El teletrabajo y nuestros pisos precarios están destrozándonos el cuerpo

Empezó con un dolor en la muñeca y acabó con una baja laboral por una tendinitis que me impidió, incluso, escribir con el ordenador. Y todo porque no tengo un espacio digno donde trabajar en mi casa. No soy el único

Todo empezó como un dolor de muñeca leve. Imaginé que era por haber levantado mal algún peso o por una mala postura. Pero a medida que continuaba el teletrabajo, cada vez me dolía más. Tras un día entero escribiendo frente al ordenador, mi muñeca respondía con dolor. Pasaban los días, seguía con mi jornada laboral como si nada, pero no bajaba la inflamación. Al final, fui al hospital: tendinitis. Estaba tan mal, que ni tuvieron que hacerme pruebas. El médico de Urgencias solamente me tocó la muñeca y directamente me dio la baja laboral.

Según me comentó, lo más probable es que fuera por una mala postura durante todo el teletrabajo. Al llegar a casa, miré mi espacio de trabajo: un escritorio del IKEA que es demasiado bajito para mí y una silla que compré por Wallapop, que está mal balanceada hacia la derecha. Muy precario. Me lo confirmó, al día siguiente, mi fisioterapeuta: “tienes todo el lado izquierdo con tensión y la muñeca la ha cargado toda”. Le comenté lo de mi silla desbalanceada. “Por muy cara que sea, cómprate otra”, zanjó.

Archivo personal

"Me he destruído el cuello"

Llevaba toda la cuarentena cuidándome la salud mental para que el teletrabajo no me quemase demasiado. Y, sin embargo, descuidé enormemente la física. Pero no soy el único que ha pasado por esto. Como explica Álvaro García, un joven de Barcelona, “siempre he sufrido un poco de cervicalgias, aunque últimamente menos. Pero con el confinamiento, trabajando desde casa y sin poder ir al gimnasio a ejercitar mi musculatura, volvió el dolor de cervicales, hasta tal punto que tenía mareos solo por estar de pie”, recuerda. Por supuesto, su espacio de trabajo no ayudó: “no tenía sillas aptas. Trabajaba con sillas de playa”. Es decir, mirando hacia abajo, cargando el cuello, durante las cuatro horas que duraba su jornada, reducida por un ERTE.

El problema no fue solo el teletrabajo, también que “no hay mucho que hacer, y muchos días cuando acabas de trabajar, te vuelves al ordenador, lo cual quiere decir que nos pasamos más de ocho horas mirando la pantalla”, añade. Ahora, Álvaro tiene que ir a rehabilitación, porque está yendo a peor: “me duele el cuello, la columna, tengo los nervios pillados por lo que se me duermen los brazos e incluso con cambios de temperatura me dan mareos y desmayos”.

"Trabajo desde mi cama"

Busco por Twitter y me topo con decenas de personas más quejándose de lo mismo. Me responde, por mensaje privado Sandra, publicista de Madrid de 28 años. “Yo vivo en un piso de 70 m2, compartido, y no tengo más espacio que mi cama. Estoy mirando todo el rato hacia abajo y me he destrozado el cuello. Tuve que pedirme la baja y me paso los días con collarín cuando acabo de trabajar”.

“Si por trabajar siempre en oficinas ya tenía decenas de pacientes con problemas de espaldas, lumbalgia y contracturas, ahora que hemos quitado el poco ejercicio y descanso que se hacía, es decir, ir hasta el sitio de trabajo, las reuniones, ir a tomar un café al bar, ahora es todavía peor”, me cuenta por teléfono Àlvar Guillén, fisioterapeuta de Girona. Él, ubicado cerca de la zona universitaria de la ciudad, trabaja con muchos universitarios y jóvenes que, en sí, suelen tener muchos problemas de espalda por pasarse horas estudiando. “Ahora es todavía peor. Comparten piso y no tienen sitios donde trabajar con las bibliotecas cerradas. Mucha gente trabaja en sofás o en su cama porque no tienen espacios de trabajo, es decir, estás castigando a tu cuerpo durante más de cuatro horas”.

"Teletrabajo, un riesgo para la salud física"

Para la UGT, el teletrabajo ha venido para quedarse, por lo que las empresas y el Gobierno deberían “abordar cuanto antes una regulación específica para eliminar la gran precariedad y el notable riesgo para la salud del trabajador con el que el teletrabajo se ha iniciado de forma generalizada con la llegada de la pandemia”. Según un informe que ha realizado el sindicato, las condiciones laborales son muy precarias y suponen “unos riesgos evidentes para su salud, que se inician con las propias deficiencias del puesto de trabajo en lo relativo al equipo informático utilizado, problemas de audición y de iluminación o con el espacio o la silla”.

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Añade Àlvar que “las lesiones más típicas son de cuello y de muñeca”. ¿Cómo evitarlas? “No hay una fórmula establecida, pero ahora que se avecina un segundo confinamiento light, es hora de corregir los errores del primero: camina lo máximo que puedas. Ve a pasear, a comprar, incluso si tienes que hacer llamadas, hazlas caminando por casa. Haz ejercicio, aunque sea poco pero constante. Cómprate almohadillas para el ratón, si puedes, ten un espacio que se adapte a tu altura, es decir, la espalda y el cuello rectos: a las malas, añade una caja bajo el portátil para que suba su altura”. Es decir, dentro de nuestras (limitadas) opciones, encontrar las que mejor se adapten a nuestras circunstancias. Y quizá, así, no acabar destruyéndonos el cuerpo por el teletrabajo.

CN