Tus ansias de llenar tu Instagram de stories ha cerrado el museo del Louvre

Los trabajadores del museo más importante de Francia protestaron por los efectos de los 10,2 millones de turistas que visitan el lugar cada año

Cualquiera que haya visitado el parisino Museo del Louvre recordará la cantidad de codazos, pisotones, empujones y demás impertinencias que tuvo que soportar para sacar una fotografía de un cuadro ridículamente enano: la Gioconda de Leonardo Da Vinci. Y nadie discute aquí el valor pictórico de la enigmática obra renacentista, sin embargo, lo que es una evidencia es que la masificación en el interior del museo le arruina la experiencia a cualquiera. Lo que debería ser un ejercicio de disfrute estético acaba convirtiéndose en una batalla de iPhones contra cámaras réflex.

"Debido a la adopción del derecho de retirada por una parte de los agentes de acogida y vigilancia del museo en razón de la fuerte afluencia, el Museo del Louvre estará cerrado excepcionalmente este lunes 27 de mayo", con este sorprendente mensaje los responsables de la institución anunciaban formalmente que la llegada masiva de turistas había convertido la labor del personal en poco menos que imposible. Una situación denunciada desde hacía años por el sindicato Sud Culture Solidaires recordando que “el público ha aumentado más de un 20% desde 2009” y que mientras "el recinto no deja de crecer, los efectivos no han hecho más que disminuir".

Vamos, que los trabajadores de uno de los museos más visitados del mundo —10 millones de visitantes solamente en 2018— no son capaces de controlar las avalanchas de turistas que se apiñan por hacer stories selfies con las obras de Leonardo da Vinci, Michelangelo o Velázquez, entre otros grandes genios de la pintura y la escultura. Un éxito que se explica, entre otras cosas, por la utilización del lugar como escenario de videoclips como Apes**it de Beyoncé y Jay-Z que, según algunos medios, fue decisivo en el aumento de un 25% de visitantes extranjeros entre 2017 y 2018. “La situación es insostenible”, apuntaba un comunicado sindical que sonaba más a una petición de auxilio que a una reivindicación laboral. 

Aunque todo haya quedado en algo puntual, ya que el Louvre abrió con total normalidad el 28 de mayo, el gesto simbólico de sus trabajadores debería hacernos reflexionar sobre un mundo en el que, cada vez más, perderse la oportunidad de hacer un buen story parece el peor de los pecados. Como recordaba más de un sabio de Twitter, la masificación de lugares como el Louvre o el Everest ha convertido nuestro planeta en lo más parecido a un Primark. ¿Deberíamos comenzar a plantearnos que nuestras ansias por viajar y llenar nuestras redes sociales de fotos bonitas están arruinando el mundo en el que vivimos?