5 lugares de París a los que te llevaría si vinieras a visitarme

No es lo mismo visitar la capital francesa con la guía en la mano que con un colega que te lleve a todas partes

Cuando te vas a vivir a una ciudad como París tienes que mentalizarte de que te vas a tener que convertir en un pseudo guía turístico porque va a venir a verte hasta aquella mejor amiga que tuviste en sexto de primaria. También que tu casa se convertirá en la competencia desleal de Airbnb —porque tú no verás ni un duro— y los fines de semana en que tengas visitas serán tan agotadores que estarás deseando que llegue el lunes para descansar en el trabajo. Pero es lo que tiene que hayas querido irte de Erasmus/a hacer prácticas/a trabajar/etc. a la tercera ciudad que más turistas recibe en el mundo (16,1 millones en 2017), si no, podías haberte ido a algún pueblo perdido por Alemania como Lüneburg, donde todos tus colegas te darían largas cuando les invites.

Pero todos sabemos la abismal diferencia que hay entre visitar la ciudad con el google maps en el móvil en una mano y la guía en la otra o de la mano de la mano de alguien que es de (o vive) allí. Te dejas llevar, no te tienes que fijar por dónde vas, solo en las maravillas que ves o no tienes que arriesgar a pedir comidas que no sabes qué son en un menú que no entiendes. Además, sabes que te llevará a sus sitios favoritos. que ha encontrado después patearse las calles hasta desfallecer y de probar otros de mierda a los que nunca querría volver. Así que, aquí tienes una recopilación de esos lugares mágicos de alguien que vivió en París y que probablemente no pueda evitar soltar alguna lagrimita de nostalgia mientras te los describa. 

Plaza del Centre Georges Pompidou

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Si te gusta el arte contemporáneo, puedes perderte en este museo y pasarte horas especialmente en la segunda planta que es la que tiene los cuadros más famosos —en la tercera hay instalaciones más arriesgadas que no son para todos los gustos—. O también puedes subir a la terraza y tomarte algo en el bar o simplemente hacer(te) una foto con la maravillosa vista de los tejados de París que tienes desde allí. Pero lo que también es precioso es la plaza en sí. En verano te puedes sentar en el suelo y escuchar al músico callejero de turno que esté tocando en ese momento, comerte una baguette o crèpe que te hayas comprado en alguno de los bistrots de los alrededores y contemplar el contraste entre ese edificio tubiforme y colorido con los clásicos edificios parisinos. Así podrás soñar que vives en uno de esos áticos y que cada mañana cuando te levantas puedes salir al balcón y dar gracias por estar vivo.

Au Ptit Grec

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A estas alturas, Au Ptit Grec debe ya estar en todas las guías, pero sigue siendo el mejor lugar de crèpes. Y digo 'lugar' porque no acaba de ser restaurante, puede que tenga algún taburete para que te sientes dentro, pero la idea es que te lo lleves intentando que no se te caiga nada —porque son gigantes— y te lo comas sentado en algún banco o incluso apoyado en una pared. Intentando destinar todos tus sentidos a saborear ese queso Emmental, esos champiñones, jamón, o lo que sea que te hayas pedido o esa Nutella con plátano que se convertirá en una maravillosa bomba de azúcar en tu estómago. Es verdad que está un poco lejos de todo y que es un pequeño pateo desde el Panteón, pero vale la pena 100%, no hay otro igual.

Quai de la Tournelle

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Es también un punto foto, pero sobre todo un lugar en el que sentarte y disfrutar de la perfecta composición arquitectónica que tienes delante de ti. Probablemente para llegar hasta aquí ya hayas pasado por delante de la catedral de Notre Dame y hayas dicho 'bueno sí, ok, una catedral más'. Pero lo que debes hacer es cruzar el puente por encima del sena y bajar las escaleras hacia el Quai de la Tournelle. Delante tuyo tendrás las dos islas sobre el Sena, la Ile de la Cité y la Ile Saint Louis, verás pasar los barcos con turistas y a los paseantes por el quai. Avanza un poco hasta que puedas ver la parte posterior de la catedral y siéntate a contemplar. Aquí tendrás un plus si vas con alguien y te has comprado un vino tinto y un par de copas de plástico para hacer lo más parecido a un botellón, pero a la parisienne, que es mucho más elegante.

Shakespeare and Co

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Te pilla cerca del anterior así que tienes que entrar en esta centenaria librería inglesa a orillas del Sena. Si has visto la película Antes del atardecer de Richard Linklater te dará un vuelco al corazón porque sentirás que estás en el lugar en el que se reencuentran Jesse y Céline 9 años después. Si no, puedes sentir que estás en otro siglo, especialmente si subes al piso de arriba y te sientas en alguno de los sofás o al piano. Te recomiendo que cojas un libro y te sumerjas en él, aunque sea unos minutos, ya tendrás tiempo de volver a la realidad y seguir pateándote París, pero ahora estás en otra dimensión espacio/temporal. 

Ladurée

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Si pensabas que habías comido un croissant en tu vida prepárate para reconocer que estabas equivocado. Eso que te ponía tu madre para desayunar los domingos junto al zumo de naranja no tiene nada que ver con el croissant de mantequilla natural que te comas en esta pastelería super pija de París que no es tan cara como parece por fuera. La cola que te encuentres en la puerta no debería amedrentarte porque tampoco se hace tan larga y va bastante rápido. Dentro puedes elegir comprar para llevar los croissants o incluso los macarons de diferentes sabores, o sentarte y pedir también un chocolate caliente o un café para sentirte como la jet set parisina.

Un consejo es que practiques un poco la pronunciación, porque si no, vas a tener que señalar con el dedo. No es [curasán] ni [crusán] sino [croasan] con la última a muy nasal —aquí lo puedes escuchar—. Venga, ve practicando, que estás subiendo al avión y tendrás que apagar los datos. Disfruta de París y dale recuerdos de mi parte.