Los neozelandeses que ahora mismo tienen 14 años no podrán fumar jamás

El gobierno del país también reducirá la carga de nicotina del tabaco y aumentará los impuestos

Durante muchísimas décadas teníamos excusa: no sabíamos que el tabaco era tan sumamente nocivo. Ahora lo sabemos muy bien pero, aún así, cada año mueren más de ocho millones de personas en el mundo a causa de su consumo. En España las cifras no son muy prometedoras. Aunque existen países en la Unión Europea con tasas de consumo más elevadas, con Bulgaria y su 28,7% a la cabeza, hasta un 19,7% de la población de más de 15 años fuma diariamente en nuestro país. Nueva Zelanda, con bastante menos, ha decidido poner en marcha una prohibición rotunda: sus ciudadanos menores de 14 años no fumarán nunca.

Bajo el nombre de Smokefree 2025, la medida neozelandesa consiste en ir aumentando cada año la edad legal necesaria para fumar, de manera que quienes tienen hoy 14 años o menos no cumplirán en ningún momento futuro dicho requisito. En otras palabras: es una prohibición perpetua destinada a convertir a lxs jóvenxs de hoy en día en la primera generación libre de humos. La única manera en la que una persona neozelandesa que tenga hoy esa edad podrá fumar será viajando a otros países o adquiriéndolo en el mercado negro. De lo contrario, sus pulmones disfrutarán probablemente de una envidiable salud. ¿Polémico?

De momento no. Como explican desde Magnet, "el Gobierno laborista hizo una consulta a la ciudadanía, que dio su visto bueno, y desde entonces han estado elaborado un plan presentado hoy mismo y al que solo le queda pasar por el proceso legislativo, que se prevé lo supere sin obstáculos antes de finales de 2022". ¿Pero hasta qué punto es justo? Después de todo, son lxs adultxs actuales, que sí pueden fumar y seguir fumando el resto de sus vidas, quienes acaban de dar su apoyo a una medida que no solo impide fumar actualmente a lxs jóvenxs sino que además les impedirá hacerlo cuando sean adultxs. ¿Es eso empatía o imposición?

Probablemente las dos. Pero para no juzgar a los actuales adultos neozelandeses como dictadores, debemos tener en cuenta que el paquete de medidas antitabaco que han aprobado también les perjudica. En concreto a través de otras medidas complementarias como la reducción de la cantidad legal de nicotina de los cigarrillos. Y no un poquito, no, sino hasta los niveles más bajos. Así, el tabaco del futuro en el país oceánico será apenas suficiente para quitar el mono de nicotina y poco más. Unos cigarrillos mucho menos perjudiciales. Además, también habrá una disminución progresiva de los puntos de venta autorizados.

Eso significa que los neozelandeses tendrán cada vez más dificultades para comprar tabaco y, encima, no será el tabaco al que están acostumbrados ahora. Para apuntalar esta campaña, destinada a acabar para siempre con una de las mayores epidemias del mundo, el gobierno contempla una subida de los impuestos, que irán a parar a financiar servicios contra la adicción a la nicotina. Es decir, que costearse el tabaco será más y más caro cada año. ¿Es la prohibición el camino? ¿O lo es la legalización como proclaman algunas voces respecto a otras drogas? Probablemente no haya una solución universal. El tiempo determinará.