Israel utiliza Eurovisión para que te olvides de sus violaciones a los derechos humanos

Eurovisión es política, pero no por los amiguismos sino por los juegos de propaganda que Israel y otros muchos países han utilizado durante el certamen

Hace un año, en mayo de 2018, Netta, la representante de Israel en Eurovisión, ganó el concurso. Y desató la polémica: ¿cómo iba a acoger Eurovisión, un festival que nace para celebrar la paz, la diversidad y la unidad, un Estado que ha incumplido sistemáticamente las resoluciones de la ONU y que está constantemente acusado de no respetar los Derechos Humanos?

Israel encendió automáticamente su maquinaria propagandística. El objetivo: usar el festival para legitimar sus acciones políticas. Desde un primer momento, Netanyahu, primer ministro del país, dejó clara su intención de celebrar el certamen en Jerusalén, ciudad que tanto Israel como Palestina reclaman como propia y que Netanyahu ha declarado capital del país, con el apoyo de Donald Trump, que movió la embajada estadounidense de Tel Aviv a esa ciudad, para atacar la soberanía palestina.

No ha sido la única estrategia política del país para aprovecharse de que las cámaras que apuntan a su país están enfocadas en Eurovisión. Probablemente, el ejemplo más claro es el pinkwashing, el “homonacionalismo” o utilizar el discurso de “en los países musulmanes matan a homosexuales” para establecerse como la única potencia tolerante e inclusiva de la región. Justo porque Eurovisión tiene millones de fans gays. Así, plantear el conflicto como una guerra entre el bien y el mal, puede leerse como una forma de utilizar los derechos del colectivo LGTBI para mostrarte como “el bueno”, frente a los otros, “los malos”, aunque tus operaciones violen sistemáticamente los derechos humanos.

Lo hemos visto en varios momentos de las semifinales del festival. Por ejemplo, poniendo una pareja gay en la kiss-cam¸ vendiéndolo como un acto de igualdad y tolerancia con el colectivo, mientras simultáneamente el ejército israelí controla las fronteras de Palestina y bombardea a la población (el último ataque fue pocos días antes de Eurovisión y se cobró la vida de 21 palestinos, como informa El País).

Esta retórica también se refuerza en discursos como el de "todos los musulmanes son homófobos". El usuario de Twitter Jesuchristopher desmonta las mentiras que se esconden tras esta afirmación: “no todos los musulmanes son homófobos. Hay musulmanes homófobos, musulmanes no homófobos y ¡sorpresa! musulmanes LGTBI. Los musulmanes no son una mente colmena, son miles de millones de personas tan diversas como las católicas o las ateas”.

En definitiva, el homonacionalismo es “proclamar a tu nación como homogéneamente ‘tolerante’ con el colectivo LGTBI y por tanto superior a otras naciones homogéneamente LGTBIfóbicas a las cuales agredir o invadir impune y legítimamente, a pesar de estar de facto matando a palestinos LGTBI”, añade el tuitero. El pinkwashing es, también, un término prácticamente sinónimo, que define la ocultación del incumplimiento sistemático de los derechos humanos fingiendo esta tolerancia al colectivo.

Pero Israel no es el único país que ha usado esta técnica. Como explica un artículo del diario El Salto, Rusia, Ucrania o Azerbaiyán son algunos de los estados que se han servido del festival para vender una imagen o un discurso político concreto. Por ejemplo, Ucrania le hizo un tirón de orejas a Rusia por la anexión de Crimea enviando una canción sobre las deportaciones masivas en la península durante el 1994. O Azerbaiyán utilizó muchas luces, espectáculo y tecnología para cubrir los desahucios ilegales, expropiaciones y demoliciones para preparar el país para el certamen y dar una imagen de modernidad y atractivo turístico y económico.

“Lejos de usar herramientas militares o económicas (poder duro), los países usan las herramientas culturales (conocidas como poder blando) y las políticas exteriores para levantar admiración y erigirse como ejemplos a seguir. De ese modo, se entienden las superproducciones a nivel escenográfico y las propuestas musicales con un marcado cariz internacional que envían al festival países del Este europeo como Ucrania, Armenia, Azerbaiyán y Rusia”, añade el artículo respecto a las motivaciones de estos países para erigirse como los grandes huéspedes de Eurovisión.

Israel, por lo tanto, es uno más que se une a la lista. Este año contará con Gal Gadot (Wonder Woman), Bar Refaeli y Madonna para crear un gran espectáculo que refuerce la idea del Israel moderno, democrático e inclusivo, mientras los palestinos, a pocos kilómetros de Tel Aviv, seguirán sufriendo la represión militar.