Así es como la propaganda nazi hizo que Hitler pareciera un trozo de pan

En los escenarios privados se podía ver al dictador paseando con sus perros, tranquilamente en el salón de su casa o de retiro en los Alpes de Berchtesgaden al sur de Alemania

Hasta los años 30 del siglo pasado, siempre se había ilustrado a Adolf Hitler enfatizando sus orígenes pobres y la carencia de hogar. Su cambio de imagen comenzó cuando se convirtió en canciller y aprovechó la fama y el dinero que consiguió de su libro Mi lucha para rediseñar sus residencias. Durante estas renovaciones fue cuando también su faceta antisemita extrema se suavizó gracias a la propaganda nazi y se fue creando una personalidad sofisticada y hogareña fotografiada en un entorno doméstico. Junto a él aparecían cortinas de seda o jarrones de porcelana que daban sensación de paz y tranquilidad.

Todo el mundo conoce ya la mano de Joseph Goebbels en el diseño de la imagen exterior de Hitler o las películas de Leni Riefenstahl, pero la encargada de decorar los interiores de los diferentes espacios en los que Hitler se movía era Gerdy Troost. Ella se inspiraba en la reforma de los diseños británicos, potenciaba la artesanía frente a otras obras más llamativas y se preocupaba por la calidad de los materiales. Como cuentan en la BBC, “Troost fue una mujer respetada y temida en la Alemania nazi, a pesar de que las historias escritas sobre ese período la han ignorado. Sin embargo, nuevas fuentes de archivos revelan su sorprendente influencia sobre Hitler y su importancia dentro de los círculos de élite nazi”.

Todo alrededor del dictador estaba diseñado. Para elegir el chalet de Hitler tomaron como inspiración las montañas de los movimientos literarios, por eso desde este espacio se observaba parte de una Alemania montañosa y por otro lado parte de Austria. Cuando lo miras en este entorno parece un líder místico que adora la naturaleza y le gusta mezclarse en ella, ya que estar en ese lugar le hacía tener más contacto con animales y niños. Estas situaciones se fotografiaban y se plasmaban en postales, libros, revistas… Así los alemanes consumían y entendían que su líder era el protagonista de una vida doméstica pacífica.

La propaganda estaba tan bien pensada y los medios servían perfectamente como apoyo que el 30 de mayo de 1937, un mes después de que los aviones alemanes bombardearan Guernica, The New York Times publicó un artículo en primera plana sobre el retiro a la montaña soñado y tranquilo de Adolf Hitler, como si no pasara nada. Se podía ver al dictador rodeado de naturaleza, como si estuviera meditando y viviendo una vida simple. Nadie habló del ataque contra Guernica ni cómo sufrieron las víctimas.

Amistades agradables, cenas tranquilas, desayunos en la naturaleza, diseños refinados, pasión por los dulces, hospitalidad sin pretensiones… Toda la publicidad que rodeaba al dictador daba una imagen de él saludable y pacífica. Todo esto se fue evaporando, obviamente, no permaneció eternamente. Cuando los aviones enviados por Hitler comenzaron a bombardear ciudades y sus tropas avanzaron por media Europa, los medios perdieron rápidamente el interés sobre los retiros de Hitler o dónde se habían diseñado sus jarrones. 

Esta influencia solo muestra que el espectador o el consumidor debe tener un ojo más crítico a la hora de admirar estas vidas que se muestran como idílicas. Ya se ve (y no solo con Hitler) cómo la propaganda bien preparada y llena de filtros puede dar una imagen completamente contraria a la realidad.