La "generación perdida" de Japón es lo que espera a los jóvenes españoles tras la crisis

Con un paro juvenil del 40%, toca ver lo que sucede si el Gobierno no ayuda mejorar la economía rápido: generaciones enteras sin oportunidades laborales

A sus 40 años todavía no se han emancipado. Siguen viviendo con sus padres, solteros, sin hijos, sin trabajo. Han tirado la toalla en la vida, saben que ya no son atractivos para el mercado laboral y que la posibilidad de empezar una nueva vida es imposible. Creen que lo único que les depara la vida es cuidar a sus padres, heredar su casa y esperar la muerte. Son la “generación perdida” de Japón, casi 3,4 millones de personas que viven en la desesperanza porque “nunca llegarán a vivir”.

Lo explica un reportaje de Bloomberg, que ha ido a Japón para contar cómo viven estas personas. Su historia sigue un patrón común: el mercado laboral se estancó en una profunda crisis durante 1993 y 2004. ¿Consecuencia? Despidos en masa y quiebras de empresas que dejaban a cientos de personas en la calle. A los más afectados por este paro se los conoce como la generación perdida. Pero a medida que la economía fue reviviendo, las personas que tenían puestos fijos y que eran más ancianas, se aferraron a su silla y sus condiciones haciendo de tapón generacional. Para compensar, las empresas apostaron por contratos laborales temporales y precarios que les permitían prescindir rápidamente de los jóvenes si volvían las vacas flacas. Sí, como en España.  

Esto provocó que toda una generación no tuviese posibilidades de competir contra nadie por un empleo. Según el punto de vista de las empresas, porque para los puestos de trabajo temporales y precarios era mejor contratar a recién graduados, ya que si cogían a alguien sin experiencia, mejor que fuera un joven, que tenía “más energía”. Además, esta generación tampoco podía optar a los mejores puestos, porque sus currículums estaban vacíos, sin experiencia, y no eran apetecibles para un contratador. ¿Resultado? Millones de personas amargadas y tristes porque sienten que han fracasado en la vida y que no podrán salir de ese bache.

Ahora pasan su día a día encerrados en sus viviendas sin salir más allá de lo necesario (son una especie de hikikomori, pero debido a sus condiciones económicas), viviendo con vergüenza porque en un país tan competitivo no han logrado prosperar laboralmente. Hay programas de ayudas del gobierno para reinsertarlos, pero los trabajos son muy precarios, esclavistas e insatisfactorios, por lo que muchas personas acaban dejándolos.

Esta cuestión de la generación perdida es un ejemplo de cómo una crisis mal llevada puede provocar profundas desigualdades laborales en generaciones enteras. Y en España tenemos que ir con mucho cuidado: la generación de la crisis de 2008, que tuvo que irse fuera a trabajar de lo que podía, o incluso que se quedó aquí, estudiando mientras no encontraba trabajo, se ha topado, en cierta medida, con esta situación. Personas hipercualificadas, con muchísimos estudios, pero con poquísima experiencia que siente que ya no es joven y que está fuera del mercado útil. O ahora, en plena crisis por el covid, con un paro juvenil del 40,6%, más del doble de la media europea. Una conclusión muy pesimista para un problema que afecta a demasiada gente, que siente que el tiempo pasa y cada vez tiene menos oportunidades para incorporarse de forma digna al mercado laboral.