Las excusas que se inventa la gente para ir a comprar droga durante el confinamiento

No hay forma de salir de casa sin justificación, así que los consumidores se las apañan para escaparse: desde esconderse en maleteros a salir con pan duro fingiendo que vienen de hacer la compra

Con la cuarentena no solo se ha acabado salir de fiesta con tus amigos, ir a tomar algo, quedar con tus follamigxs o trabajar/estudiar sin videoconferencias. También salir a comprar drogas. Muchos no pueden evitarlo: para todos aquellos adictos a su consumo, sea a la marihuana, la cocaína o cualquier otra, estar confinados y no poder satisfacer el mono es muy estresante. Tanto, que deciden saltarse la cuarentena de las formas más inverosímiles.

"Algunos se esconden en el maletero del coche. Otros salen con un ticket del super del día anterior, y otros llevan un pan seco en una bolsa para hacernos creer que vienen de la compra", relata un Guardia Civil valenciano a El Periódico. "A algunos que van con el perro les interesa poco la mascota. Se llaman por teléfono, y la droga se deja en una papelera, un rincón de un muro, el cajetín de una farola o el bajo de un banco del paseo de la playa del Bogatell. Y el pago, igual", explica también un Guardia Urbano de Barcelona.

Si ojeamos los diarios encontramos incluso casos más estrambóticos. Por ejemplo, la octogenaria de Navarra que llevaba en un bolsillo doce dosis de speed en tres bolsitas, probablemente para venderla aunque se justificó diciendo que estaba “guardándole el speed” a su nieta. O el caso de otro vecino de la señora, que no solo iba sin carné en su coche, también conducía bajo los efectos del speed y cannabis, porque llevaba días sin probarlo y decidió "darse un atracón". Otro caso, el que intentó colar un pedido de Glovo con droga en Barcelona, o en Almería, donde cuelan la droga por las azoteas.

Es difícil determinar cuántas personas han sido detenidas por petarse la cuarentena para reunirse con su camello. “No hay datos oficiales”, remarca el artículo. Este fin de semana las cifras por salir de casa eran 1.534 detenciones y 180.387 denuncias, el artículo presume que, por lo tanto, las cifras de denuncias de gente que salió a comprar droga deben contarse en miles.

La adicción no es fácil, y no son pocos los adictos en nuestro país. Según cifras que rescata El País, “uno de cada diez adultos españoles consume hachís o marihuana cada mes”. El efecto que esto tiene en plena cuarentena es que aumente la demanda, pero también la dificultad para comprarla, lo cual se traduce en consumidores desesperados y un hinchamiento en los precios de la droga. “El hachís y la marihuana cuestan hoy entre el doble y el triple que hace apenas diez días”. Es decir, si el gramo cuesta entre cinco o seis euros, ahora supera los 10 – 15 euros. “Es cuestión de existencias y oportunismo”, explicaba un vendedor en el artículo.

“Solo he encontrado a un desgraciado que me ha vendido un hachís seco, del año en que se inventó, una cosa asquerosa que no hace nada”, confiesa a El Periódico la madrileña Yolanda C., consumidora que buscaba satisfacer su mono, pero sin éxito: “los camellos han desaparecido”.

Su adicción no va a desaparecer, así que Yolanda pide que receten Sativex, “un fármaco anti espástico a base de cannabis”, explica. Otros consumidores como ella han desistido de poderse hacer su cannabis recreativo habitual, pero han optado por el CBD, no alucinógeno pero sí tranquilizante y disponible online, que aunque también está prohibido salir a comprarlo, es más fácil de encontrar un proveedor. “Quedamos cuando voy a comprar el pan”, explica un madrileño que ha empezado a consumir CBD, entrevistado por el mismo diario.

Hay más problemas de difícil solución. Diversos funcionarios de prisiones españolas temen por el ambiente que se pueda gestar ahí dentro ante la escasez de drogas y tráfico. “Es cuestión de tiempo que eso complique el ambiente intramuros”, aseguran. A pesar de las grandes preocupaciones económicas que a todos nos rondan por la cabeza, el coronavirus tiene muchas más consecuencias, igual de difíciles de gestionar.