El ‘megapene’ de Fernando VII que cambió la historia de España para siempre

El monarca español Fernando VII sufría de macrosomía genital, una enfermedad que le dotó de un pene tan descomunal que amenazó la integridad de España

Si en el colegio te hubieran enseñado que un pene colosal tuvo la culpa de muchos de los problemas políticos de la España del s.XIX, es probable que no te hubiera parecido una asignatura tan aburrida. Y no por ser falocéntricos, sino porque a todxs nos encantan los cotilleos y los culebrones, y más si entre los ingredientes tenemos una extraña enfermedad, un rey apodado “El Deseado” y una almohadilla especial utilizada para que una persona con un pene de más de 30 centímetros pudiera tener una relación sexual satisfactoria sin infligir severos daños en los genitales de su pareja sexual. 

Pues bien, estamos hablando del megapene de Fernando VII y de cómo su enfermedad, la macrosomía genital, causó un enorme problema en la historia de España ya que sus cuatro esposas (dos de ellas sus propias sobrinas) apenas fueron capaces de mantener relaciones sexuales con él y asegurar con ello la descendencia y un heredero al trono. Pero es que la cosa era sórdida se mirase como se mirase, el escritor francés Prosper Merimeé describió al miembro viril del monarca Bordón como “fino como una barra de lacre en la base, y tan gordo como el puño en su extremidad; además, tan largo como un taco de billar”.

Pensando en semejante panorama, el relato de cómo su tercera esposa Maria Josefa Amalia de Sajonia, que tan solo tenía 15 años cuando la sacaron del convento para casarla con él, corrió por la habitación dando gritos en la noche de bodas al ver el pene erecto del monarca, pone los pelos de punta. “Ante esta horrible vista, la Reina creyó desvanecerse, y fue mucho peor cuando Su Majestad Católica comenzó a toquetearla sin miramientos, y es que la reina se escapa de la cama y corre por la habitación dando gritos. El Rey la persigue; pero, como ella es joven y ágil, y el Rey es gordo, pesado y gotoso, el Monarca se caía de narices, tropezaba con los suelos. En resumen, el rey encontró ese juego muy tonto y montó en espantosa cólera”, escribió Merimeé en su momento. Horrible, delictivo y perturbador a partes iguales. Hasta el Papa le escribió para recordarle su obligación de engendrar un heredero, pero ni así. 

Por lo visto, la única manera de los médicos de la Corte concibieron para que Fernando VII pudiera mantener relaciones y asegurar la descendencia consistió en una almohadilla con un agujero en su centro por el que el monarca introducía el pene y que actuaba como “tope” para que no fuera capaz de dañar las paredes uterinas de la reina. Al final, el método pareció funcionar con la última de sus esposas, su sobrina Maria Cristina de las Dos Sicilias, que concibió a dos hijas: Isabel y Luisa Fernanda. El problema es que debido a la Ley Sálica de los Borbones que impedía el acceso al trono a las mujeres la cuestión sucesoria acabó con estallar en las Guerras Carlistas entre los partidarios liberales de Isabel II y los tradicionalistas a favor del hermano del rey difunto, Carlos María Isidro. 

Del conflicto salió ganadora Isabel II pero fue el germen del problema foral y los nacionalismos que volverían a poner el peligro la monarquía a finales de siglo. En resumen, que la estabilidad de todo un sistema político estuvo en jaque debido al tamaño colosal de un pene que fue prácticamente incapaz de generar una descendencia legítima. Por suerte, en la sociedad actual el tamaño de un pene o violar a tus sobrinas ya no determina la viabilidad de un proyecto político y no hace más que darnos cuenta de lo mucho que hemos avanzado, o eso parece al menos. En cualquier caso, la historia del pene más importante de la historia de España merecía ser contada para que no vuelva a repetirse semejante monstruosidad.