Este es el calendario de maltrato animal de este verano

Algunas consisten en maltratar a los animales a base de fuego, hacerles caer al agua sin que sepan nadar o matarles de un tiro en la vía pública después de que hayan pasado demasiados minutos agonizando

El maltrato animal está manchando el verano de sangre. Desde mucho antes que naciéramos, se celebran múltiples tradiciones alrededor de toda España que consisten en maltratar a los animales a base de fuego, hacerles caer al agua sin que sepan nadar o matarles de un tiro en la vía pública después de que hayan pasado demasiados minutos agonizando. A pesar de que a finales de 2017 el Congreso aprobó por unanimidad empezar a considerar a los animales seres vivos, en nuestro país todavía hay muchas personas que no sienten el dolor de las torturas a las que se someten a los animales o que, directamente, piensan que el maltrato animal es una diversión. Una mentalidad brutal e incomprensible que nos ha llevado a preguntar a la directora de AnimaNaturalis de España, Aïda Gascón, cuáles son las tradiciones más terribles que llenarán el verano de dolor animal. 

1. Encierro del toro embolado (30 de junio, Comunidad Valenciana)

Se trata de una práctica típica de las fiestas de Sant Pere que consiste en combinar los encierros con los toros embolados —prender fuego a los cuernos de los toros—. Una fusión que en los últimos años se ha convertido en una infame costumbre cada vez más común en los municipios de la Comunidad Valenciana y que empieza cuando se les prende fuego a los seis toros o vacas que se encuentran dentro de un camión. "Imagínatelos allí dentro con fuego, chocándose los unos con los otros y dándose golpes con el fuego, que puede caérseles en los ojos. Cuando abren las puertas salen en estampida, con un nerviosismo muy bestia”, cuenta Gascón indignada.

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2. Bous a la mar (5 de julio, Denia)

Los bous a la mar (‘Toros al mar’ en castellano) son un encierro que, como todos los que tienen lugar alrededor de España, empieza en la calle y termina en una plaza. Sin embargo, esta tradición es mucho más cruel que el hecho de correr delante de unos toros desconcertados porque la plaza está abierta al puerto de la localidad alicantina en la que se celebra, Denia, con la intención de que los participantes inciten a los animales a caer al agua. “Casi siempre caen. Después los rescatan y los vuelven a subir al muelle. Muchos mueren de estrés, de agotamiento o porque no saben nadar", indica Gascón y, acto seguido, añade organizaciones animalistas consiguieron acabar con esta práctica en la localidad catalana de l'Ampolla pero que, por el momento, se mantiene en Alicante.

3. Rapa das bestas (del 7 al 10 de julio, Pontevedra)

Caballos salvajes que nunca han tenido contacto con las personas son las víctimas de este martirio que empieza cuando estos son encerrados en una plaza. Allí esperan, hacinados y sin ninguna posibilidad de escapar, a que llegue la brutalidad de los jóvenes del pueblo, Sabucedo. Se abalanzan encima de ellos para tirarlos al suelo e inmovilizarlos persiguiendo el objetivo de cortarles la crin con machetes o navajas. “Dicen que lo hacen para sanear la crim. Pero, en realidad, los caballos no necesitan que les saneen la crim. Es una tapadera para tirárseles encima, es una muestra de hombría", sentencia la directora de Anima Naturalis.

4. Bou capllaçat (14 y 15 de julio, sur de Cataluña y norte de la Comunidad Valenciana)

Se trata de otro encierro, pero en este caso el buey está atado. Una particularidad que hace que, cuando se mueve con rapidez o se dispone a envestir a alguien, los participantes le frenen en seco. Entonces, cae al suelo, las piernas se le enredan con la cuerda y el animal agoniza hasta que lo vuelven a levantar. Después la escena se repite una y otra vez sin que nadie piense en el martirio que está soportando. Es un tiempo de dolor que las leyes de Cataluña no permiten que dure más de unos 50 minutos, que en ocasiones el animal no puede soportar, y que en otras comunidades autónomas, como la Comunidad Valenciana o Andalucía, no hay límite. Su culminación se materializa cuando el animal no tiene más fuerzas para seguir viviendo.

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5. Toro de Coria (14 de julio, Cáceres)

El Toro de la Coria es una de las tradiciones más representativas de la crueldad animal en nuestro país. Antes era normal ver a los vecinos de la localidad cacereña lanzando alfileres que acababan cubriendo todo el cuerpo del toro —testículos y ojos incluidos—. Pasados unos minutos, este quedaba atontado de dolor, habiendo consumido todas sus ganas de vivir y esperando recibir un disparo que terminaría con todo ese sufrimiento. La parte de los alfileres se prohibió en 2009, pero aún se celebra el encierro para matar al animal a golpe de pistola en la vía pública. O, lo que es lo mismo, para no ofrecerle una muerte digna alejada de esos ojos que disfrutan con el sufrimiento.

6. Concurso embolador de Amposta (Cataluña, 15 de agosto)

Consiste en que distintas peñas del pueblo embolen con fuego a los toros lo más rápido posible, y aquella que termine antes, se llevará un premio en metálico. “Al haber dinero de por medio y pasar nervios, cometen errores al embolar, que pueden hacer que los animales se quemen los ojos o la cara o que se enreden con las cuerdas y, en consecuencia, caiga al suelo y se pueda romper las patas", señala Gascón sobre una práctica que pone al animal en peligro constante con una única intención: mantener la ‘tradición’.

7. Becerradas (Madrid, 29 de agosto)

Cuando se acerca el fin del verano, las peñas taurinas de pueblos como San Sebastián de los Reyes, en Madrid, compran becerros para torearlos y clavarles banderillas. El principal problema es que son inexpertos habitantes de la localidad los que protagonizan estos gestos y, por tanto, hacen sufrir una “tortura increíble” a los animales —muchos de los cuales aún tienen el cordón umbilical y no cuentan con cuernos—. "Es peor que los toros porque los vecinos de la localidad no saben, les clavan mal las banderillas o no consiguen matarlos con las espadas. Eso hace que a veces les tengan que matar de un tiro”, dice Gascón y, acto seguido, asegura que esta nefasta imagen se puede ver en unos cinco municipios de Madrid y en alguno de Toledo.

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8. Los caballos de tiro o de arrastre (todo el verano, Cataluña y Comunidad Valenciana)

Caballos empujando pesos pesados, jinetes que les propinan latigazos y patadas para que vayan más rápido y un premio en metálico para el mejor, es la estampa que se puede ver cada verano en una competición llamada caballos de tiro o de arrastre. Una tradición que es especialmente cruel porque, más que pensar en los animales, los jinetes solo anhelan alcanzar ese valioso premio. Y eso no es más que un modo de hacer del maltrato animal un negocio, de llenar los bolsillos de los organizadores del acontecimiento con el sufrimiento de unos animales que seguro que habrían preferido ser libres, vivir tranquilos en una granja o, simplemente, sentirse queridos.

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Es cierto que antes el panorama español era todavía peor para los animales. A lo largo de los años, grupos animalistas han conseguido acabar con tradiciones más que despreciables, como tirar la pava del campanario en Jaén, el lanceamiento del Toro de la Vega en Castilla y León y el pato al agua en Sagunto (Valencia), que consistía en atrapar patos en el mar con el objetivo de quedárselos como mascotas o, bien, matarlos. Sin embargo, esta lista demuestra que, lamentablemente, aún hay demasiadas costumbres que convierten a la vida de un incontable número de animales en un infierno que nunca se debería haber justificado con la premisa "es una tradición".