No deberías conformarte hasta que encuentres el trabajo de tu vida

A la gente le encanta odiar los lunes, y también amar los viernes. Si en algún momento te atreves a hacer algún comentario en contra de esta corriente, te mirarán como si fueras la niña repelente y empollona a la que le gustaba ir al colegio o al estudiante que prefería ir a clase en la uni en lugar de quedarse de cañas en el bar. A esto se suma el afán de critiqueo, deporte nacional por excelencia, y las pocas agallas que tiene la gente de comunicar aquello que no le conviene en persona en lugar de comentarlo por detrás, es decir, de ‘rajar’ vilmente para sacar la frustración de lo más profundo de su ser.

El tema es que, al final, siempre se acaban mezclando todos estos factores y nos encontramos ante un panorama en el que la mayoría de personas se conforman con trabajos que les hacen profundamente miserables. O tal vez ya sean ellos miserables y encuentren trabajos en los que pueden perpetuar su malestar, todavía no está claro el orden. Lo importante sería salir un día de ese círculo vicioso y plantearse: ¿Qué hago aquí? ¿Por qué no me gusta mi trabajo? ¿Depende de mí? ¿Puedo mejorarlo? Si no es el caso, ¿por qué no intento encontrar otra cosa?

Por supuesto que aquí se pueden alegar múltiples crisis económicas, desempleo, falta de formación, etc. Uno puede enfadarse y comentar luego en Facebook: "claro, es muy fácil decirlo, pero no se encuentra otro trabajo tan fácilmente", y nadie ha dicho que fuera a suceder de la noche a la mañana pero, como diría Henry Ford, "tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos estás en lo cierto". Einstein también tiene una cita parecida en la que dice que: "Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr" y, aunque ambas citas sean dignas de tazas de desayuno, es verdad que si crees que es "imposible" encontrar otro trabajo o si te parece "normal" que no te guste el que tienes, tu vida seguirá así para siempre y probablemente tendrás cosas mejores que hacer que acabarte de leer este artículo.

Porque quien escribe estas líneas también ha tenido trabajos que eran como recibir cada día una patada en el estómago. Puede serlo por diversas razones, por los compañeros, por un jefe déspota, porque las tareas son aburridas o abrumadoras, por la diferencia de valores. Y sabe lo que es levantarse por las mañanas con ganas de volverse a acostar, por eso puede valorar la diferencia de otro tipo de trabajos en los que te vas a casa preguntándote: "¿de verdad alguien me está pagando por lo que he hecho durante esta jornada laboral?, pero si hasta sería capaz de pagar yo por hacerlo".

Entonces miras atrás, hacia todas esas experiencias laborales que te enseñaron, además de muchas otras cosas, lo que no querías hacer, y te juras y perjuras que jamás volverás a caer en el agujero de soñar durante cinco días a la semana con que lleguen los dos últimos para ser feliz y hacer lo que te gusta.