El macabro desfile con más de 3.000 nazis que celebra la Hungría de Orbán cada año

‘La Ruta de Kitörés’ se ha convertido en un desfile anual en el que no faltan esvásticas, uniformes de las SS, vehículos militares restaurados y alemanes filonazis

Imagínate a 3.000 personas, muchas de ellas ataviadas con uniformes nazis, avanzando por la nieve de Hungría a pie y en reproducciones de vehículos militares en dirección a la frontera alemana en pleno 2020. Como te imaginarás no se trata de la huida original del ejército germano-magiar después de escapar del cerco soviético de Budapest en febrero de 1945, sino de una ruta turístico-conmemorativa que se celebra cada año en el país gobernado por el ultraderechista Viktor Orbán. La Ruta de Kitörés, así se llama el disparatado evento anual, es un recorrido de 57 kilómetros que debería recorrerse en menos de 18 horas para ‘honrar’ a los 700 militares húngaros que buscaron refugio entre el destacamento nazi más cercano como destaca un artículo publicado en el diario El Español.

Como era de esperar, el evento anual que lleva celebrándose desde el 2005, se ha convertido en un desfile en el que no faltan esvásticas, uniformes de las SS, vehículos militares restaurados y alemanes filonazis que cruzan la frontera para poder desfilar con sus trajes de la Wehrmacht sin acabar en prisión, como ocurriría en su país si tuvieran semejante idea. De hecho, uno de los participantes asiduos al desfile del horror es el grupo extremista neonazi ‘hammerskins’ que también se encuentra presente en España, donde está declarado como ilegal por asociación ilícita. Eso sí, para evitar problemas, muchos de sus participantes tienen la cautela de mantener las formas hasta que abandonan las ciudades para mostrar toda su colección de objetos nazis. Por otra parte, y como no podía ser de otra manera, el papel de las mujeres asistentes se limita en rellenar platos de sopa para los “soldados” que sí o sí deberán vestir con prendas militares o banderas y ser alemanes o húngaros. Hasta la web de inscripción está 100% en alemán.

Pero lo más grave del asunto es la profunda implicación del evento anual con el gobierno de Orbán y la vista gorda de este a sabiendas de que exhibir símbolos de ideologías totalitarias está prohibido por la ley del país. De hecho, la empresa que se lucra con el desfile es Zoltán Moys y es propiedad del cuñado del presidente del Parlamente húngaro, lo que le reporta importantes subvenciones públicas (e incluso documentales para la televisión estatal) tratando al evento como algo de fuerte interés cultural, cuando no es más que un decadente desfile de neonazis. A los que completen la hazaña en el tiempo requerido (algo que resulta fácil si su estado etílico no se lo impide) serán obsequiados con una cruz de hierro, es decir, la máxima distinción que otorgaba el régimen nazi a sus soldados.

No contentos con su teatralización del conflicto de la Segunda Guerra Mundial a favor del bando nazi y demonizando al Ejército Rojo, otro de los elementos que resulta homenajeado fue el gobierno colaboracionista de Miklós Horthy quien envió a 400.000 judíos y gitanos húngaros a los campos de concentración del Tercer Reich para su exterminio. La figura de Horthy ha sido reivindicada numerosas veces por Orbán quien vende su imagen como la del hombre fuerte que intentó frenar el avance soviético y preservar los valores tradicionales de la cultura húngara y europea frente a la "barbarie comunista". En esta misma línea de filonazismo en la que se mueven las autoridades del país, resulta muy significativo que en el Museo del Terror de Budapest se dediquen 20 salas a explicar los horrores cometidos en el periodo de ocupación soviético y solamente una a explicar el Holocausto.