La misteriosa explosión que arrasó Siberia con la potencia de 300 bombas de Hiroshima

El 30 de junio de 1908 se produjo en el río Tunguska de Siberia la mayor explosión de la Tierra en la historia moderna

Imagínate una explosión tan potente que si ocurriese en Madrid la gente saldría disparada y no caería al suelo hasta llegar Barcelona. Una detonación tan brutal que arrasara con una superficie de 2.000 kilómetros cuadrados. Un infierno que apenas duraría unos segundos pero cuyos efectos se prolongarían por décadas. Pues bien, hace casi 112 años, en concreto el 30 de junio de 1908, se produjo en el río Tunguska de Siberia la mayor explosión de la Tierra en la historia moderna. 

Conocido como el ‘evento Tunguska’, la explosión de un bólido (una especie de meteorito) en la atmósfera de Rusia produjo una explosión de una potencia de 30 megatones, es decir, aproximadamente 300 veces la potencia de la bomba atómica de Hiroshima. Sin embargo, son muchas las dudas que todavía recaen en aquella misteriosa explosión que, por suerte, ocurrió en un lugar desabitado de Siberia pero que podría haber supuesto una catástrofe de proporciones continentales si hubiera caído, por ejemplo, en Europa occidental. 

En la actualidad un grupo de investigadores de la Academia de Ciencias de Rusia se encuentran en el lugar de la explosión para intentar resolver algunos de los enigmas que todavía siguen sin ser aclarados. En concreto, el equipo conformado por físicos, geólogos y biólogos están estudiando los sedimentos del lago Kucherla en busca de los minerales que transportaba aquel misterioso objeto que cayó del espacio exterior y cuya explosión generó tanta luz que durante varias noches fue posible leer sin necesidad de luz artificial en grandes regiones de Siberia. 

Según testimonios de la población tungus, la etnia local nómada de origen mongol dedicada al pastoreo de renos, que lo vio caer, “brillaba como el Sol”. Informes del distrito de Kansk (a 600 kilómetros del impacto), describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda de choque, mientras las casas temblaban y en los estantes los objetos de loza se rompían. El maquinista del ferrocarril Transiberiano detuvo su tren temiendo un descarrilamiento, al notar que vibraban tanto los vagones como los raíles.  

Por su parte, los científicos están convencidos de que obtendrán respuestas a tanto interrogante. ”El lago es profundo y eso permite que los sedimentos limosos acumulados en él no se mezclen, sino que se asienten y conserven la información de los años pasados, incluida la historia incesante de cambios climáticos y eventos catastróficos", explica el científico Artur Méidus  en declaraciones recogidas por el diario El Confidencial. Al parecer, la concentración de potasio, titanio, rubidio, itrio y circonio son especialmente elevadas en la zona de Tunguska lo que podría relacionarse directamente con el impacto. 

A través del análisis de los materiales se intentará establecer si estos provienen realmente del bólido que, supuestamente, provocó aquella explosión. Y es que ni siquiera ha quedado claro que se tratara de un fragmento de meteorito y se maneja la hipótesis de que, en realidad, se tratara de parte de un cometa que se fusionó nuclearmente al contactar con la atmósfera de la tierra y sublimarse. Incluso se ha llegado a sugerir que la destrucción tan enorme fuera producto de una tormenta magnética (algo muy relacionado con las explosiones nucleares) o una explosión de antimateria. Esta última tesis muy difícil de probar por el desconocimiento sobre la formación de la antimateria.

Mientras los científicos estudian nuevamente el suelo de Tunguska, solo el tiempo y el avance de las investigaciones lograrán aclarar uno de los grandes misterios en la historia reciente.