mercado y la universidad

La inspiración intelectual brota en el retiro natural y espiritual, en la desconexión. Cuando los pensadores, filósofos y artistas sufren el bloqueo del escritor, suelen recurrir a estos aislamientos, para huir de los ambientes hipercargados y con estímulos del mundo urbano. Inspirándose en estos, un hombre alemán compró una aldea abandonada en Galicia para reformarla como refugio que intelectuales pueden compartir durante unos días y, mientras ayudan a construirla, inspirarse mutuamente en un espacio dedicado al debate, la reflexión, la creación y la desconexión.

Así nació The Foundry (Aldea Ferrería, su traducción al español), una especie de albergue-comunidad gratuito cerca de Lugo en el que, para vivir, lo único que debes hacer es ayudar en la rehabilitación y tener vocación artística e inquietudes intelectuales, como explica El Confidencial. Lleva un año y medio abierta y ya han pasado alrededor de 100 intelectuales, con un 50-50 de nacionales y extranjeros.

Bravos Foundry

Eso sí. Su estado todavía es bastante primigenio: “requiere mucho trabajo”, asegura Dennis, el fundador. Por eso, “quizás aún no sea el lugar ideal si lo que quieres es escribir un libro o una sinfonía, porque hay mucho que hacer, pero espero que el año que viene mejore. Quizá es mejor un relatito corto o una canción intimista”, confiesa. De momento está reinventándose, y quizá en un tiempo cobren una cantidad simbólica para hacerlo rentable. De momento, se mantiene gratuito.

Un refugio al margen de las instituciones

“Es un lugar fuera del sistema, donde la gente puede reflexionar y vivir pero que está libre de las cargas económicas y la burocracia que suele dominar la universidad”, explica Dennis, que creó este espacio harto de la universidad, “fábricas de graduados”, como define en la entrevista del diario digital. Es decir, The Foundry es, a grandes rasgos, una escuela para aprender y reflexionar sin ánimo de lucro, por el simple placer intelectual de conocer, descubrir y entender el mundo.

Dennis llegó a la conclusión de que debía crear este proyecto porque él, que, como asegura, “siempre he sido pobre”, quería un espacio fuera de la élite educativa que quisiera promover la cultura y los estudios. “Necesitaba compartir mis pensamientos en un lugar más simple y barato”. Consiguió ahorrar dinero y comprar la aldea abandonada a un precio irrisorio, porque en la Galicia rural, despoblada y arruinada los precios “están por los suelos”.

Bravos Foundry

Aunque la aldea costaba como un piso barato de Madrid, la reforma sería costosa. Por eso, “la solución pasaba por el propio concepto de Aldea Ferrería: que los inquilinos colaborasen en la puesta a punto a cambio de un hueco allí”, como explica el artículo. Así, se creaba una comunidad sin intervención financiera ni capitalista, siguiéndose por sus propias normas y capacidades.

Actualmente The Foundry, que se define en su web como “espacio sin ánimo de lucro para intelectuales y artistas que buscan crear fuera de los límites institucionales del mercado y la universidad”, tiene capacidad para 40 personas, y está dispuesta a acoger a cualquiera que quiera dedicar su tiempo a sus seminarios y tareas de labor, especialmente ahora que viene el invierno, temporada baja, y que corre riesgo de quedarse vacía. Es el lugar perfecto para pasar unas vacaciones de navidad desconectando de todo el capitalismo, exceso y sistema urbano