Forever 21, la marca que ha muerto por no subirse al carro de lo sostenible

El cambio de mentalidad y, por tanto, el giro hacia la moda más eco que viene de la mano de las nuevas generaciones no perdona a las marcas que no se suman al cuidado del planeta

Tonos fluorescentes, bordados, encajes, cortes únicos, frases en camisetas, neón y mucha originalidad es tan solo el 5% de lo que ha sido la marca Forever 21. Ha vestido a cientos de modelos y de personajes famosos para los festivales más punteros del planeta y ha hecho colecciones únicas que unían un universo de imágenes vintage con los colores y las prendas más actuales. Forever 21 molaba. Era una marca capaz de adaptarse a cualquier temporada y con la cual podías construir un armario de lo más variado, desde el boho chic hasta el chándal trapero que ahora está tan de moda.

Así que sí, si llevabas (o llevas) alguna prenda de esta marca seguramente sea posible distinguirla. Justamente era esto lo que la hacía destacar: por formar parte del fast fashion —y ser muy accesible— pero con una línea muy personal que no repetía ni copiaba (a grandes rasgos) patrones de otras marcas. No solo podías permitírtelo sino que, además, destacabas por la singularidad de sus creaciones. Una originalidad que contagiaba toda su línea: ropa interior, complementos y bisutería también gozaban de este toque.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Pero bueno, no todos los caminos son de color de rosa y no todas las marcas pueden sobrevivir si no están dispuestas (o no saben cómo) adaptarse a los cambios. Forever 21 está en bancarrota y cerrará para siempre más de 350 tiendas que tiene repartidas por todo el mundo. En España hay una sola y se encuentra en el Centro Comercial La Maquinista, en Barcelona. La marca todavía no ha comunicado si esta será una de las destinadas al cierre, pero las sospechas podrían indicar que seguramente no sobreviva. Ahora bien, ¿cuáles son los motivos que han llevado a esta marca tan peculiar a su muerte? 

Si se pudieran resumir los motivos, encontraríamos dos argumentos que han hecho que esta marca comience su desaparición, anunciada oficialmente hace tan solo tres días. El primer argumento es que, de todas las marcas de fast fashion, Forever 21 ha sido la que más tiempo ha tardado en actualizar su venta online. Marcas como Asos o Urban Outfitters son las principales que buscan los jóvenes que no quieren acudir ya a tiendas físicas, un comportamiento cada vez más usual entre las nuevas generaciones. Este es, sin duda, un motivo de poco peso. El que más importa, el que nos concierne y el que puede servir de aviso para la industria de moda low cost es el segundo: los jóvenes ya no quieren un modelo de consumo que no lleve por bandera ser sostenible. El fast fashion es barato y de rápida digestión, es decir, tiene una corta vida útil y genera basura.

Las olas de manifestaciones y despertares que luchan por el cuidado del medioambiente y que buscan calar en las consciencias sobre el fuerte impacto ambiental que tienen nuestras decisiones, es cada vez mayor. Lo vemos en las marchas que se celebran casi cada viernes y que tienen como referente a jovencísimas mujeres como Greta Thunberg. Antes de que ella se hiciera famosa y se convirtiera en imagen de la lucha por el planeta, las marcas veían tambalear su tan logrado tablero de venta y de perfecto encaje en este sistema capitalista que nos hace crear necesidades que nunca habían existido.

Los jóvenes somos conscientes de que esta moda rápida contribuye a destruir el lugar en el que vivimos y en el que esperamos que el resto de generaciones que están por venir puedan seguir viviendo. Sabemos que este tipo de moda sigue impulsando una mano de obra en condiciones de trabajo deficientes e insalubres y que el deshecho textil potencia significativamente los gases de efecto invernadero a través de la contaminación del agua y del aire. Todos estos motivos deben ser una preocupación de las marcas y, cuando no lo son, se ve a la legua. Forever 21 tiene de costumbre, por ejemplo, tener tiendas de enormes dimensiones completamente innecesarias y sus prendas, a pesar de ser originales y de tener una firma tan singular, se rompen o se deshacen, mostrando su tan breve vida. 

El pensamiento, por suerte, está cambiando y ahora los consumidores castigan alejándose de este tipo de marcas e incluso de comprar desde cero. Las opciones son, cada día, más amplias: ropa de segunda mano en mercadillos o tiendas específicas destinadas a ello, trueque o alquiler. Hay excesiva cantidad de ropa y el planeta no está preparado para soportarla. Estaría bien ir sumándose a esto y cambiar la forma de consumir, unirse a estos nuevos comportamientos y dejar de comprar en tiendas que no estén dispuesta a adaptar y cambiar sus fórmulas de fabricación.