Por qué puedes acabar deportado de Turquía si te comes un plátano

Las autoridades turcas han considerado que los sirios que comían bananas en TikTok ofendían a los turcos, ya que respondían a un ciudadano que dijo que no tenía dinero para pagárselas 

Es difícil creer que un país pueda detener y amenazar de deportar a refugiados por grabarse comiendo bananas en Tik Tok. Pero la historia es real, está sucediendo en la Turquía de Erdogan y el desarrollo de la historia tiene los ingredientes de un drama político y también los de una comedia moderna sobre retos virales, pero ¿Por qué puede ofender que alguien coma plátanos en las redes sociales hasta el punto de detener y amenazar con deportar a gente?

Tiene una explicación. Todo empezó, cuenta el The Washington Post, el pasado 17 de septiembre, con un encuentro en las calles de Estambul que fue grabado en vídeo. Un hombre se quejaba de que no podía comprar plátanos por la situación económica del país. Le contaba a una estudiante siria que algunos refugiados sirios estaban comprando plátanos “a quilos”, referencia a los falsos rumores de que los refugiados viven de manera lujosa gracias a las ayudas del gobierno. Un bulo común en otros países, también en España. 

Fue a partir de entonces cuando algunos sirios empezaron a grabarse comiendo bananas riéndose del vídeo en cuestión. En uno de ellos, un grupo de jóvenes sirios aparece en una habitación cerrada riéndose mientras todos comen plátanos. Días después, la prensa local informó de que las autoridades de Estambul habían detenido a once sirios implicados en este tipo de vídeos, bajo cargos como “incitar al odio o humillar a personas turcas”. Una acción “terrorífica”, según Amnistía Internacional. Los detenidos se enfrentan a posibles deportaciones. 

La represión del gobierno turco sorprende en el contexto de un país que, en 2019, era el que acogía a una mayor población de desplazados del mundo, incluyendo a 3,6 millones de sirios. Pero la creciente inflación, que ha hecho que los precios suban un 30% en septiembre, está acompañando un descenso de la “aceptación y la solidaridad”, según un informe reciente de ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas en materia de refugiados. 

El domingo, además, las autoridades turcas arrestaron al periodista sirio Majed Shamaa, después de haber realizado un reportaje sobre el caso de los plátanos en Estanbul. El partido nacionalista turco Iyi defendió los arrestos porque los que comían bananas “se estaban riendo de los turcos e insultando a la bandera” (hubo un caso en que el plátano ocupó el lugar de la luna en la bandera turca). Pero el Partido Demócrata defendió que los arrestos y deportaciónes eran “racistas”, mientras colectivos de la minoría siria aclararon que no se estaban riendo de los turcos, sino del racismo. 

Todo esto ha sido posible porque en Turquía existen leyes muy duras para quienes insulten al estado o a los símbolos nacionales. Tan duras que castigan hasta los chistes, en un ejemplo más de la delicada situación que vive la libertad de expresión en el país presidido por Erdogan.