Los contagios de coronavirus no son como en marzo, aunque la curva lo parezca

Un gráfico viral dice que estamos a niveles pre Estado de Alarma, pero con un poco de sentido común te darás cuenta de que la situación no tiene nada que ver

El coronavirus es un enemigo invisible, per en marzo todavía lo era más. Auque sigue siendo el gran desconocido, ahora, por lo menos, sabemos qué forma tiene, algo más sobre cómo se transmite, más pruebas para los sospechosos y, sobre todo, un poquito de experiencia sobre su capacidad de saturar hospitales. Estamos lejos de haber dominado el virus y los rebrotes son una amenaza real pero, ¿de verdad crees que estamos en las mismas que en marzo? Te explicamos en cómodos pasos para que le puedas contar a todo el mundo que tú sí sabes cómo está la curva y, justo por eso, no te vas a relajar con las medidas de seguridad.

A principios de marzo, nadie se esperaba que el coronavirus iba a provocar un tsunami del que, seguramente, tardaremos años en recuperarnos. La curva de contagios iba disparada, pasando de menos de 200 contagiados (CONOCIDOS, esto es clave) a más de 2.200 en menos de una semana. En la primera semana de julio, los datos son similares, pero la diferencia es que al principio de la pandemia solo se hacían test (que iban escasísimos, recuerda) a los pacientes más graves, lo que hacía que estos datos solo mostraran la punta del iceberg.

Ahora, aunque tampoco sobran las pruebas PCR, la mayoría de contagiados (excepto los asintomáticos, claro), están testados y controlados. Por eso, aunque las cifras parezcan similares, la diferencia es abismal. Además, como estamos mucho más concienciados, los positivos están mucho más controlados que a principios de marzo. Otro factor clave para entender la situación actual: estamos en verano y frecuentamos menos lugares cerrados (donde más se propaga el virus). De hecho, según explica Xataka en un artículo, los datos actuales son consecuencia de un rastreo activo de los contactos de los infectados: en el 60% de las pruebas salen asintomáticos (gente que en marzo, ni olía un test PCR).

Otro elemento que te permitirá diferenciar entre la situación de marzo y la de julio es la conocida "carga viral" de los enfermos, que ha disminuido. ¿Qué significa esto? Pues que los pacientes con sistemas inmunes deprimidos (personas ancianas y con enfermedades previas) siguen mucho más confinadas que el resto y se les presta mucha más atención (para que no se les complique la enfermedad y para que no contagien a más gente). Ellos son los que más pasan el virus, porque la cantidad de virus que se acaba reproduciendo en sus cuerpos es mucho más alta que la que puede vivir en un cuerpo sano con las defensas altas.

Esto se consiguió frenar, en parte, por el confinamiento, cuando se logró que la tasa de contagio (una variable llamada R) pasara de ser superior a 3 (un infectado contagiaba a otros 3) a menor de 1 (un infectado no contagia necesariamente a otro). Ahora, ese número va subiendo en algunos lugares de España, pero son brotes que se intentan controlar. Como dice el gobierno, todo puede cambiar de la noche a la mañana, pero por ahora, la situación es muy distinta a la de hace unos meses.

Pero no te duermas. Sergio Alonso, experto en calcular el algoritmo de contagios de la Universidad Politécnica de Catalunya le decía esto al portal de verificación Verificat a finales de la semana pasada: "Un brote es un episodio puntual y, por lo tanto, es imposible de prever, no se puede saber que una persona enferma pero asintomática va a un bar, está gritando, está charlando, el lugar no está muy ventilado y propaga la enfermedad a unas cuantas personas, al día siguiente va a una oficina, también mal ventilada, un lugar cerrado que puede propagar la enfermedad entre otras personas… la aparición de un brote es imposible de prever. Lo que sí que se puede ver es la tendencia, cómo crece el número de casos y, en el diagrama de riesgo, cómo está evolucionando la dinámica de la epidemia en una población, una región o incluso a nivel de un país".

O sea, que todxs tenemos la responsabilidad de no contagiarnos para evitar que los rebrotes puntuales se salgan de control. Mascarilla obligatoria, aunque estés de vacaciones, lavarse las manos y distanciamiento social, con cabeza y con lógica, para evitar el distanciamiento forzado al que nadie quiere volver.

CN