¿Soy la única que solo piensa en irse a vivir al campo desde que llegó el Covid?

No es que nuestra generación sea más llorica, sino que, simplemente es que no le tenemos tanto miedo a hablar abiertamente de nuestros problemas

¿Cuántas veces te has planteado dejar la ciudad en la que vives y mudarte a una casita en el campo o incluso volver a tu pueblo? Yo muchas. La pandemia me está dejando mucho tiempo para reflexionar. Pienso en si, realmente, estoy haciendo lo que quiero y me replanteo continuamente mis prioridades. Aun así, todavía no tengo claro qué hacer con mi vida. Espero no ser la única millenial con este dilema.  

En las grandes ciudades, la llegada del Covid ha provocado la desaparición casi total del ocio y de las oportunidades laborales. Ahora ya no tenemos todas esas razones que nos hicieron abandonar nuestro nido y subirnos a un AVE con una maleta cargada de sueños y tuppers de nuestros padres. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿Qué hago aquí? 

Algunos de mis amigos, que teletrabajan o que desgraciadamente se han quedado sin curro, ya han dado el paso y han regresado a sus pueblos donde la vida no es que sea más barata, sino que es acorde con sus salarios. Me contaban que para morirse del asco en un bajo interior sin apenas luz, preferían hacerlo en su pueblo donde no tienen que pagar un alquiler exorbitado y donde disfrutan de una mayor calidad de vida. Según un artículo de Business Insider, la regla básica es que no debes destinar más del 35% de tus ingresos en pagar el alquiler. ¿Hola? ¿Alguien cumple este porcentaje? Que venga y me enseñe, por favor. 

En cierto modo, envidio a mis amigos porque van a vivir para algo más que para pagar facturas. Veo sus stories dando paseos por la montaña y me alegro de verles tan felices y relajados o, por lo menos, fingen muy bien que lo están. Corrígeme si me equivoco, pero me da la sensación de que los que vivimos en ciudades como Madrid o Barcelona nos hemos dado cuenta de que no era tan guay como nos lo habían pintado. Me pasaron un meme que, después del de la niña mal maquillada, es el que más me representa.

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Últimamente pienso mucho en que mis abuelos pudieron comprarse un piso, a pesar de tener poco dinero. Yo ni siquiera aspiro a alquilar uno de más de 45 metros cuadrados y mucho menos a ser propietaria. Cuando me doy cuenta de esto, me entra la bajona. Veo que la situación que vivimos los jóvenes ha empeorado desde que llegó el Covid. No recibimos ningún tipo de ayuda para independizarnos; al cumplir los 26 años te toca pagar mínimo 50€ al mes si quieres viajar en metro porque, para la Comunidad de Madrid, dejas de ser joven; te has matado estudiando más de un máster, pero solo optas a un puesto de prácticas a cambio de un sueldo que no te llega ni para un mes de Netflix; y ya no te digo lo jodida que estás si eres autónoma. Sí. Está todo muy mal, ¿verdad?

Tras esta retahíla de cosas negativas, he de decir que creo que la pandemia nos va a venir bien en el sentido de que nos va a brindar la oportunidad de hacer lo que siempre ha rondado nuestra mente, pero que no llevábamos a cabo por miedo o, más bien porque no habíamos tenido tiempo de detenernos y pensar en nuestro futuro. No creo que los millenials seamos los que tengamos todo más chungo, ni tampoco los más quejicas. Me quedo con las palabras que dijo Culomala en una entrevista en Playz. Contaba que no es que nuestra generación sea más llorica, sino que, simplemente es que no le tenemos tanto miedo a hablar abiertamente de nuestros problemas

No sé cómo te sentirás después de haber leído esto. Espero que un poco más comprendida al ver que no eres la única persona que está en esta situación de mierda. Yo, de momento, ya me he quejado bastante y me encuentro mejor, así que solo me queda repetirte la frase que más te han dicho en estos últimos meses: Mucho ánimo que todo saldrá regular, pero saldrá.