La polémica historia de amor de las lesbianas gitanas Carmen y Lola

La película, que ha triunfado en Cannes, se ha llevado muchas críticas antes de su estreno. Hablamos con la directora y con una feminista gitana para entender sus puntos de vista

Estaba claro que una historia de amor entre dos gitanas adolescentes no iba a pasar desapercibida. Carmen (Rosy Rodriguez) conoce a Lola (Zaira Morales) en el mercado un día lluvioso, y ya no dejará de pensar en ella pese a que lo tendrán chungo para estar juntas. Llega el estreno de Carmen y Lola, el primer largometraje de Arantxa Echevarría (Bilbao, 1968) que, con un 70% de mujeres en el equipo, la ha convertido en la primera directora española en la Quincena de Realizadores del festival de Cannes. La polémica que ha desatado con la comunidad feminista gitana, que la considera estereotipada y racista, es una razón de más para ir a verla (y sacar tus propias conclusiones).

Arantxa nos saluda por teléfono con la voz rasgada un día después del preestreno, noche en la que “lo dieron todo”, porque fue el clímax de un proceso cargado de emociones. Retratar un primer amor en la comunidad LGBTI es un reto, y la cosa se complica si eres una paya retratando a un colectivo discriminado como es el pueblo gitano. "La homofobia es universal y la tenemos todos, es un mal endémico de nuestra sociedad, porque aunque tengamos unas leyes y cierta tolerancia, la calle lleva otro ritmo", dice la directora. Cuenta como una de las actrices le confesó que no le hablaba a un primo suyo por ser homosexual, porque para ella y su familia había sido una vergüenza. Pero para cuando llevaban media peli rodada, la joven había retomado el contacto con su primo para pedirle perdón. “Cuando me lo contó pensé que ya me daba igual cómo saliese la película, que me habría valido la pena”, dice Arantxa.

Pero la presentación de 'Carmen y Lola' ha levantado ampollas entre las feministas gitanas, que consideraron el discurso mediático de Arantxa paternalista y sesgado, y el tráiler de la película lleno de estereotipos. La Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad la criticó duramente, y la controversia escaló en la XXXII Muestra de Cine y Mujeres de Pamplona en junio cuando la directora rechazó debatir en público con ellas. Ante la indignación de la asociación y para no crear más conflicto, acabaron retirando la película del cartel. Según la activista feminista gitana Silvia Agüero, que publicó en Afroféminas dos artículos en contra de la película, "el problema no es que una paya feminista hable de las gitanas, puedes hacer una película de lo que te dé la gana, la cuestión es que te tienes que informar bien”. 

La principal crítica que le hace a Arantxa, que resume bastante la polémica, es reproducir una vez más la imagen de la etnia gitana como ignorante, homófoba y machista, en lugar de aprovechar para mostrar su heterogeneidad. “El tráiler y los clips que hemos visto ya son todo estereotipos, un padre machista, una madre sumisa, todos trabajando en el mercado, la boda,...", dice Silvia. La activista asegura que eso no representa la realidad de los gitanos, y quiere que Arantxa deje de hablar de su comunidad. “Tenemos un problema de homofobia conjunto, tanto payos como gitanos, y hay muchas asociaciones gitanas que hubieran estado dispuestas a informarla sobre cómo podría haber tratado el tema”, se lamenta Silvia.

Una de las inspiraciones de Carmen y Lola fue una noticia que Arantxa vio en 2009 de la boda de dos gitanas, que tuvieron que salir de espaldas en la foto y ni siquiera invitaron a la familia. En una entrevista en el diario Público, Arantxa dijo que quería dar voz a las gitanas lesbianas porque no la tenían. Esto sentó mal a más de una, porque como Silvia nos recuerda, el mismo año en el programa Ratones Coloraos salieron una pareja de gitanas hablando de su homosexualidad, y la música Noelia Heredia ‘La Negri’ lleva mucho tiempo fuera del armario. “Me resulta difícil decirte todo esto, porque parece que me esté justificando, y no tenemos que justificarnos”, dice la activista.

Arantxa Echevarría durante el rodaje

Arantxa nos cuenta que a raíz de todo lo que se ha dicho, ha reflexionado mucho. “Comprendo esta reticencia, porque llevan 600 años jodidos y ninguneados, yo si fuera gitana también tendría mis dudas, pensaría 'esta paya, ¿qué viene a hacer aquí a contarme su vida?'”, concede. Pero insiste en que no ha contado nada que no haya vivido o le hayan contado los gitanos con los que ha trabajado. Es consciente de que este colectivo a menudo es "invisible" para los payos, de forma que durante los dos años previos al rodaje, la bilbaína estuvo conociendo a varias familias y asistiendo a sus eventos familiares, pasando largos ratos en sus casas y creando vínculos, presentándoles a su propia familia.

Cuenta también que ha aprendido mucho de las gitanas homosexuales que le dieron testimonios para informarse, y por supuesto de los asesores en el proceso de guión y rodaje. “Es imposible que no sienta empatía hacia los gitanos, además de que casi todos los actores de la película lo son", se defiende. Aunque ha procurado no estereotipar, Arantxa nos recuerda que ella no es socióloga, sino creadora. "No tengo que hacer una película a medida de un gitano progresista o conservador, sino a medida de mi corazón”, dice. Espera que en el futuro haya más mujeres gitanas directoras, y está segura de que su forma de pensar la sorprenderá gratamente.

Carmen y Lola

Lejos de ser una polémica resuelta, nos ayuda a seguir reflexionando sobre la visibilización de minorías, y sobre cómo los conceptos de igualdad y libertad deberían convivir con la diversidad y el respeto cultural. De lo que se quejan los feminismos diversos como el gitano es de que el feminismo blanco hegemónico a menudo habla por todas las mujeres como si no hubiese entre ellas desigualdades estructurales basadas en el racismo y el clasismo. “En este país quien habla de los gitanos, si es payo, triunfa. Pero a los que combatimos el antigitanismo a diario, no nos sacan en medios grandes como a ella", dice Silvia, a la que puedes leer más en su página Pretendemos gitanizar el mundo.

Si algo aporta este 'mal rollo' es que nos invita a ver la película con los ojos más abiertos y analíticos, que tampoco va mal, porque es cierto que siempre vemos a los gitanos representados por o para los payos. Pese a todo, la directora espera que cuando la vean, todos sepan que Carmen y Lola está hecha desde el amor. Nosotras, además, esperamos que todas las Cármenes y Lolas, gitanas o no, puedan amar a quien les de la gana.