Histéresis: la consecuencia psicológica de empezar tu vida laboral en plena crisis

Un sentimiento constante de que ninguna puerta se abre y que, cuando pasa la crisis, tu tiempo ya ha pasado

Solemos ver las crisis como una etapa de bache transitorio. Es decir, una época con dificultades económicas, falta de oportunidades, brecha económica, desajustes sociales y muchísimas otras problemáticas más. Pero todas temporales. O eso prometen cuando dicen que las crisis son periodos cíclicos de los que podemos recuperarnos. Pero esta “verdad absoluta” no se aplica a todxs: según los expertos, las generaciones jóvenes que tienen sus primeros empleos en épocas de crisis y recesión acaban dañadas psicológicamente, incluso después de la crisis. Sí, las vacas flacas se van, pero sus heridas psicológicas se quedan en los jóvenes.

“Es como el dolor de un miembro amputado, que permanece y hormiguea durante años pese a que lo que lo provocó ya no está ahí. Dolor fantasma, lo llaman los médicos. Histéresis, dicen los economistas”, explica la BBC. Esta dolencia se basa en las consecuencias psicológicas que tiene lo duro que es introducirse en un mercado laboral cerrado que no acepta a nadie nuevo. Y mientras, tú, vas perdiendo el tiempo y la juventud, dos bienes muy preciados cuando se empieza. "Muchas de las personas que entran en el mercado de trabajo durante una crisis no sólo sufren un mayor riesgo de desempleo e infraempleo durante ese periodo, sino que se ven lastradas en su porvenir. Esa caída transitoria de ingresos tiene una alta probabilidad de tener efectos permanentes", advierte Ignacio González, economista.

 “Primero llega el daño: la crisis económica, y la competencia por los escasos puestos de trabajo es feroz, especialmente si se genera mucho desempleo persistente. Y los jóvenes comienzan a escuchar argumentos repetidos. Primero es: ‘no te contrato porque no tienes experiencia suficiente’, con el paso del tiempo eso se convierte en: ‘no te contrato porque tienes espacios en blanco en tu CV’, y cuando acaba la recesión, pasa a ser: ‘no te contrato porque, en realidad, puedo tener a alguien más joven con la misma experiencia’. De alguna manera, ya están marcados: acaban de convertirse en perfiles inexpertos para puestos acordes a los de su edad y candidatos demasiado mayores para competir con los nuevos jóvenes por esos puestos iniciáticos y de escaso salario”, continúa González, describiendo un proceso similar al que le sucedió a la Generación Perdida de Japón.

Las personas víctimas de la histéresis “acaban caracterizándose por trabajos intermitentes o de escasa calidad, sufriendo una caída de ingresos que condiciona toda su vida. Estas personas acumulan menos riqueza (ahorros), tienen dificultades para acceder a la vivienda en propiedad (su escaso ahorro se va en el alquiler y tampoco les van a dar un crédito por su discontinuo historial laboral) y, en general, ven truncados sus planes de vida y de formación de familia, con todos los problemas psicológicos que van asociados a ello”, añade el economista.

Para entender los efectos en la vida que podría tener esta crisis que se viene en los millennials y Generación Z, toca echar la vista atrás. Los que vivieron la crisis de los 80, “al llegar al corte de edad de 50-55 años habían tenido menos matrimonios y, al mismo tiempo, sufrido más divorcios. Y sus posibilidades de tener un hijo también fueron inferiores a las de las otras generaciones”, añade una investigación estadounidense. Y no solo tuvieron menos posibilidades de formar una familia: también tenían peor salud. Se calcula que, por empezar a trabajar durante la crisis, su esperanza de vida se redujo entre seis meses y un año respecto a la media esperada en su país.

Por supuesto, estas personas sufren depresiones, ansiedad, falta de autoestima y obsesión por encontrar aprobación laboral. El desempleo, la incapacidad por reconducir su vida y sentirse inútiles produce malestar mental con terribles consecuencias, como “un riesgo significativamente mayor de muerte por sobredosis de drogas y otras conocidas como 'muertes por desesperación' (suicidios y deterioro por adicciones)”, como vía de escape de un mal que parece que no se rebaja. Estos son los peligrosos efectos de la histéresis. Y por eso hay tantos profesionales preocupados por lo que se viene.