Por qué los hombres homosexuales también pueden ser machistas y misóginos

"Mírala que fea", "que gorda" o "que mal vestida va", son algunos de los comentarios misóginos que han hecho algunos hombres homosexuales

Mostrar asco hacia los coños, tocar a una mujer sin su consentimiento, recibir a otra con comentarios como “¡vaya tetas!” o querer que se vaya de un bar de ambiente, son algunas de las actitudes misóginas y machistas que, todavía hoy, protagonizan algunos hombres homosexuales. Es cierto que son conductas que pueden darse entre hombres de todas las orientaciones sexuales, pero choca más cuando se produce por parte de quienes presuntamente deberían sentir más empatía hacia las mujeres porque saben en carne propia lo que es ser discriminado. Sin embargo, en algunos casos la cosa está muy lejos de ser así, por lo que hemos querido saber a qué se debe su machismo y misoginia y cómo se materializa.

Rechazo al cuerpo de la mujer

A lo largo de los años, Stephen Lyne, un asturiano de padres británicos y 23 años de edad, se ha cansado de escuchar a hombres homosexuales denigrando gratuitamente a mujeres por su físico. “En muchas ocasiones he llegado a escuchar: 'mírala que fea', 'que gorda' o 'que mal vestida va'. Es como si fueran esas páginas de la Cuore en las que se criticaban las arrugas o michelines de las famosas’”, explica Stephen al hablar de un desprecio al cuerpo femenino que, en ocasiones, también llegan a materializarse ante las narices de la mujer aludida. Un ejemplo es el comentario que escuchó años atrás: "cuando le presenté una amiga a mi ex, que iba borracho, no se le ocurrió nada mejor que decirle: '¡Hostia, qué tetas más grandes tienes!'". Incluso el propio Stephen tampoco pudo evitar decir “hostia”, aunque fue para, acto seguido, decir a su amiga: “lo siento, lo siento”.

El comportamiento del que habla este joven se debe a que, como apunta el valenciano Rubén Serrano, de 25 años: “no hay que olvidar que los hombres gais nos hemos criado en el patriarcado con nuestras madres cocinando, nuestras abuelas cuidándonos y los hombres trabajando. Nos hemos intoxicado de todo eso”. Una teoría con la que, además, coincide el secretario de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales (FELGTB), Loren González. "La comunidad gay no está exenta del sistema patriarcal, que ha atacado a la mujer por todos los flancos: vestimenta, comportamiento y cuerpo", admite para, al mismo tiempo, recalcar que también ha influido que inicialmente el colectivo LGTBI solo estaba conformado por hombres. Con la llegada de lesbianas y transexuales tuvo que empezar a reformarse, pero aún falta camino por recorrer. 

Foto de archivo

Pero no todo queda en el patriarcado ni en los orígenes de la comunidad LGTBI. También hay actitudes misóginas que radican en que el cuerpo femenino está demasiado lejos de su realidad y, por tanto, de su sexo. "El sexo femenino es algo muy ajeno y desconocido para ellos. Eso hace que algunos lo rechacen y sientan asco. De ahí que digan que los coños son asquerosos", cuenta la sexóloga Nuria Jorbà al hablar de un repudio al que refuerza Loren reconociendo que "dentro de la comunidad gay hay mucho falocentrismo". Prueba de ello es que uno de los puntos de reclamo más comunes en apps como Grindr es el tamaño del pene, y eso, inevitablemente, “hace que aún haya más rechazo al cuerpo con vulva" y que las distancias entre hombres y mujeres se acrecenten. 

Rechazo a la mujer

Del mismo modo que Loren ha visto como en encuentros de la comunidad LGTBI más de una mujer ha sido ignorada y los hombres aplaudidos, ha presenciado como la discriminación también tiene cabida en clubes de ambiente: "Cuando entra una mujer es normal que se escuche: 'xoxo caca', '¿qué hace una mujer aquí?', 'nos están invadiendo…'". Lamentablemente, Rubén también ha presenciado esta aversión de la mano de amigos que han entrado incómodos en la discoteca diciendo: “esto está muy lleno de tías" o "hay muchos xoxos". En otras ocasiones, ha habido otros que se han atrevido a decirle que la lucha de las mujeres no es su lucha, como si no supieran o no quisieran saber que, en realidad, su presencia en los entornos LGTBI les ha ayudado a salir de la sombra.

“Lo que dicen es mentira. Si tú tienes los derechos y libertades que tienes ahora, como poder darte la mano por la calle, es en parte porque mujeres lesbianas, no lesbianas y transexuales, se unieron a la lucha del colectivo LGTBI. Solo tenemos que remitirnos a las protestas de Stonewall”, cuenta Rubén al recordar una lucha contra la discriminación que, según Jorbá, es otro de los orígenes de la misoginia y el machismo que protagonizan algunos hombres homosexuales. "Muchos tienen el pensamiento de que lo que han sufrido las mujeres no es nada en comparación con lo que han pasado ellos, y eso les hace menospreciarlas. Es como el maltratado que acaba maltratando por rabia, venganza”, explica la sexóloga sobre una actitud que no hace más que enemistar a dos colectivos que han sido víctimas de la desigualdad.

Tocar sin consentimiento

Hay homosexuales que se creen con derecho de tocar a las mujeres cuando quieren y como quieren porque no sienten atracción hacia ellas. Stephen ha sido testigo de ello en situaciones en las que chicos que prácticamente no conocían a chicas se tomaban la libertad de tocarlas “sin que nadie les hubiese dado permiso”. Algo que, según Jorbà se debe ser "misógino, al querer ridiculizar o sentirse superior demostrándole que puede hacerle lo que quiera". O, lo que es lo mismo, a enseñarle que puede tener el control sobre su cuerpo.

Estas situaciones que, al no ser consentidas solo generan incomodidad a la mujer que es tocada, se pueden erradicar con un cambio de mentalidad, según Stephen. "Una posible solución sería que la gente entienda que la intención nunca justifica la acción. Hay gente que piensa: ‘si le toco no pasa nada porque no me gusta', pero seguramente ella se siente incómoda". Porque nadie se basa en si al otro le gustan los penes o los coños para dejarse tocar, sino en que le atraiga la otra persona. 

Para Loren cualquier tipo de discriminación es una “vergüenza” y la que ejercen algunos hombres homosexuales hacia las mujeres es una forma de buscar las diferencias, atacar y así seguir con los privilegios que “nos hemos dado a nosotros mismos”. Una realidad que a pesar de que le enerva, no le arrebata la esperanza. “Creo que ahora vamos a mejor. El feminismo está inundando ciertos sectores y ha calado también en gais tradicionales”, cuenta al recalcar que el feminismo es la mejor arma. La misma que para Rubén es la única que puede acabar con el machismo y la misoginia entre los hombres. "Que las mujeres sigan saliendo a las calles, reivindicándose, que acaben con el patriarcado e inicien un sistema social igualitario. Y eso nos concierne tanto a hombres homosexuales como heterosexuales. Tiene que ser a todos los hombres".