Nueva York estudia llenar la ciudad de cárceles verticales para integrar a sus 7.000 presos

Un proyecto de 7.850 millones de euros pretende construir cuatro enormes edificios de hasta 45 plantas de altura para albergar a toda la población reclusa de la capital financiera del país

Siempre que se piensa en Nueva York, la primera imagen que te llega a la cabeza es la mítica escena del skyline de Manhattan observado desde los muelles de Brooklyn Heights. Gigantes de acero y hormigón que contienen las residencias de hipermillonarios y las oficinas de algunas de las compañías más importantes del mundo y en la que miles de personas hacen real la frase "money makes the world go round". Pero el romanticismo decadente de la parte baja de la Gran Manzana está a punto de llegar a su fin. El ayuntamiento de la ciudad se niega a mantener en funcionamiento las instalaciones penitenciarias de la Isla de Rikers “el Guantanamo de Nueva York”, un antiguo vertedero donde se hacinaban miles de reclusos desde 1932. Es “una fábrica de la desesperación”, como fue descrito alguno de los 20.000 presos que pasaron allí los peores años de sus vidas.

Pero, ¿cuál es la solución que ofrece el municipio para los más de 7.000 presos que habría que reubicar? Cárceles verticales. Sí, suena a locura, sin embargo, es una realidad: un proyecto de 7.850 millones de euros pretende construir cuatro enormes edificios de hasta 45 plantas de altura para albergar a toda la población reclusa de la capital financiera del país. Pero para lograrlo primero tienen que reducir la cifra de presos hasta los 3.300, el número más bajo desde 1920. “Este es un proyecto de desencarcelamiento”, explicó a The Guardian la directora de la oficina de Justicia Penal de Nueva York, Elizabeth Glazer, quien apunta que la población presidiaria de la ciudad se ha reducido en un 40% en los últimos seis años. La realidad es que Nueva York es ahora más segura que nunca pero, precisamente por eso, impacta la decisión de salpicar el paisaje urbano de cárceles verticales. 

La polémica está en su máximo auge estos días y no han faltado voces criticando el proyecto. Una de ellas ha sido la profesora de criminología de la Universidad de Bath, Yvonne Jewkes, quien ha recordado que instalaciones de este tipo podrían agravar los problemas de hacinamiento que ya se producen en la isla de Rikes. "Es difícil imaginar que pueda haber mucho movimiento en un espacio tan pequeño, y es posible que la privacidad también sea limitada en una instalación tan densamente poblada”, destacó la profesora poniendo como ejemplo el desastroso proyecto del Centro Correccional de Chicago de 1975 en el que una torre en forma de triángulo de 28 plantas de construyó en medio de la ciudad, un horror arquitectónico en el que las ventanas medían poco más de 13 centímetros de ancho y en el que los presos se veían obligados a practicar deporte en la azotea del edificio. Todo ello, en una de las ciudades más frías y ventosas del país.

Por su parte, la profesora de ciencia política en el Brooklyn College, Jeanne Theoharis, ha definido el proyecto directamente como una “torre-mazmorra en medio del distrito financiero de Manhattan”. Pero el proyecto no es ni mucho menos una ida de olla del ayuntamiento, sino algo tan revolucionario que choca a los más escépticos. Se trataría de una red descentralizada de cárceles en torno a los tribunales cuyas instalaciones podrían ser utilizadas tanto por los reclusos como por los vecinos de la zona e incluirían bibliotecas, jardines comunitarios, centros de arte, gimnasios o clínicas médicas para reducir el estigma y facilitar la reinserción social. "La sociedad tiende a transformar a los reclusos en ‘otros’ peligrosos, y las cárceles están envueltas en mitos y mística. Siempre debemos intentar que las cárceles sean parte de la comunidad. Incorporar instalaciones que pueda usar otra gente podría ayudar a desterrar algunas ideas sobre 'ellos y nosotros’", insistió Jewkes. 

Con polémica o sin ella, el proyecto ya está en marcha (se prevé su finalización en 2026) y desde el ayuntamiento de Nueva York se han lanzado a la contratación de algunos de los mejores talentos arquitectónicos del mundo. Eso sí, han acabado aceptando que la altura máxima de las torres será de 29 plantas. Para Glazer, el desarrollo de las nuevas prisiones verticales será el primer paso para lograr cárceles que sean percibidas como “verdaderas herramientas cívicas, tanto en su exterior como en su interior”. Puede que impacte a la vista, pero visto así quizá no es tan mala idea.