Por qué los monjes de Tailandia están cada vez más condenados al sobrepeso

La bonanza del país hace que las ofrendas que antes eran escasas se hayan convertido en auténticos manjares

En Tailandia hay una realidad: los monjes, que son los consentidos de toda la sociedad, están engordando. Y el fenómeno es bien particular. La alimentacón de los monjes depende de las almas caritativas y solo pueden consumir antes del mediodía. Por eso, cada mañana salen con sus túnicas naranjas a ver qué pescan. Y no les cuesta demasiado, porque los fieles casi que compiten por alimentarlos... les entregan dulces, comilonas y auténticos banquetes para ganarse su benevolencia. Muchos de ellos incluso recurren a los zumos (también repletos de azúcar) para pasar los ayunos de las tardes. La conclusión es sorprendente: más o menos la mitad de los 349.000 monjes que hay en el país tienen o sobrepeso u obesidad, según el Comisión Nacional de Salud de Tailandia, un estudio que cita The Economist.

Hace dos años, cuenta la revista, el país sugirió que los monjes debían empezar a pensar en su dieta y en hacer ejercicio porque ni los rezos ni la meditación son demasiado útiles para quemar calorías, precisamente, pero su religión (el budismo) les impide ser demasiado activos. Así que se han conformado con dar paseos y limpiar los templos como actividad principal. Ese es su gimnasio en esa vida comedida que, paradójicamente, les permite darse atracones pero no alterar su organismo para quemarlos. La última novedad: clases de dietética para monjes.

Pero intentar atajar estas cotas de colesterol es complicado. Tailandia se está enriqueciendo y como todos sabemos, la comida es uno de los primeros síntomas del bienestar, así que lo que antes eran ofrendas humildes características de un país pobre, desde hace unos años ha empezado a convertirse en festines característicos de La última cena. Y no es solo un problema de los monjes. Según el Instituto del Banco Asiático de Desarrollo, también citado por The Economist, el 33% de los hombres y el 43% de las mujeres del país sufren obesidad.

La Universidad de Chulalongkorn ha desarrollado una herramienta para intentar que los monjes controlen el aumento de su peso que no incide en sus creencias y tampoco es demasiado invasiva: un cinturón para que los monjes controlen cuándo su cintura está rebosando los límites de lo que se considera sano. Además, se están distribuyendo unos folletos para que los fieles cocinen ofrendas más saludables para los monjes (¡más arroz y más verduras, por favor!) y los hospitales ya están empezando a aliarse con los templos para hacer seguimiento de la salud de los religiosos. No es cuestión de gordofobia, es un auténtico problema de salud pública y cualquier idea para revertirlo será bienvenida.