¿De verdad sirve para algo ver dos debates a una semana de las elecciones?

Los cuatro candidatos a la presidencia de España se enfrentaron anoche en un cara a cara que solo determinará el voto de entre el 1 y el 4% del electorado

Casi nueve millones de espectadores vieron ayer el debate electoral de TVE. La mitad de la audiencia televisiva y un dato que Atresmedia espera repetir (o superar) esta noche con la segunda edición del cara a cara entre Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Cs). Los debates electorales cotizan, pesan en los medios y en Twitter, donde se enviaron más de 1.000 mensajes por minuto y a primera hora del lunes, los candidatos seguían copando los primeros puestos del trending topic con resúmenes, desmentidos de las mentiras más flagrantes y memes, que nunca falten los memes.

Pero hay otro dato demoledor: solo entre el 1 y el 4% de los electores determinarán su voto en función del debate, según los expertos entrevistados por La Vanguardia, pese a que todavía hay más de un 30% de indecisos a menos de una semana de las elecciones. Entonces, ¿para qué sirve el debate? Y, ¿por qué necesitamos no solo uno, sino dos enfrentamientos entre los candidatos? La versión más conservadora es considerarlo como la oportunidad que cada candidato tiene de trasladar su mensaje a millones de espectadores, a aquellos que no acuden a los mítines. Y eso fue: un debate prácticamente unidireccional sin apenas interpelaciones, preguntas o reproches directos

En hora y media, los candidatos hicieron sus monólogos sobre economía, Estado del Bienestar o política territorial y salieron pocos titulares. Los tertulianos que analizaron el debate en TVE justo después no se lanzaron a coronar un ganador rápidamente, aunque sí estaba claro el perdedor: Pablo Casado, que decidió mostrar su mejor cara de chico bueno y amainar la virulencia que lleva acumulando durante toda la campaña, pero la estrategia no acabó de funcionarle. Entre los candidatos de la derecha, Rivera sacó su mejor oratoria, aunque fue perdiendo fuerza y su minuto de despedida fue el más parodiado de Twitter. Su "¿lo oyen? es el silencio de..." ya es un clásico contemporáneo del humor.

Tampoco es fácil encontrar consenso entre las actuaciones de Pedro Sánchez, institucional, sobrio y sin cometer ningún error, como esperaban sus contrincantes, y Pablo Iglesias, que empezó tímido y se aferró a la Constitución que citó hasta cuatro veces. En general, hubo teatro, pero poco, momentos de hombres hablando de los vientres de las mujeres. Fotos en el atril de supuestas vergüenzas y estadísticas de desempleo o pensiones con más falsedades de las que todos hubiéramos querido ver. Juego político simple, momentos que se alargaron más de lo necesario e ideas que aparecieron cuando el marcador ya estaba en tiempo de descuento. 

Lo que sí quedó claro y afianzado es que son unas elecciones de dos bloques enfrentados: la derecha, representada por Casado, Rivera y el fantasma de Vox (ausente del debate porque no tiene representación parlamentaria) y la izquierda de Sánchez e Iglesias. Aunque el representante de Podemos insistió en desmarcarse del PSOE y mostrarse como el verdadero representante de la izquierda porque insistió hasta tres veces en preguntarle al presidente del gobierno si está dispuesto a pactar con Ciudadanos. Un as bajo la manga que el líder socialista respondió con su silencio, que sí se oyó, aunque Iglesias parecía también hablar solo durante un buen rato, sin que nadie lo oyera.

Esta noche, más debate, aunque esta semana, la última antes de las elecciones no se pueden publicar encuestas. Así que seguiremos escuchando propuestas y tuiteando ocurrencias a ciegas hasta saber el domingo cuál de ellos gobernará el país. Todo apunta a que el segundo debate tendrá más mala leche, los candidatos aprovecharán para sacar todas sus cartas y se interrumpirán más. Puede que el espectáculo sea mayor y que incluso tenga que actuar el moderador, que ayer no se cansaba de decir que los insultos (con elegancia) también están permitidos.

Las elecciones están reñidas y los candidatos, en vilo. No sabemos si los debates nos ayudan a conocerlos mejor, pero cuanto más se expongan, más sana será la competencia. Al fin y al cabo, los debates nos recuerdan que estamos obligados a convivir en una sociedad de contradicciones y desencuentros. Lo otro, lo de Twitter, el algoritmo y las burbujas consiste más bien en un compendio de monólogos de gente que habla pero que no escucha.