El hombre que espió durante 15 años a todos los huéspedes de un hotel

Sus lecciones son desoladoras porque se dio cuenta de que la mayoría de parejas que van de vacaciones se pasan el día amargados

Su metodología es más que reprochable pero sus conclusiones son oro para los terapeutas de parejas: Gerald Foos se pasó 15 años observando por una mirilla a los clientes que pasaban por una de las habitaciones de su hotel. La historia acabó volcada en el libro El voyeur de un hotel, una de las obras más conocidas del periodista Gay Talese (y, años más tarde, en Netflix, Voyeur), pero más allá del morbo (obviamente, Foos vio de todo), nos enseña mucho sobre la capacidad que tenemos los seres humanos de amargarnos la vida.

Llevado por la idea de ver cómo tenían relaciones sexuales las parejas (un delito, por supuesto) Foos compró un motel e instaló un falso techo para poder ver a sus propios clientes por una rejilla sin ser visto.

"He visto expresarse casi todas las emociones humanas, con toda su tragedia y su humor", le dijo a Gay Talese en 1980, según recuerda un artículo de eldiario.es. La confesión, que prometía diarios de más de 15 años de espionaje, era toda una tentación para el periodista, famoso por sus novelas de no ficción sobre las drogas, la gloria de Wall Street, la mafia y, ojo aquí, las comunidades nudistas y la sexualidad. Gay Talese ha contado la segunda mitad del siglo XX y no podía negarse a aceptar el testimonio de Foos, que se definía como "un analista de la conducta humana". Pero sabía que lo que estaba a punto de hacer lo podía traer problemas legales porque se convertía en el testigo y cómplice de una persona que había violado la intimidad de sus clientes.

Foos, según escribió años más tarde Talese, se presentó como un obsesivo del sexo que empezó a masturbarse pensando en una de sus tías. Y, aunque muchas de sus notas eran puramente de escenas eróticas a las que nadie lo había invitado, también fue capaz de extraer reflexiones sobre la tristeza que rodea a muchas parejas en la intimidad. Por ejemplo, que una gran cantidad de clientes llegaba a la habitación de mal humor y que no disfrutaba de la estancia. O que se pasaban la nocha viendo la tele sin mediar palabra. "Mis observaciones indican que la mayoría de la gente que sale de vacaciones se pasa el día amargada", escribió una vez en su diario.

Aunque años más tarde los verificadores del New Yorker, revista donde ha publicado históricamente Gay Talese, empezaron a destacar las incongruencias de Foos, su visión de la intimidad nos deja una lección desoladora. "Mi voyeurismo ha contribuido enormemente a convertirme en un pesimista y detesto este condicionamiento de mi alma", escribió una vez. Según él, llegó a ver 300 huéspedes al año, un número de parejas suficientemente alto como para permitirle llegar a una conclusión: muchas de ellas (algo que se puede extender a todxs nosotrxs) no disfrutaba de su espacio privado ni de su compañía. Entonces, nos preguntamos, ¿para qué estaban juntos?