Eudald Espluga, el filósofo que "no puede más" al que lee Yolanda Díaz

El libro 'No seas tú mismo', que la ministra de Trabajo ha llevado en público recientemente, habla sobre la fatiga de una generación y sobre politizar el malestar con renuncias y reivindicaciones

Lxs jóvenes cada vez publican más libros, aunque por mucho que vendan ejemplares o aparezcan en tu timeline, rara vez se ganan la vida de ello. En parte por eso, son capaces de escribir sobre la precariedad sin echarle mucha imaginación, por mucho que sus libros los lleve bajo el brazo la mismísma Ministra de Trabajo Yolanda Díaz, como le ha pasado recientemente a Eudald Espluga (Girona, 1990) con su libro ‘No seas tú mismo’. En él, habla sobre la fatiga de una generación y sobre cómo combatirla y sobre todo politzarla. En Código Nuevo le hemos preguntado si está cansado y algunas cosas más. “No puedo más”, resume. 

Se refiere “a una sensación de agotamiento que va mucho más allá del cansancio físico” y la frase la recoge del título del libro de Anne Helen Petersen: “No puedo más”. “Quizá la escena más representativa de esa fatiga es el llegar a casa del trabajo, tirarme en la cama con mi perro y perder el tiempo en Twitter mientras en el Whatsapp y el mail se me acumulan los mensajes sin responder”, reconoce Espluga. 

La vida es una constante paradoja y a Espluga le cuesta seguir el propio consejo con el que titula su libro: “No seas tú mismo”. ¿Pero qué significa exactamente? “En el contexto hiperproductivo del capiitalismo "ser uno mismo" significa amoldarse a la lógica empresarial del yo. Por ello, "no ser uno mismo" quiere ser una invitación a sublevarse contra esa lógica, no tanto desapareciendo de las redes físicas o digitales (ya que poder hacerlo es un privilegio), sino politizando el malestar que sentimos y plantando cara al imperativo de productividad, imaginando otras formas de hacer que sean improductivas, completamente dispendiosas. Perderse en una colectividad, desaparecer como sujeto en lo común, también es una forma de no ser uno mismo”.

Según Espluga, reivindicar una semana laboral más corta o una renta básica universal, ideas antaño tildadas de comunistas radicales y cada vez más aceptadas incluso por las elites, como sucede con el pago de las multinacionales de un impuesto global, forma parte de la politización de este malestar. 

Como muestra de que los filósofos sí que tienen una conexión con la vida real de la gente, en contra de lo que se pueda pensar, la ministra de Trabajo apareció hace unos días con su libro bajo el brazo en el Congreso. “Lo veo como la demostración de algo que ocurre independientemente de si los políticos muestran sus inclinaciones lectoras en público o no: el hecho de que los debates teóricos sí que afectan a la política cotidiana. Un libro no cambia el mundo, ni tampoco un meme, pero sirven para cambiar los marcos mentales”. 

A la espera de una gran rebelión o de que llegue esa jornada laboral más corta, Eudald por el momento ha conseguido un trabajo como asalariado. “No aguantaba más la sensación que tenía como autónomo de estar trabajando 24/7, implicarme personalmente en lo que hacía y encima estar obligado a exponerme en redes: "¡mirad, mirad, he escrito un artículo, ¿me dais un like?". Y supongo que no lo aguantaba porque la mayoría de meses apenas llegaba a cubrir gastos sin tirar de los pocos ahorros que tenía”, cuenta. 

Y aun así, sigue un poco esclavo de la visibilidad, y le fatiga “mucho” la promoción de un libro sobre la fatiga. “Ya no es solo por las entrevistas y el trabajo extra de autopromoción que debo sumar a mi jornada laboral. Nunca había entrado tanto en Goodreads como ahora. De hecho tenía una cuenta, pero no la usaba. Y ahora entro compulsivamente a ver si alguien me está insultando o considera que cito de forma incorrecta a Eva Illouz. Las mismas contradicciones que describo en el libro ahora durante la promoción del libro las vivo multiplicadas por diez”, reflexiona. Quizá Eudald haya dado en el clavo y la contradicción sea el rasgo una generación fatigada pero que no sabe desconectar. Solo cabe esperar que el "no puedo más" no nos impida seguir leyendo libros, buenos libros.