El millonario que fingió ser un trabajador en una de las zonas más pobres de Canadá para que lo vacunaran

Se recorrió 3.000 kilómetros para entrar en el plan de vacunación indígena. Un plan que hacía aguas por todos lados porque, obviamente, le han pillado antes de la segunda dosis

Ahora mismo, si le preguntas a alguien “¿qué es lo que más deseas?”, más allá de dinero, salud y amor, prácticamente todo el mundo te dirá: vacunación y hacer vida normal otra vez. Es normal. Demasiado tiempo con nuestra vida en stand by. Y, como los tiempos de vacunación son lentos, algunas personas no han dudado en usar su posición privilegiada para saltarse toda ética y pasar por delante del resto de personas que necesitan urgentemente la vacunación. Desde políticos hasta agencias de viajes que por 45.000 euros te montan un viaje a Dubái con Pzifer incluida.

El último escándalo relacionado con gente saltándose la cola de vacunación ha sido en Canadá. Rodney Baker, empresario multimillonario de 55 de años, y su mujer, Ekaterina Baker, una conocida actriz de 32 años, descubrieron que el gobierno del país había reservado una pequeñísima porción de las vacunas a los territorios mayoritariamente indígenas, que sufren unas mayores tasas de precariedad y pobreza que el resto de las regiones, para asegurarse de que también podían optar de forma pública a la vacunación.

Tras oír las noticias, decidieron volar desde Vancouver (que, con más de medio millón de habitantes y situada en las regiones urbanas del país, solo estaban vacunando a personas de riesgo) a Yukón, una región al norte del país. De allí volaron a Beaver Creek, un territorio todavía más pequeño y más alejado de mayoría indígena. En total, 3.000 kilómetros, más o menos la distancia entre Madrid y Atenas, para vacunarse de forma ilícita.

Una vez llegó a Beaver Creek, obviamente, necesitaban una estrategia que les sirviera como coartada. Aprovecharon que la clínica móvil que había instalado el gobierno no contaba con personal de la zona y que no conocía quién vivía ahí, para hacerse pasar por dos trabajadores del hotelito rural de la región. Y como para recibir la vacuna la única condición era vivir o trabajar en el territorio, la pareja logró ser vacunada a pesar de que no era de ninguno de los colectivos de riesgo.

Pero los sanitarios, después de haberlos vacunado, contactaron con el hotel y descubrieron que era mentira. Y aunque intentaron irse corriendo al aeropuerto, fueron interceptados antes de embarcar. Se les ha multado (750 euros ambos) y han sufrido un escrache tan grande que Baker ha tenido que dimitir como CEO de su empresa, Great Canadian Gaming Corporation (GCGC), dedicada a los casinos y al mundo del juego y la noche. Ahora, como informan medios locales, está por ver si el matrimonio recibe la segunda dosis o toda esta retorcida trama ha sido en vano.