Todos los autores de tiroteos masivos en EEUU comparten estas mismas obsesiones

En solo una semana ha habido dos matanzas y más de 30 muertos. Aunque Trump lo relaciona con "enfermedades mentales", hay mucho más

Esta semana se cumplen 50 años de los asesinatos de la conocida como Familia Manson. Durante este medio siglo, tal vez desde el inicio de los tiempos, expertos de todas las disciplinas han intentado averiguar qué hay detrás de la mente de alguien que piensa cada detalle para que la matanza salga sin un mínimo error. Pero desde hace unos años, un nuevo perfil de asesino está protagonizando cada vez más titulares sobre matanzas: los pistoleros que irrumpen en un espacio público y empiezan a disparar a ciegas para matar a cuanta más gente mejor.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Source: Journal of Research in Crime and Delinquency, July 2018

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Es una realidad en la que Estados Unidos está cada vez más atrapado y que el presidente Donald Trump suele vincular con las "enfermedades mentales", aunque el sesgo racista detrás de esta suposición está demostrado (como muestra la ilustración anterior) y cada vez hay más certezas de que las cualquiera se podría convertir en un asesino si se dan ciertas circunstancias a su alrededor. Solo esta semana ha habido dos tiroteos y más de 30 muertes en El Paso y en Dayton.

Desde hace dos años, un equipo del diario Los Angeles Times, ha estudiado el perfil de todos los autores de tiroteos que han dejado cuatro o más muertos en un lugar público desde 1966, además de cada uno que ha pasado en escuelas, espacios de trabajo o lugares de culto desde 1999. Es un trabajo titánico basado en datos y estadística que les ha permitido trazar una lista de cuatro características que todos ellos comparten:

1. La enorme mayoría tuvieron un trauma en la infancia y fueron expuestos a la violencia a una edad temprana. Desde el suicidio de uno de sus padres al abuso físico, violencia intrafamiliar o casos de bullying graves. El trauma les acabó provocando depresión, ansiedad, desórdenes psíquicos y hasta tendencias suicidas.

2. Casi todos sufrieron una crisis clara en los días previos al tiroteo. Por ejemplo, los que dispararon en espacios de trabajo pueden experimentado un cambio de puesto, aunque Los Angeles Times también ha detectado rupturas de relación, rechazos, etc. Muchos habían comunicado su impulso violento de alguna forma.

3. Estudiaron la estrategia de otros pistoleros similares, un guión perfecto para que alguien que se considera un marginado social consiga notoriedad pública. La mayoría se radicalizan a través de grupos que encuentran en Internet, lo que, a sus ojos, justifica su pensamiento y sus actos.

4. Suelen tener los medios (armas) para llevar a cabo su plan. En el 80% de los tiroteos en escuelas, los dueños de las armas eran los padres, mientras que en los que sucedieron en lugares de trabajo los tiradores habían obtenido sus propias armas de forma legal. El resto tienden a comprarlas en el mercado ilegal.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El artículo termina con algunas recomendaciones que para intentar evitar que este tipo de tiroteos que pueden englobarse bajo la etiqueta de "venganzas" empiecen a disminuir. Una de ellas, claro, es aumentar los esfuerzos por integrar a los sujetos que no consiguen salir de la marginalidad. Cuanto más solitarios están, más alimentan sus ansias de revancha. El artículo no dice, aunque nos aventuramos a deducirlo por los tiroteos que hemos vivido en los últimos años, que la enorme mayoría de tiroteos han sido protagonizados por hombres.

Los hombres tienen también más tendencia a las adicciones y al suicidio que las mujeres, por lo que todo nos lleva a pensar que una sociedad donde las frustraciones y los fracasos de sus miembros, también sus hombres, tengan mejor cabida acabará siendo una sociedad más segura para todos.