Así son los narcosubmarinos que transportan toneladas de cocaína sin que nadie se entere

Los llamados Big Foot son un tipo de embarcación muy empleada por los narcotraficantes para exportar grandes cantidades de droga a Estados Unidos y Europa sin ser detectados

Un submarino de 22 metros de eslora y dudosa fabricación, una tripulación de tres hombres y 3.000 kilos de cocaína. Podría parecer un episodio de Narcos, pero la realidad es que uno de esos se encuentra hundido frente a las costas de Galicia después de que las autoridades españolas recibieran un "soplo" e interceptaran la embarcación a pocos kilómetros de la playa de Hio, en el municipio pontevedrés de Cangas de Morrazo. Llevaban 20 días navegando desde Colombia, con parada en Cabo Verde, y estaban a punto de realizar la descarga cuando fueron interceptados por la Guardia Civil. Una travesía increíble para un submarino fabricado en Guyana y con la tecnología justa para semejante travesía pero que, sin embargo, podría alcanzar un precio de 2,5 millones de euros. 

Puede parecer muy peliculero, pero el uso de ‘narcosubmarinos’ está realmente extendido como método para el transporte de grandes cantidades de droga en América Latina e, incluso, como método para introducir cocaína en los Estados Unidos. Conocidos como Big Foot sub, se empezaron a emplear a finales de 1990 y su tamaño suele rondar los 20 metros, su potencia los 350 caballos, su velocidad máxima los 23 km/h y su capacidad de carga las 10 toneladas. Sin embargo, la policía de Colombia descubrió en 2000 un submarino en plena construcción cuyo tamaño rondaba los 32 metros y que tendría una autonomía de 3.800 kilómetros. Al parecer, la construcción corría a cargo de ingenieros navales rusos y el proyecto era de tal envergadura que emplearon un casco metálico (normalmente son de fibra de vidrio) que permitía sumergirse hasta 100 metros sin dificultad.

La ruta más habitual de los narcosubmarinos conecta Colombia desde sus vertientes en el Pacífico y el Caribe con las costas de Estados Unidos y México. Sin embargo, la red de buques de pesca que les abastecen de combustible en alta mar les permiten realizar travesías más largas como, por ejemplo, la realizada hasta las costas de Pontevedra. Todo ello es posible gracias a los sistemas de navegación satelital (GPS) y la pericia de sus tripulantes que, de media, suelen embolsarse unos 100.000 dólares por travesía. Su mayor desafío durante la travesía es permanecer indetectables algo que a veces consiguen recubriendo las embarcaciones por una delgada capa de plomo que convierte a los submarinos en invisibles a la luz infrarroja de los guardacostas. Es aquí donde los receptores juegan un papel importantísimo a la llegada de los submarinos a su destino: son los que indican el lugar preciso de la costa en el que realizar la maniobra de descarga sin ser detectados.

"Llevábamos años oyendo hablar de este tipo de transportes, nos lo habían contado los americanos y algunos narcos detenidos en operaciones antes de 2010, que luego se desdecían, pero nunca los habíamos visto", explicaba al diario ABC un agente de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía. Por lo visto, en alta mar es casi imposible detectarlos. Navegan a dos aguas, son de color azul oscuro y lo que se ve desde el aire es una especie de mancha azul que puede confundirse con una ola. Las señales que aparecen en los radares también son confusas.

Ya en el caso del submarino recuperado la semana pasada, cuyo motor tiene unos sorprendentes 2.000 cv de potencia, fueron los mismos tripulantes los que finalmente optaron por hundirlo al detectar la presencia de las autoridades en el punto de entrega. Allí, según apuntas las investigaciones, alguno de los tres grandes clanes gallegos de la droga debían haberse hecho cargo de la descarga y distribución. Incluso se especula que fuera el archiconocido narco Sito Miñanco, encarcelado ahora hace dos años, el que podría haber financiado la operación. Ahora todo dependerá de los dos ciudadanos de nacionalidad ecuatoriana detenidos que deberán declarar ante el juzgado de Cangas de Morrazo. Por su parte, el tercer tripulante del submarino, de nacionalidad española, permanece en paradero desconocido al conseguir escapar. Se calcula que el valor total de la droga podría superar los 150 millones de euros.