Los bares se convertirán en una mezcla de locutorio y glory hole

Un empresario murciano de 26 años está diseñando las mamparas que se instalarán en los bares después del confinamiento

En todas las crisis, por destructivas que estas sean, siempre hay alguien, normalmente un visionario, que saca tajada. Es una ley de vida y también económica: cuando surge una nueva necesidad y la demanda se dispara, el mejor posicionado para asumirla se lleva el mercado. Esto es más o menos lo que le ha ocurrido a José Carlos Crevillén, un empresario murciano de 26 años que ha tenido que aumentar la plantilla de su empresa para vender sus mamparas a grandes empresas como Mercadona o Ferrovial.

En una entrevista para El Español, este avispado milenial explica cómo hasta el 10 de marzo su vida ni siquiera tenía que ver con el tema de las mamparas. Todo surgió cuando este publicitario decidió diseñar unas mamparas de protección y pedir a su padre policía que las ofreciera a las farmacias de Archena, su pueblo. En el primer fin de semana de producción hicieron otras 500 y ahora llevan más de 6.000 vendidas con demanda incluso de otros países o de entidades como el Tribunal Supremo o la Audiencia Nacional.

Vamos, que en cuestión de un mes y medio se ha hecho con un mercado que apenas acaba de empezar (farmacias, supermercados, etc) pero que está a un paso de su gran despegue: los bares. Nos guste o no, el futuro de una de nuestros principales núcleos de la sociabilidad cambiará y no sabemos cómo. Pero lo que sí puede pasar es que muchos de ellos, si quieren volver a abrir más o menos pronto, acaben convertirlos en una especie de locutorios repletos de mamparas de metracrilato que eviten que el virus se propague de cliente a cliente. La barra podría dejar de ser un lugar de socialización y pasará a ser algo así como un glory hole en el que las bebidas saldrán por los huecos de las mamparas.

Pero sentarse a comer en una mesa tampoco dejará de ser un ejercicio surrealista. Según explica otra empresa en el reportaje, ya están trabajando en un diseño de mamparas que separarán las mesas de los comensales como si se tratara del reservado de una discoteca o la llamada a tu amigo delincuente en la sala de visitas de una cárcel de los Estados Unidos. Tan peliculero como surreal pero igualmente necesario. 

“Estamos trabajando en distintos diseños porque el hándicap que tenemos a día de hoy es que el Gobierno no ha dictaminado ningún tipo de medidas sobre cómo tienen que abrir o funcionar este tipo de locales. Entendemos que la mejor forma de separar las barras es con estas mamparas colgantes y de hacer lo propio en las mesas con las divisorias”, explica el responsable de la empresa Montilla, también ubicada en Murcia. Así que la idea de los “nuevos bares” para lo que Pedro Sánchez llamó “nueva normalidad” ya está más que trazada pero ahora solo falta que se aclaren.

Sea como sea, lo que parece evidente es que nos tomaremos el cortado metidos en una caja de metacrilato y que nuestro cortado diario o el gin tonic del finde aparecerá por un agujero para darnos una alegría. Mientras tanto, el ingenio y previsión de personas como José Carlos facilitarán que retomemos nuestra vida social (o al menos un sucedáneo tirando a digno) y, de paso, se meterán un buen dinero por ello. Nada volverá a ser como antes y eso debemos tatuárnoslo en la frente antes de salir del confinamiento, pero si una mampara de metacrilato puede ayudarnos, habrá que tragar y convertir nuestras vidas en un locutorio.