La maquiavélica estrategia de Lidl para crear adictos a sus productos

Que si el robot de cocina, que si las bambas, que si la semana asiática... ¿Se acabó el reinado del Mercadona?

Hay gente que es fan de cosas normales. Como Juego de Tronos, Rick y Morty, Gaspar Noé, Scarlett Johanson, Messi, el Barça, el Real Madrid, Ibai, etcétera. Hay gente que es fan de cosas más frikis, como los trenes, la animación del siglo pasado, el macramé, los juegos de mesa o el bálsamo del tigre. Y luego hay gente que es fan de cosas que dices “ok”. Una de ellas: el Lidl. Tanto, que hay gente que se ha vuelto obsesa con sus productos, como explica El Español en un reportaje.

Una adicta es Inés Rivas: “está atenta a cualquier ganga que la cadena alemana saque a la venta en su bazar. A Inés no se le escapa una. Le gusta tanto Lidl que ella y otras 247.752 personas han conformado el grupo Nos Vamos al Lidl, el canal de fans de este supermercado más grande del país”, asegura el artículo. Inés es la estrella del grupo: “es quien nos suele recordar todas las ofertas es Inés, que tiene una memoria prodigiosa y nos avisa antes, incluso, de que salgan en los anuncios, ya que sus lanzamientos son cíclicos”, explica Lidia Díaz, coadministradora de la página de fans.

“Conozco el supermercado desde hace 22 años [lleva 26 en España] y soy su clienta por dos razones principalmente: por un lado, el producto tiene mucha calidad y buen precio. Y, por otro lado, el servicio de garantía es muy serio. En estos años no he tenido ningún problema con Lidl. Si sale algo mal me lo cambian sin ningún problema. Somos como influencers sin ánimo de lucro de la compra de los productos de Lidl”, le contaba Inés a El Español.

Su impacto en las ventas es brutal: si ella o las influencers del grupo hablan bien de un producto, al día siguiente estará agotado. De hecho, Lidl es consciente de este éxito del boca a boca y apuesta por el efecto llamada con promos limitadas para jugar con la psicología del “corre o se agota”. Así lo afirman los expertos consultados por el artículo, pero no hace falta hacer un estudio para comprobarlo. Abre Twitter y busca “semana asiática”, “hamburguesas veganas de Lidl”, “bambas del Lidl”, o cualquier cosa relacionada con sus productos exclusivos y verás el aluvión de mensajes que les dedican y la cascada de personas lamentándose porque se han agotado y fueron “demasiado tarde”. Poco a poco, los productos del supermercado se han convertido en la obsesión y adicción de muchos.

“El Lidl más cercano lo tengo a 15 minutos a pata y aun así voy sin pensármelo”, explica Carlos, un joven barcelonés adicto a este súper. “Me siento que hace unos años se hablaba muchísimo del Mercadona, era el supermercado de referencia, el meme oficial, hasta Bad Gyal le dedicó una canción. Y ahora que el boom ha pasado, toca irse a por el Lidl”, añade. La clave: buenos precios y todas las ofertas. “Es como La isla de las tentaciones, que lo veo por comentarlo con mis amigos, no porque me guste especialmente. Lo mismo con Lidl, si voy a pelearme por las ofertas y las semanas temáticas es para hacer las mismas recetas que mis amigos. Como todo el mundo hablaba de ello, pues yo también iba. Y al final lo he pillado como rutina, estoy enganchado a seguir sus promociones”, asegura.

Esa es la clave de la adicción que va en crecimiento. Para empezar, los precios baratos, luego, el marketing estratégico que juega con tu mente y te dice “corre y te quedas sin”, también está el que las ofertas sean cíclicas y cada cierto tiempo vayan volviendo, que te mantiene enganchado a esta rutina comercial, y, finalmente, el proceso del boca a boca, esa conversación social a la que todos quieren pertenecer. Vamos, el “si tu amigo se tira de un puente, ¿tú también?” de toda la vida.