Amon Goeth, el sanguinario oficial de las SS cuya locura horrorizó al Tercer Reich

El "Carnicero de Cracovia" murió ahorcado el 13 de septiembre en la prisión de Montelupich tras dos intentos fallidos y al grito de “Heil Hitler”

Si hay una película que es capaz de revolverte el estómago durante años es La lista de Schindler, de Steven Spielberg. La crueldad de sus personajes te hacen plantearte si realmente eran seres humanos aquellos oficiales de las SS que asesinaban, torturaban y ejecutaban con total indiferencia y sadismo a los judíos hacinados en los campo de concentración. De entre todos ellos, el interpretado por el actor Ralph Fiennes es el único capaz de convencerte de que, a veces, el mal más absoluto se pasea por el planeta en forma de persona. 

Pero, según un artículo de la revista National Geographic, la maldad infinita del oficial nazi no partió únicamente de la imaginación de Spielberg y la soberbia interpretación de Fiennes. En realidad, el personaje no hacía más que representar las atrocidades cometidas por Amon Goeth “el carnicero de Plaszow”. Nacido en Viena en 1908 en el seno de una adinerada familia católica, Goeth abandonó los estudios a los 17 años para meterse de lleno en la juventudes hitlerianas y escalar en el grupo paramilitar antisemita Heimwehr. Posteriormente, en 1930, el austriaco selló su unión a la rama austriaca del partido nazi y finalmente a las SS con la distinción de alter kämpfer, es decir, “viejo combatiente”. 

Paralelamente a su ascenso imparable en las SS, Goeth, quien se trasladó a Múnich tras la ilegalización del partido nazi en Austria, se distinguió por sus continuos actos de violencia extrema, llegando incluso a asesinar al canciller austríaco Engelbrt Dollfuss, sus problemas con la justicia y su alcoholismo incontrolado. En 1934, tras abandonar a su primera mujer, Olga Janauschek, y aprovechando la anexión de Austria a Alemania, el nazi regresó a Viena donde se casó nuevamente con Anny Geiger y de allí puso rumbo a Polonia donde participó directamente en la Operación Reinhardt. Esta misión ultrasecreta tenía por objeto preparar la eliminación sistemática de todos los judíos polacos con la creación de los campos de exterminio de Belzec, Sobibor, Treblinka, Majdanek y Chelmno.

Fue en el campo de Plaszow, cerca de Cracovia, y liderando la unidad Totenkopfverbände (las que lucían una calavera en su uniforme), donde Goeth pudo dar rienda suelta a todo su sadismo. Había sido construido con cientos de judíos del ghetto de la ciudad y los que sobrevivieron al mes de trabajos forzados tuvieron que escuchar el horrible discurso del nazi al inaugurar el lugar donde serían exterminados. “Como nuevo comandante del campo de Plaszow, Göth se dirigió a los reclusos como su "dios", ya que podía hacer su voluntad. Como muestra de benevolencia libró de la muerte a una judía y a su hermana por tocar bien el piano”, se explica en el artículo.

Pero este acto de piedad fue el único por el que se recordará a este psicópata. Como rutina habitual, Goeth se asomaba a la ventana de su residencia anexa al campo de exterminio para disparar a los presos que se comportaban de alguna manera “incorrecta” según su distorsionado criterio. Amaestró dos grandes perros para asesinar y devorar a prisioneros e, incluso, mató a un cocinero por servirle una sopa demasiado caliente. Su extrema brutalidad produjo que sus dos sirvientas personales vivieran un infierno a diaria y que muchos prisioneros prefirieran acabar con sus vidas antes que caer en las garras del “Herr Kommandant”. 

Se calcula que entre 8.000 y 12.000 personas fueron ejecutadas durante el mandato de Goeth en el campo de Plaszow, sin embargo, su despotismo sangriento fue demasiado brutal incluso para el propio Reich. En septiembre de 1944 fue finalmente relevado de su cargo y acusado por altos cargos de las SS de apropiarse de las propiedades de los judíos a su cargo (en el estado Nazi los bienes confiscados pasaban a ser de la propiedad del partido), no alimentar a sus prisioneros y permitir prácticas brutales a sus subordinados. Aunque se libró de cumplir una pena de prisión, se le diagnosticó con una enfermedad mental y se le ingresó en el psiquiátrico de Bad Tölz.

Con la invasión de los aliados en 1945 fue detenido cuando se paseaba por el lugar con el uniforme de la Wehrmacht. Aunque inicialmente negó haber sido un oficial de las SS, los testimonios de los supervivientes de campo de Plaszow rápidamente le señalaron como el autor de algunas de las más terribles crueldades del Holocausto. Durante el juicio en su contra, Amon insistió en que todas sus acciones se encontraban encuadradas en las órdenes de sus superiores y dentro de la jurisdicción disciplinaria como comandante del campo. Sus fanáticas alegaciones no evitaron que fuera condenado a muerte por “matar, mutilar y torturar a un gran número, no aclarado, de personas”.

Murió ahorcado el 13 de septiembre en la prisión de Montelupich tras dos intentos fallidos y al grito de “Heil Hitler”. Tras su muerte, el “carnicero de Plaszow” fue incinerado y arrojado al río Vístula donde desapareció para siempre. El hombre se había ido, pero su recuerdo siguió atormentando a miles de judíos que tuvieron que vivir cada día con un loco apuntándoles a la cabeza mientras bebía hasta caerse desmayado y violaba a sus sirvientas. El pánico que su figura seguía infundiendo era tal que durante el rodaje de La lista de Schindler, la superviviente Mila Pfefferberg tuvo una crisis nerviosa al ver aparecer al actor Ralph Fiennes caracterizado como el monstruo que el mundo jamás debió haber conocido.