El boxeador que se pasó 45 años en el corredor de la muerte sin pruebas en su contra

Uno de los jueces dijo que la confesión era coaccionada por tortura y las pruebas materiales un montaje policial. Y aun así, se llevó el Guinness a preso más longevo bajo pena de muerte

Hay mucha gente con récord Guinness. Como aquél que consiguió el de más tiempo bajo el agua sin respirar. O la que se dejó las uñas más largas. O el que se comió más perritos calientes. Y el pueblo que hizo el bocadillo más largo del mundo. También está el reconocimiento del exboxeador japonés Iwao Hakamada, que tiene el dudoso honor de aparecer en el Libro Guinness como la persona que ha pasado más tiempo en el corredor de la muerte. ¿Lo peor? Que fue inocente.

Todo empezó en 1966 cuando este boxeador retirado, que ahora trabajaba en una fábrica, vio que la casa de su jefe estaba en llamas. Cuando intentó apagar los fuegos, se encontró con los cuerpos de toda la familia del jefe. Habían sido apuñalados hasta la muerte y les robaron 200.000 yenes. Hakamada fue el primer sospechoso y el último. Él mismo confesó su crimen. Sin embargo, dos años después, durante su juicio, aseguró que era inocente y denunció que había confesado coaccionado por la policía: lo habían interrogado sin presencia de un abogado durante 23 días, en jornadas de 16 horas sin agua ni pausa para el baño. En total, 264 de torturas, palizas y castigos por las cuales, roto, acabó confesando algo que no había hecho con tal de que se acabase ya ese infierno.

La decisión sobre su destino dependía de tres jueces. Uno de ellos lo condenó, basándose en las pruebas (ropa manchada de sangre) y la confesión. El segundo lo defendió, asegurando que “claramente era inocente”. El tercero, lo consideró culpable. Así que fue enviado al corredor de la muerte: tenía que pagar el crimen con su vida. Para el juez que era inocente, su postura estaba clara. No solo veía obvio que en los “interrogatorios” fue torturado, sino que sus declaraciones eran vagas y sin detalles, propias de alguien inocente coaccionado, y que las pruebas materiales (la ropa que en teoría pertenecía al asesino) parecían un set-up de la policía, porque las encontraron “misteriosamente” un año después y eran de una talla que no correspondía con el acusado.

Según un documental de Al Jazeera que analiza el caso, este montaje policial responde a dos factores. Primero, el estereotipo de que un boxeador tiene que ser alguien violento (un rasgo que, por lo tanto, encajaba con el relato de culpabilidad que se dibujó en la opinión pública). Y, además, al “fallido sistema judicial japonés”, que siempre busca culpables, sea como sea: “un 99,9% de las personas que van a juicio acaban condenadas”, informa. Como siempre hubo las sospechas judiciales de que quizá era inocente, la ejecución se iba postergando, explica el documental. Por eso, al final, se pasó poco más de 45 años en el corredor de la muerte. Esperando que tomasen una decisión. Fue yendo de juicio a juicio, con su familia recurriéndolo, y con los tribunales ratificando su condena. Al final, no fue hasta 2014 cuando rehicieron las pruebas de ADN y determinaron que la policía las había manipulado y que el hombre era inocente.

Pero en junio de 2018 un nuevo fallo del Tribunal Supremo dijo que la policía no había manipulado nada y que Hakamada era culpable. Ahora, debido a que es un anciano, no ha tenido que ingresar a la cárcel, pero está a la espera de más juicios que determinen si debe ser ejecutado. Como explica el documental: “ni de anciano puede descansar, porque cada día de su vida tiene que hacer campaña para demostrar su libertad”.