La ayahuasca está ayudando a evitar que los exmilitares se acaben suicidando

La principal causa de muerte de los soldados de EE. UU. no es la guerra, son los suicidios. Ver morir a tanta gente (e, incluso, matarla tú) es difíciles de olvidar, y por eso tantos están recurriendo a la ayahuasca

Como si fuera un fantasma, con la mirada perdida y hablando entre susurros, Rudy Gonsior abandona Estados Unidos para internarse en un retiro selvático en Costa Rica y probar una infusión psicodélica de ayahuasca que le ayude a curar sus heridas mentales. Él, un exmilitar, no puede olvidar todo lo que vio: “los recuerdos dolorosos de sus camaradas caídos en batalla, los pensamientos suicidas y la cicatriz que deja en la psique el acto de quitarle la vida a otra persona”, explica el diario The New York Times. “Es una jugada desesperada”, asegura.

La desesperación a la que se refiere se entiende con algunos datos. Los traumas de la guerra en la mente de los soldados son tantos que la principal causa de muerte de los militares no es la guerra: son los suicidios. “Más de 45.000 miembros del Ejército de Estados Unidos se han quitado la vida en los últimos seis años. Eso significa que cada año mueren por su propia mano más militares de los que caen en combate en Irak o Afganistán. Además, las estadísticas acumuladas en la última década reflejan una preocupante tendencia al alza, tanto entre soldados en activo como en veteranos”, asegura el diario El Mundo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Gonsior vino acompañado de otros seis compañeros, que repetían constantemente su experiencia, recuerdos y traumas, hablando solo de ello, porque era lo único en lo que podían pensar. “Algunas comunidades indígenas consideran que la infusión de ayahuasca, que contiene el alucinógeno DMT, es una poderosa medicina que mantiene la resiliencia del espíritu y la armonía con el mundo natural”, añade The New York Times. Esa era su esperanza: lograr, a través de esta sustancia, lograr curarse y reconciliarse consigo mismo.

Estos retiros cuestan entre 2.000 y 7.000 dólares por cabeza, una semana. Además de la ayahuasca, tienen acceso a piscina y comodidades de un retiro de lujo (para facilitar su estancia), y todo tipo de terapias para complementar la ayahuasca y su viaje emocional. Por ejemplo, clases de yoga, arteterapia, meditación, baños tibios de flores y sesiones de terapia grupal, todas destinadas a entender lo que estás viviendo en las sesiones y a aliviar el cansancio psicológico que provocan.

Según los datos del diario, miles de personas peregrinan, igual que estos militares, a los 140 centros de retiro de ayahuasca que hay en América Latina, “donde el uso de la sustancia en contextos ceremoniales es legal o, como en Costa Rica, no está prohibido explícitamente”. Estos retiros son alternativas a los antidepresivos y otros fármacos que se recetan de forma legal. Además, “en los últimos años la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA por su sigla en inglés), ha denominado a la psilocibina, el componente psicodélico presente en los llamados ‘hongos mágicos’ y al MDMA, conocida habitualmente como éxtasis, como terapias innovadoras”, lo cual permite que los científicos empiecen a investigar estas medicinas alternativas para aplicarlas y combinarlas con el mundo de la medicación convencional.

Pero, a pesar de que cada vez la ayahuasca esté más regulada y reconocida como un método útil y científico, hay todavía muchos riesgos. Por ejemplo, la combinación con la farmacología: mezclarla con antidepresivos y medicamentos para la hipertensión pueden desencadenar episodios psicóticos serios, incluida la esquizofrenia. Y, aunque los principales retiros cuentan con reglas y protocolos médicos “muy estrictos”, asegura el artículo, “la bonanza de la ayahuasca a veces ha sido aprovechada por charlatanes y estafadores y ha sido objeto de escrutinio por casos de agresión sexual a participantes vulnerables o incapacitados”. Así que, por supuesto, si se decide tomar esta sustancia, se debe hacer con cuidado y en un lugar regulado.

Aún así, los tabúes que rodean al consumo cada vez están más extinguidos lo que permite que se controle más su uso y los centros que lo suministran, reduciendo exponencialmente cualquier tipo de riesgo y dejando solo los beneficios. Como explica el psiquiatra Matthew Johnson a The New York Times, “darle rienda suelta al cerebro en un ambiente controlado puede ayudar a que los pacientes con traumas reprimidos alcancen nuevas revelaciones. Así que el sistema médico, antes muy escéptico sobre el potencial terapéutico de los psicodélicos, ha aceptado lo que, en esencia, es una nueva área de la medicina”. Y por eso, tantas personas con heridas psicológicas, especialmente exmilitares, han optado por estas vías para no ser un número más en las crecientes estadísticas de suicidio.